30 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana

La iniciativa de @PapásBlogueros nos trae esta semana una cuestión peliaguda: La pareja tras ser padres.

Es innegable que la llegada de descendencia, altera totalmente la forma de vida de una pareja. Aunque sea una situación elegida, nuestro mundo tal y como lo conocíamos desaparece para dar paso a una nueva vida. En todos los aspectos imaginables. 

Y el aspecto sexual, que es lo primero en lo que se suele pensar, no iba a ser menos. También cambia sustancialmente, no nos vamos a engañar. Evidentemente ya no estamos solos en casa, ya no podemos campar a nuestras anchas, hay otras prioridades en las que emplear parte de nuestro tiempo y, sobre todo, en qué emplear nuestras desgastadas energías, lo cual hace que disminuya la frecuencia... Pero creo que todos estaremos de acuerdo en que, el sexo, es una de esas actividades para las que siempre se encuentra tiempo, si realmente se desea, y en contra de lo que se suele pensar, creo que se ve afectado en menor medida de lo que la llegada de descendencia afecta a otros aspectos.


Como por ejemplo: la convivencia. Esta puede llegar a hacerse complicada debido, sobre todo, a la disminución de tiempo libre. Aparte de que, de golpe, las decisiones a consensuar aumentan de forma exponencial, sobre todo en los primeros años, hay un aumento de actividades, que nos acortan los tiempos para hacer lo que antes hacíamos de una forma relajada. Eso hace aumentar el estrés y los nervios están a flor de piel más allá de lo aconsejable. Saber mantener la calma, durante esos momentos de tensión, resulta fundamental… para que siga habiendo pareja.











26 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana

Esta semana, los amigos de @PapásBlogueros nos plantean la siguiente cuestión: “El embarazo desde la perspectiva de la pareja”. O lo que es lo mismo, como lo vivió un servidor, sin barriga ni nada que llevar a cuestas y a la sombra de la embarazada…

Nuestro primer y único embarazo, lo viví con ilusión y temor por partida doble, ya que fue embarazo doble. Al final, resultó ser bastante tranquilo contra todo pronóstico, porque como todos los embarazos gemelares, fue considerado embarazo de riesgo desde el primer momento y fuimos atendidos tal y como la situación requería. Con emoción, vimos cómo crecía semana a semana la barriga con algún que otro sobresalto, producto más que nada de la inexperiencia, ya que todo lo que nos alarmaba fue considerado, a posteriori, por parte de los médicos, como algo normal en un embarazo de tales características, ya que todas las revisiones periódicas dieron un resultado totalmente normal.

En esas circunstancias todo es nuevo, y uno, desde su papel secundario, a veces sentía bastante impotencia, ya que por mucho que “estés ahí”, no puedes hacer nada más que no sea ayudarla a levantarse, como consecuencia de la dificultad para moverse a medida que aumentaba el peso de la barriga, y agarrarla de la mano cada vez que le daba la ciática… En fin, como podéis observar, nada fuera de lo común, quizás un poco más acentuado que en un embarazo normal, pero sin demasiadas complicaciones.

La ilusión y emoción, con la que observábamos a aquellos dos bultos deformar con sus movimientos la barriga por varios sitios, dieron paso también a algunos momentos de angustia, cuando veíamos que sólo uno de los dos bebés se movía. A veces, durante un buen rato, sólo uno daba señales de vida. Angustia que no desaparecía hasta que se movía el otro a fuerza de llamarle y pasar la mano por el otro lado de la barriga… Con el tiempo, nos dimos cuenta de que todo era producto de lo saltimbanqui que era el crío, que con las volteretas que daba tenía a la cría arrinconada y sin atrever a moverse….

De todo eso, va a hacer ya doce años, y no guardo muchas fotos del acontecimiento, pero sí está entre ellas la última que nos hicimos dos días antes de que los bebés vieran la luz por primera vez…




Como muchos otros embarazos de este tipo, sólo duró ocho meses, finalizando con una cesárea programada, pero eso... ya fue otra historia.



23 de enero de 2017

Esa puerta...

En este preciso momento, en cualquier lugar del mundo, un hombre estará intentando abrir una puerta. Y seguramente también una mujer esté haciendo lo mismo en otro lugar… Y digo que lo están intentando, porque no siempre se consigue…

Lo consigan o no, lo que está claro es que ambos lo intentan porque tienen alguna razón que les impulsa a hacerlo. Las razones pueden ser muy variadas y es posible, sólo posible, que algunas de esas razones sean muy distintas. Sin embargo, estoy seguro de que ambos coinciden en la razón principal que les motiva a abrir la puerta. Lo sé perfectamente. Y usted también lo sabe, aunque ni siquiera se haya parado a pensarlo. Sí, eso es, la principal razón de que ambos estén intentando abrir la puerta, es que dicha puerta está cerrada…

Coincidirá conmigo en que resulta bastante difícil intentar abrir una puerta si no está cerrada. O mejor dicho, lo que resulta difícil, si la puerta no está cerrada, es conseguir abrirla, intentarlo es bastante fácil, absurdo, pero fácil, se lo aseguro. De hecho, yo mismo, que no soy nada especial, siempre que he visto una puerta abierta, he conseguido intentar abrirla. Claro que, finalmente, sólo he conseguido abrirla un poco más de lo que ya estaba…

Ahora bien, llegados a este punto, y antes de seguir quemando inútilmente neuronas sobre el tema, deberíamos aclarar una cuestión verdaderamente importante: ¿Realmente cuando abrimos o cerramos una puerta, estamos abriendo o cerrando una puerta?...

Sí, ya lo sé, es lo que se dice, y siempre nos referimos en los términos “abrimos la puerta”, cada vez que vamos a entrar en una habitación o un edificio cualquiera. Sobre todo cuando “creemos” que la puerta está cerrada. Sin embargo… ¿es la puerta quien está cerrada… o es la habitación, o edificio cualquiera, quien está cerrado?...

Ese es el quid de la cuestión, en realidad es la habitación la que está cerrada, y la puerta, simplemente, se encuentra en una posición en la que está tapando el único hueco que hay para entrar en dicha habitación. Vale, sí, también dicha habitación o edificio cualquiera, puede tener otro hueco en forma de ventana, y usted también tendrá la alternativa de intentar entrar en la habitación por la ventana, pero para eso tendría que abrir la habitación por el hueco de la ventana. Aunque no sé porque quiere usted intentar entrar por el hueco de la ventana pudiendo entrar tranquilamente por el hueco que tapa la puerta como hace todo el mundo. Bueno, vale, si no consigue abrir la habitación por el hueco de la puerta, es lógico que intente abrirla por el hueco de la ventana, pero créame, las ventanas, por norma general, suelen abrirse… perdón, quiero decir que las habitaciones, o edificios cualesquiera, suelen abrirse por el hueco de la ventana desde dentro, y usted está fuera de la habitación, así que la única opción que tendría para abrir la habitación, o edificio cualquiera, desde fuera sería romper la ventana….¿Cómo que no está fuera de la habitación? Entonces, si está dentro de la habitación ¿para qué quiere entrar en la habitación?... ¿De verdad cree que puede entrar en la habitación estando dentro de la habitación?...


En fin, volvamos al principio… En este preciso momento, un hombre o una mujer, en cualquier lugar del mundo, intenta abrir una habitación, o edificio cualquiera, por el hueco que hay en la puerta…








18 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana. ¿Por qué quise ser padre?

Me apunto a la iniciativa bloguera descubierta en el blog de Papácangrejo, creada por @PapásBlogueros , quienes con su propuesta “El tema de la semana”, lanzan al aire una pregunta semanal para que todo aquel que quiera la recoja al vuelo,  y de manera escueta acepte responderla. Me parece una buena manera de que, poco a poco, los blogueros nos vayamos conociendo más y también, por qué no, de que todos nos vayamos conociendo un poco más a nosotros mismos, ya que, algunas de las preguntas, ni siquiera nos las hemos llegado a plantear en primera persona.

La pregunta de esta semana es: “¿Porqué quise ser padre?”

Sin lugar a dudas, una buena pregunta… Ahí va mi “escueta” respuesta:

A todo niño le preguntan alguna vez “¿qué quieres ser de mayor?”… Yo cuando era pequeño, de mayor quería ser adulto… y padre. Lo de llegar a ser adulto no sé cuándo o si podré llegar a conseguirlo, pero si he cumplido el sueño de ser padre.

¿Por qué quise ser padre? Sencillamente, porque quería poder vivir algo, que tenía la intuición de que sería algo grande. Cuando por fin lo conseguí, me di cuenta de que me equivocaba. Ser padre no era algo grande, sino que descubrí que ser padre es lo más importante que un hombre puede llegar a ser. Lo que sentí ese día, ya lo conté en este post hace algunos años. Ahora que han pasado casi doce años de aquel día, me reafirmo en mi deseo de querer ser padre. Un hombre puede llegar a ser muchas más cosas. Puede llegar a ser contable, bombero o médico… incluso presidente, pero nada es comparable a la experiencia de ser padre…

Y quise ser padre, porque siempre tuve la certeza, de que lo más bonito que uno puede hacer en su vida es crear, y nada mejor que crear una vida, aunque sólo sea de una manera un tanto secundaria,  para después darle sentido a medida que esa vida crece.  Y para mí es más que suficiente haber participado de manera secundaria en la creación de mis hijos. No necesito más, porque sólo hay algo más importante que ser padre: ser madre, notar como esa vida creada nace en su interior… Por razones obvias, nunca conseguiré llegar a ser madre, así que todo lo que mi naturaleza me permitía conseguir ya lo he alcanzado…


Ahora, ya sólo me queda disfrutar de ello día a día…







16 de enero de 2017

Hombres, Mujeres y compañía... IV

Seguimos analizando las diferentes maneras, con las que Hombres y Mujeres afrontan diferentes actividades cotidianas. Como siempre, lo haremos con carácter general y sabiendo que siempre hay excepciones excepcionales…

Existe la creencia popular, de que los Hombres  no pueden hacer dos cosas a la vez. Sin embargo, los machos humanos, no sólo pueden hacer dos cosas a la vez, si no que pueden hacer varias cosas más a la vez, y equipararse de esa manera a las mujeres. Las hembras humanas ya sabemos todos que son perfectamente capaces de combinar varias actividades a la vez con total éxito, pero los hombres, bastante más incapaces, sólo son capaces de hacerlo… mientras duermen.

Sí, ya sé que es un hallazgo sorprendente, pero el hombre, es perfectamente capaz de simultanear varias actividades al mismo tiempo que duermen, como por ejemplo, roncar, toser, caerse de la cama… e incluso soñar o hablar en sueños, y todo al mismo tiempo. Cierto es que las mujeres, no sólo pueden hacerlo también, sino que también lo hacen, así que en ese sentido no nos diferenciamos en nada los unos de las otras. Incluso ambos géneros suelen dormir con los ojos cerrados.

Ahora bien, en lo que se refiere a movilidad, el hombre tiene una dificultad añadida que superar, ya que la mujer suele pegarse a él cual mochila dominguera entorpeciendo enormemente sus posibles movimientos. La mujer, aparte de dormir, roncar, soñar y todo lo que se le ocurra, es capaz también de reptar por la cama hasta pegarse al hombre.

Da igual que éste se encuentre en el centro de la cama o, como se suele decir, en el larguero de la misma,  la mujer siempre será capaz de encontrar la manera de pegarse a él, ya sea con la intención de utilizarle como estufa,  ya sea para que no se le escape… o vaya usted a saber con qué noble intención, pero siempre consigue su propósito de atenazarle con brazos y piernas. Lo cual a veces provoca que el hombre haga una de las actividades que puede hacer mientras duerme:  intentar separarse… y caerse de la cama.

Mi experiencia personal, me ha llevado a cuestionarme seriamente, si las mujeres antes de meterse a la cama, aparte de desmaquillarse en el baño y otros menesteres femeninos, no se van también a la cocina a meter los pies un rato en la nevera. Porque me parece increíble que, alguien que ha estado con calcetines de invierno puestos, justo hasta el momento de meterse a la cama, los tenga más fríos que Juanito Oyarzábal en cualquiera de sus aventuras en el Everest, mientras que uno, que ha llevado unos calcetines similares y durante el mismo tiempo, los tiene calientes. O mejor dicho, los tenía calientes, porque en cuestión de tres nanosegundos están tan fríos que empiezas a temer que posiblemente la noche acabe con la amputación de algún dedo congelado…


En fin, si usted es hombre, sepa que por muy grande que sea la cama y por mucha manta térmica que ponga, siempre notará algo en su espalda y el frío polar adueñándose de sus calientes pies…






11 de enero de 2017

Escaleras

A veces me paro a pensar. 

Lo hago con disimulo, pocas, la verdad, porque la mayoría de las veces desvarío o divago. No, no le estoy diciendo que diga “vago”, me refiero a divago del verbo divagar, que no tiene nada que ver con el verbo vaguear. Bueno es posible que sí tenga que ver,  ya que muchos vagos tienen mucho tiempo libre y… divagan. En fin, que me estoy yendo por las ramas y voy a terminar cayéndome del árbol.

Como iba diciendo, a veces me paro a pensar, desvariar o divagar. No quiero decir que vaya andando y me pare, no, dejo lo que estoy haciendo y me paro a pensar, como hombre que soy, no puedo hacer dos cosas a la vez.  Y hoy me ha dado por desvariar acerca de una cuestión trascendental: ¿Se ha parado usted alguna vez a pensar, la cantidad de veces que ha subido por las escaleras de su casa? Yo sí. No me pregunte porqué, pero lo he hecho. 

Sí, sé que es raro. Y no sólo es raro el hecho de pararme a pensar en cuántas veces he subido por las escaleras de mi casa, sino que también es raro el hecho de pararme a pensar. Y esta vez no me he conformado con eso, sino que además, también me he parado a pensar en las veces que las he bajado. Y he llegado a la conclusión de que son las mismas. No sólo son las mismas escaleras, sino que además las he subido las mismas veces que las he bajado. Es decir, muchas. Demasiadas. Sin importar si lo he hecho deprisa o despacio, aunque seguramente las baje más rápido de lo que las subo.

 Y he llegado a esa conclusión yo solito, porque si empleamos sólo un poco de lógica, siempre que subimos unas escaleras, tarde o temprano las volvemos a bajar. Salvo que no vuelva usted a salir de casa, lo cual me parece algo bastante improbable, y por mucho que ahora se pueda comprar de casi todo sin salir de casa, siempre habrá algún motivo para que vuelva a convertirse en peatón…

Posiblemente, me dirá que usted vive en un tercer piso con ascensor. En ese caso usted no sólo no cuenta y queda excluido del juego, sino que además estoy completamente seguro de que habrá bajado las escaleras bastantes más veces de las que las ha subido. ¿Cierto o no?... Lo suponía. Pero los que vivimos en una casa de pueblo, de las de toda la vida, de las que eran el único tipo de vivienda hasta que a alguien se le ocurrió amontonar pisos unos encima de otros, y además dicha casa es una casa con dos plantas y buhardilla, tenemos la costumbre de subir siempre andando por las escaleras. Y también las bajamos andando, más que nada, porque no tenemos ascensor.

Posiblemente, me dirá que hay gente que, viviendo en una casa como la mía, si que tiene ascensor… Cierto, algunos casos hay y no voy a negar la evidencia. Pero no me negará, que dicha gente, es gente asquerosamente rica. O escandalosamente rica, llámelo como quiera. Y además, asquerosamente vaga. O escandalosamente vaga. Y yo no soy escandalosamente vago. Un poco quizás sí, eso dice mi mujer, pero no soy escandalosamente vago. Tampoco asquerosamente vago. Ni tampoco soy asquerosamente rico. Ni escandalosamente rico. Bueno, es posible y sólo posible, que esté rico de sabor, pero vaya usted a saber, nunca me ha dado por probarme y… ¡OIGA!... pero… ¿QUÉ HACE?... ¡no me muerda cacho animal!, que sólo tengo dos brazos, y además sólo tengo uno derecho…


En fin, suba las veces que suba las escaleras, y las baje las veces que las baje, hágalo con cuidado no vaya a caerse, piense en la cantidad de veces que le quedan por subirlas… o bajarlas. 






8 de enero de 2017

El Vídeo del Domingo

Hoy dedicaré esta sección a mis amigos de Numabela.

Un grupo, que poco a poco, va cumpliendo sueños a base de esfuerzo y trabajo. Su álbum "Libertad en construcción" es para enmarcar. El vídeo de hoy presenta a la canción que da título al disco y si no lo habéis visto ni escuchado en los 40 principales, es básicamente porque para que dicha cadena te haga caso, hay que tener un padrino que vaya abriendo paso a base de pasta gansa....

Con la colaboración de Jesús Cifuentes (Celtas Cortos), y rodeados de paisajes cántabros, Folk and Roll puro, ahí lo tenéis para disfrutarlo...







5 de enero de 2017

Dichos

Existen dichos que son bastante curiosos. 

Y no son curiosos porque tengan curiosidad, sino porque consiguen despertar la curiosidad de uno. O de dos. O de mucha gente, vaya usted a saber. También puede darse el caso de que esos dichos sean curiosos, es posible, pero ese es un dato que carece de importancia. O si lo prefiere, que su importancia es relativa. Bastante relativa diría yo, si tenemos en cuenta que de lo que vamos a hablar es de la curiosidad que esos dichos despiertan en uno. O en dos, o en mucha gente, vamos…

Como por ejemplo, el dicho “empezar  el año con buen pie…”. Qué quiere que le diga, pero yo, que a mis taytantos aún desconozco si tengo un buen pie o un mal pie, o un buen pie y un mal pie, siempre he procurado empezar el año con los dos pies y a poder ser cada uno en su sitio. Sé que tengo dos pies porque también tengo ojos y puedo verlos cada vez que miro hacia abajo, y que, al menos aparentemente, uno está situado al final de la pierna derecha y el otro al final de la pierna izquierda, pero no sabría decirle si los dos son igual de buenos…  o igualmente malos. Que ambos huelen igual de mal… o bien, porque la cualidad del olor también es relativa… Ambos son de los que dejan huella y qué quiere que le diga, son míos y los quiero a ambos por igual, de la misma manera que un padre quiere a sus dos hijos por igual…

Además, tengo la mala costumbre de ser despistado. O bastante despistado, por lo que nunca he podido llegar a percibir si uno de ellos es más gamberrete que el otro. Si así fuera, el otro, el supuestamente bueno, nunca se ha chivado de su homólogo, en cuyo caso sería totalmente cómplice de las fechorías del malo y, bueno, eso no dice demasiado en su favor… Claro que, también podría darse el caso de que el pie bueno, fuera cual fuese de ellos, también tuviera la mala costumbre de ser tan despistado como yo… y no enterarse de dichas fechorías. Vaya usted a saber, el caso es que se me antoja bastante difícil, por no decir imposible, saber cuál de los dos es el bueno. O si lo prefiere, cuál de los dos es mejor que el otro…




También despierta la curiosidad de uno, o de dos… o de mucha gente, el mundialmente conocido dicho “renovarse o morir”…, dicho que, todo sea dicho de paso, se suele pronunciar cada vez que se empieza una etapa nueva... o un año nuevo. Yo no soy muy listo. De hecho no crea que sea ni siquiera simplemente listo, pero tendría que ser muy tonto para, de entre esas dos opciones elegir la segunda. Y yo no soy muy tonto. Ni siquiera soy simplemente tonto, así que tal y como puede suponer, elegiría la primera: “renovarse”, o más exactamente, renovarme. Renovarse lo hará usted, si es que ha elegido renovarse, si no… qué tonto es usted. O si lo prefiere, qué pocas ganas de vivir tiene… Pero yo, que como ya he dicho antes, aunque soy despistado no soy tonto y ni mucho menos muy tonto, he elegido renovarme.


Renovarse exteriormente no es difícil. Es más, diría que es una tarea que resulta incluso fácil, basta una mano de pintura para tener una imagen completamente diferente. Ahora bien, interiormente va a ser un poco más complicado, y salvo transfusión de sangre con lobotomía incluida, lo cual va a ser bastante complicado teniendo en cuenta los recortes en sanidad, y descartando la sanidad privada porque, no sé si se lo habré comentado alguna vez, pero también tengo la mala costumbre de ser pobre, creo que voy a seguir tal y como estaba antes de renovarme. Y para corroborarlo, basta con leer la cantidad de estupideces que sigo escribiendo…