12 de abril de 2010

Me levanto...o no...

Dicen por ahí, que se hace difícil levantarse todos los días de la cama para ir a trabajar. No crea, al menos físicamente, no es más difícil que levantarse para vaguear.

Vale que algunas acciones, en caso de levantarnos para vaguear, no realizaríamos y que sí son imprescindibles para levantarse para trabajar. Quien trabaje fuera de casa, porque el que trabaje en casa no está muy lejos de levantarse para vaguear, y con ello no quiero decir que quien trabaje en casa vaguea, no, pero en lo que respecta al acto de levantarse para ir a trabajar se le parece bastante.

Personalmente, yo empiezo por abrir los ojos, duermo con ellos cerrados, es una costumbre que tengo desde pequeño, qué quiere que le diga, y lo hago siempre justo antes de levantarme, lo contrario sería tan contraproducente como peligroso, y lo hago independientemente de que me levante para trabajar o para vaguear. Después apago el despertador, o lo intento, pero eso no lo haría si me levantara para vaguear, salvo que se me haya olvidado desconectarle, como me pasa algún domingo, pero en esos casos lo hago incluso sin abrir los ojos, y por supuesto no hago ni el más mínimo amago de levantarme.

Tras abrir los ojos, sólo hay que poner el pie derecho en el suelo, pero sólo si duerme en el lado derecho de la cama, si duerme en el lado izquierdo ni lo intente, es mejor que ponga en el suelo el pie izquierdo, incluso aunque sea supersticioso. Si por algún motivo no sabe en qué lado de la cama ha dormido, no se preocupe, mire a su alrededor, recuerde que ya tiene abiertos los ojos, que aunque estén aún llenos de legañas, sirven para ver e interpretar cual es su situación física, de la situación mental olvídese de momento.

Una vez puesto en pie, ni siquiera tiene que pensar, sólo tiene que dejarse guiar por su vejiga, ella le guiará sabiamente incluso aunque tuviera los ojos cerrados, aunque es conveniente tenerlos abiertos si no quiere que su siguiente paso sea coger una fregona. Tras la descarga, tiene ante sí varias opciones. Dejarse guiar por su estómago y romper con su ayuno, o continuar en el cuarto de baño y darse una buena ducha. Yo le aconsejaría que desayune primero, la imagen que se encontrará cuando se mire al espejo es mejor recibirla con el estómago lleno, así tendrá dentro del estómago algo que vomitar.

Después de resolver el conflicto desayuno-ducha/ducha-desayuno, y no antes, ya puede proceder a vestirse con la ropa que usted quiera, si es suya mejor porque así no le quedará grande o pequeña. Y digo después porque sería bastante fastidioso tener que volver a desnudarse para darse una ducha cuando ya estaba desnudo justo antes de vestirse. Claro que si usted es naturista sólo tendrá que vestirse si trabaja fuera de casa, aunque si es naturista, seguramente se habrá buscado un trabajo que pueda llevar a cabo en un lugar donde no le detengan por escándalo público, ni por escándalo púbico, así que se puede saltar el paso de vestirse.

Si trabaja en casa, ya puede empezar a hacer lo que sea que haga en su jornada laboral. Bueno, si, si lo desea puede antes ver las noticias, total nadie lo vigila y yo no voy a chivarme, pero si trabaja usted fuera… eso presenta una multitud de variantes que le generarán un montón de dudas, que yo, en próximas entradas le ayudaré a resolver con total eficacia…

¿Ve cómo no era tan difícil levantarse de la cama?


9 de abril de 2010

Crónicas Chumbescas. Capítulo 5.




Aquel verano del año 55 fue tremendamente caluroso. Higor y sus compinches se pasaban el día sudando la gota gorda y buscando la manera de refrescarse, ya que su presupuesto no les daba para tanto refresco y ni mucho menos para comprar un aparato de aire acondicionado.

Por si eso fuera poco, vivir en un pueblo tan pequeño les dificultaba bastante la labor de afanarse bebida fresca. En el pueblo sólo había dos establecimientos que comerciaran con bebidas y sus dueños ya estaban sobre aviso. En realidad eran tres comercios si contamos la farmacia, pero después de media docena de diarreas y vómitos convulsivos, decidieron descartarla como suministrador de bebidas, porque además, casi todos los embases farmacéuticos eran de plástico y no servían para estrellarlos contra las piedras.

Sólo les quedaba, como medio de refresco, un pequeño lago que distaba medio kilómetro de su casita del árbol. Pero procuraban no abusar de él, ya que el primer día que se bañaron en él, salieron del agua, completamente mojados y… arrugados. Así y todo, junto con la sombra que encontraban dentro de su casita, aquel lago, rodeado de árboles y arbustos, era un lugar ideal para pasar las horas muertas, y también para recolectar nuevos bichos para su zoológico que sustituyeran a los fugitivos que se les habían escapado. Por supuesto que para entonces ya habían construido una jaula más acorde para albergarlos.



Precisamente, Jason y Higor se habían entregado a esa tarea la tarde en que sus vidas cambiaron para siempre. John y Micky no les acompañaron porque habían sido reclutados por sus padres para ayudarles en la laboriosa tarea de la siembra, y aunque nunca supieron con exactitud qué demonios sembraban, ellos lo hacían con total devoción mientras charlaban animadamente con el espantapájaros.

Mientras tanto, Jason propuso a Higor una competición de cazar bichos por separado, quedando en encontrarse en la casita del árbol a última hora de la tarde. Higor decidió ir a buscarlos cerca del lago, lugar más que prolífero de bichos de cuatro patas y… bueno, también de dos. A unos cien metros del lago divisó una enorme rana apareciendo y desapareciendo sobre la hierba con unos enormes saltos. Tal ejemplar llamó poderosamente la atención de Higor, que sin pensarlo empezó a seguirla, no sin dificultad, ya que, como siempre, tropezó y cayó varias veces al suelo en su intento por seguirla. Cada vez se acercaba más a los árboles que rodeaban el lago y pensó que tenía que atraparla antes de que llegara a la orilla. Ya se acercaban a la orilla cuando tropezó y cayó por enésima vez, cuando al levantar la vista vio algo que le dejó perplejo…

Junto a la orilla, dándole la espalda, observó una silueta completamente desconocida para él. Una chica se quitaba la ropa ceremoniosamente hasta quedarse con un pequeño bikini, de los más pequeños de la época, o sea, bastante grande para lo que nosotros entendemos ahora como bikini, pero diminuto para la época. Higor ni siquiera sabía que existían ese tipo de prendas, así que se quedó lo más extrañado que uno se puede extrañar. Sabía de la existencia de las chicas, más que nada porque pensaba que su madre debía de haber sido una de ellas hacía años, pero nunca había visto una de cerca, ni siquiera pensaba que las niñas de su edad que iban a su colegio, fueran de la misma especie que aquella hermosura.

Como pudo se ocultó tras un arbusto para observarla. No supo intuir la edad que tenía, pero por lo desarrollada que estaba, dedujo que era mayor que él. Su pelo rubio se enroscaba en una graciosa trenza que le llegaba hasta la cintura. Cuando la chica se dio la vuelta para ordenar su ropa en el suelo, Higor, desde su escondite tras aquel arbusto, se fijó en su rostro, tremendamente angelical, pero rápidamente bajó sus ojos hasta los dos bultos que la chica tenía en el pecho, e irremediablemente, su nerviosismo hizo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo provocando un pequeño alboroto.

La chica, sin más, se acercó lentamente hacia el arbusto. Higor dudó entre echarse a correr o echarse a temblar, optando finalmente por esto último, más que nada porque estaba seguro de que si echaba a correr, con toda seguridad se caería y no serviría de nada, así que pensó que era mejor hacer el ridículo quedándose quieto donde estaba. Nunca antes había hablado con una chica de esa edad, bueno, en realidad de ninguna edad, y le asustaba la posibilidad de que la chica saliera corriendo al verle.

Continuará…

5 de abril de 2010

Sangre fría.

Hay momentos y situaciones en la vida, en los que un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer. Y además, tiene que hacerlo sin dudar ni un solo segundo, porque en caso de duda, el desenlace puede ser fatal. Son situaciones desesperadas, que requieren medidas desesperadas como única solución. Y no todo el mundo es capaz de mantener la cabeza fría en situaciones límite.

Yo sí, y no es por presumir de nada, pero cuando uno se encuentra entre la espada y la pared, y se necesita mantener la calma, y pensar y actuar con rapidez… uno responde con garantías. Como en aquella situación en la que me vi envuelto hace ya unos cuantos años, y de la que afortunadamente conseguí desenvolverme (luego explicaré porqué fue tan importante tal desenvolvimiento)…

El hecho en concreto sucedió una calurosa tarde de verano. Bueno, como muchos otros hechos, el verano es muy largo y da para mucho, claro que el hecho en sí podría haber ocurrido en otra época del año con desenlace similar, aunque es cierto que el calor reinante pudo tener trascendencia en el desencadenamiento del hecho… creo que me he perdido… En fin, como iba diciendo, era verano, de eso me acuerdo porque hacía demasiado calor para ser invierno, y aunque podría haber sido primavera, que a veces en primavera también hace calor…, que no!!, que he dicho que era verano y punto.

El caso es que yo iba conduciendo en el coche, si, en el asiento delantero izquierdo, porque hacerlo en España, en un coche español en cualquier otro de los asientos del coche habría sido un poco difícil, porque no estaba en Inglaterra… Yo me encontraba sudando la gota gorda, o sea, mucho. A mi lado, a mi derecha, se encontraba la que hoy, y a pesar de lo que pasó ese día, es mi mujer, y en la parte de atrás iba su hermana, la que hoy es mi cuñada. Los tres escuchábamos música, en la radio del coche por supuesto, y estábamos parados como consecuencia de uno de esos atascos que sabes donde empieza pero no dónde termina.

De repente, y sin previo aviso, se oye un pequeño ruidito. Al principio lo confundo con algún sonido de los muchos que emitía la radio, pero se vuelve a repetir y empiezo a pensar que algo va mal. En ese preciso instante nos encontrábamos parados. Gotas de sudor resbalaban por mi frente y la sensación de agobio era sofocante. Empecé a sospechar cual era la verdadera procedencia del ruidito en cuestión, y sin más preámbulos y con total tranquilidad, miré a derecha e izquierda buscando una posible solución. Mi instinto me decía que debía de actuar con rapidez si quería salvar el tipo. Se repitió el ruidito y salté como un resorte.

Hice lo que la situación requería en ese momento. Puse punto muerto, eché el freno de mano, me solté el cinturón, y salí del coche a la velocidad del rayo ante el estupor de mis acompañantes, que me miraban atónitas cruzar por delante del coche en dirección a la acera, para hacer sabe Dios qué… Pero yo tenía muy claro cuál era mi objetivo, y sin pensarlo entré casi corriendo al bar más cercano, más que nada porque no podía ir más deprisa, en donde, sin ni siquiera pararme a saludar al camarero, me introduje en ese lugar tan maravilloso donde hace fuerza un cojo y se caga hasta el más valeroso…

Ya dentro, y sin perder el tiempo en echar el cerrojo, me desenvolví rápidamente (aquí es donde cobra importancia el antes citado “desenvolvimiento”) y afortunadamente, porque si se me llega a trabar la cremallera habría soltado el lastre de una manera bastante inconveniente. Todo duró un suspiro, y en apenas minuto y medio salía del bar después de haberle dicho al camarero “lo siento, era una emergencia”… aún hoy no sé porqué se reía tanto…, como tampoco entiendo de qué se reían mis acompañantes cuando me subí tranquilamente en el coche, metí primera para seguir al coche que aún tenía delante, y esbocé un escueto “casi me cago…”

Moraleja: “Mantener la calma, es una manera como otra cualquiera, de seguir estando limpio.”




2 de abril de 2010

El P.S.A.S.

Hace ahora más o menos un año, llegó a mis oídos una increíble noticia. La existencia de una señorita de 24 años de edad, y cuyas iniciales son S.C., que sufre uno de los síndromes más extraños e “insufribles” que se conocen, y que viene a corroborar la idea de que todo aquel que crea que lo ha visto todo, se equivoca una vez más.

Nuestra protagonista sufre el síndrome conocido, por quienes lo conocen, como P.S.A.S. (Permanent Sexual Arousal Syndrome) o en castellano S.E.P. (Síndrome de Excitación Permanente). Según la patología de este síndrome, quien lo padece es capaz de “sufrir” hasta doscientos, si, han leído bien, doscientos orgasmos diarios, y son capaces de excitarse, sexualmente hablando, con el simple hecho de que se les pose una mosca en el hombro. Desde que conocí la noticia, he intentado sin descanso entrevistar a tan peculiar mujer, y hoy, por fin, la tengo delante de mi herramienta, quiero decir… micrófono.

Aparentemente es una mujer que pasa desapercibida, lo cual demuestra que no hace falta ser Pamela Anderson para estar continuamente excitada, y cuando la tienes cerca te das cuenta de que… pasa completamente desapercibida, hasta el punto de que no la reconocí hasta que pasó por mi lado gimiendo acompasadamente. Me presenté e iniciamos la siguiente conversación:

Yo: Mucho gusto-le extiendo la mano y me la estrecha.

S.C.: Encantadaaaarrgggg!!...aahhh!!

La miro perplejo y ella entorna los ojos hacia el suelo.

S.C.: Lo siento mucho, no puedo evitarloooohhh!!...mmmmm…aahhh!!....ya, ya está.

Yo: No se preocupe, usted misma, yo haré como que no ha pasado nada.

S.C: Se lo agradezco, la mayoría de la gente se ríe de mí…uummmm…manera de vidaaaaaahhhhh!!!

El pelo se la empieza a alborotar con sus movimientos de cabeza y una de sus piernas empieza a convulsionarse, así que le ofrezco sentarse en un banco. Intento ahuyentar a algunos viandantes fisgones, que se han parado a ver el espectáculo, sin tener ningún éxito.

Yo: ¿Siempre le pasa esto?

S.C.: ¿Que la gente me mire?

Yo: No, orgasmar sin control.

S.C.: Sí, a veces no dura tantooooohhhh…pero otras…uuummm…no puedo paraaarrrhhhhh!!!!....(se sale disparado un zapato de tanto mover la pierna e impacta en la nariz de uno de los fisgones, que a pesar de todo ni se inmuta…), sobre todo cuaaaannngggg…do llevo puestos pantalones justoooooossssshhhh…uuummmm…

Yo: Ya, ya veo… Pues es usted envidiada por todas las mujeres frígidas…

S.C.: Pues yo esto no se lo deseooooohhhhh a nadie, ni si quieraaaahhhhh… a una monjaaaaahhhh…uuuummmm…. Estoy harta de que me miren los hooooohhhh… hombres con deseo y lujuriaaaaaaahhhhhh…uuummmm…Dios mío…

Yo: Tranquila, disfrútelo usted que puede.

S.C.: Gracias, aunque la mayoría de los orgasmooooooohhhhhhhss no los puedo disfrutar por cansancioooooohhhhh…, y se quedan en orgasmitoooooohhhhhhhsssss.

Yo: Si, si ya se nota…

S.C.: Lo siento muchooooooohhhhhh…pero creo que me tengo que cambiar otra vez de aaaaaaahhhhhhhhh… de ropa…uuummmm… ay madre miaaaaaahhhhhhh

Yo: Sí, como quiera, no quería decirla nada para no incomodarla, pero con tanta gente alrededor no hay quien se ponga…, quiero decir no hay quien se concentre en usted…, quiero decir en la entrevista…

S.C.: Si quiere otro día seguimooooooooohhhhhhss, cuando me suban la dooooooohhhhhsis…uuuummmm…..aaahhhh!!! de la medicación…ufffffffff….aaaaaaaahhhhhhmmmmmm…

Yo: De acuerdo, a ver si otro día estamos más relajados… Le daría un pañuelo de papel, pero el último se lo he dado al señor del jersey rojo…

S.C.: No se preocupe, uso bragas de usar y tirar…

Y sin más… se fue, llevando tras de sí a una comitiva de fisgones, que no perdían detalle de cómo la pobre mujer iba haciendo eses y se detenía cada cinco metros apretando las piernas… Pero a mí no me engaña… estoy seguro de que fingía… muy bien pero fingía…


23 de marzo de 2010

Con el sudor de...

Se abre un ascensor, un hombre entra en él y se gira mirando al exterior. Segundos después entra una mujer, se coloca en la misma posición… y se cierra la puerta. Inician una conversación trivial…

Aparentemente no ha sucedido nada fuera de lo normal, pero he visto películas pornográficas que comienzan con alguna escena como esa. Las películas de ese género son así de simples, y tengo la sensación de que quienes viven de tal industria, sudar lo que se dice sudar, sudan poco. Bueno, los actores si que sudan aunque estén “actuando” en el polo norte, rápidamente se acaloran y les sobra toda la ropa…

Yo no soy un consumidor habitual de dicha industria, (y si lo fuera tampoco iba a reconocerlo, ¿o usted si lo haría?...), pero alguna que otra he visto, hasta que he podido aguantar sin… dormirme. Y tengo que reconocer, que los protagonistas le ponen cuerpo y alma a la situación, pero eso a veces no es suficiente…

Siempre he pensado, que los guionistas de tal género cinematográfico, no tienen mucha imaginación. Es más, creo que no tienen ninguna imaginación. No voy a descubrir ahora que los diálogos que adornan las diferentes escenas, aparte de ser escuetos, se repiten hasta la saciedad durante todos los “actos” de la obra. Pero en los prolegómenos, basta con que se dediquen un “buenos días”. Es así de inesperado e instintivo. Sólo con mirarse, se caen bien y congenian de tal manera que se ponen a copular como posesos, sin ni siquiera pararse a pensar que con tal vaivén se pueden cargar el ascensor.

Los coreógrafos que diseñan las escenas tienen que pensar un poco más, pero sólo un poquito más que sus colegas, ya que a pesar de disponer de todo un Kamasutra de posturas, se conforman con hacer coreografías de unas pocas posiciones. Eso si, siempre eligen las que visualmente nos dejan unos bailes más que aceptables, y que, además, permiten una mejor maniobrabilidad al cámara de turno para que pueda conseguir un buen primer plano de… la escena.

El director lo único que hace es estar sentado en una silla viendo como actúan los actores, y eso no es lo único positivo que tiene su ocupación, ya que de vez en cuando debe corregir e instruir a los actores, lo cual implica algún que otro manoseo. Además, siempre tienen el poder de elegir a los actores. Bueno, lo que en realidad es una ventaja es poder elegir a las actrices, a los actores seguramente les elijan a dedo. Pero a ellas, estoy seguro de que son sometidas a horas y horas de duros castings, en los que tienen que interpretar escenas en solitario ante la atenta mirada del sufrido director…

Pero si hay alguien de este mundillo que, sin lugar a dudas, es ampliamente afortunado en comparación con el resto del mundo del celuloide, y ese no es otro que el encargado de vestuario. Es como ser el sastre de Tarzán. No creo que ningún profesional de este sector haya tenido nunca ni una sola crítica, porque su labor pasa completamente desapercibida para el porno-seguidor poco observador, es decir, casi todos. Y es que hay que ser muy, muy observador, para llegar a apreciar si el modelito que lleva puesto la maciza de turno está bien conjuntado con la escena, en tan sólo unos ocho segundos y medio que le dura puesto. De la ropa interior, ni hablo, ya que es tan pequeña que ni se ve, y aunque se viera ¿quién se iba a fijar en ella? (en la ropa digo, de la maciza seguro que podemos incluso adivinar si la han operado de amigdalitis).

En fin, no puedo seguir desmembrando este fascinante mundillo porque… apenas veo este tipo de películas, porque, no sé si lo he dicho ya, pero no soy consumidor habitual de este tipo de cine. Que quede claro este último punto, porque después la gente lo malinterpreta y surgen suspicacias y comentarios de todo tipo, que yo aceptaría de buen grado si fuera el caso, pero como no lo es, que no se si lo he dicho ya…

Terminando, que es gerundio, que cada uno se gane el pan con el sudor de lo que pueda, que es tan lícito como un código de barras…

20 de marzo de 2010

Diario de Champions. Cap.5

A partir de ahora, todos los artículos relacionados con éste tema en particular, y deportivos en general, tendrán su propio espacio en un nuevo blog.

El blog, que nace hoy, se titula "Chamartín", y allí podéis encontrar todo lo que escriba relacionado con dichos temas. Allí os espero.

Saludos cordiales.

19 de marzo de 2010

No se lo pierdan.

Debo de advertirles, y el que avisa no es traidor si no todo lo contrario, de que en conmemoración al “Día del Padre”, ha sido inaugurado un nuevo blog, o lo que quiera que sea, con el título “Retrosexuales Unidos”.


Con un título como ese y como se pueden imaginar, es un blog escrito por retrosexuales convencidos, en el que, por ser uno más de ellos, voy a participar activamente sin ninguna reserva, y cuyo contenido nos demostrará una vez más que en la vida tiene que haber de todo. Estamos convencidos de que lo que allí van a poder leer dará que hablar, aunque aún no sabemos, si merecerá la pena que la gente hable sobre ello, o si será mejor que se calle lo que piense.

En fin, como seguramente les importará un carajo lo que están leyendo, no les incordio más con palabrería barata y les invito a que se aventuren a asomar la cabeza por dicho blog. Nada más. Un saludo a todos…

¿Cómo..? ¿Qué se me olvida el qué…?

¡¡¡Ah!!! Que ponga el link… Sí, si, ahora mismo, caray que despiste mas despistado… Por favor, si desea visitar el blog “Retrosexuales Unidos” , pinche aquí .

Espero que no se arrepientan...

5 de marzo de 2010

Cronicas Chumbescas, Capítulo 4

(Capítulos anteriores).

A mediados de los cincuenta, concretamente en 1955 (sí, justo en medio), para los chicos de 11 años, no había demasiadas ocupaciones en las que perder el tiempo en el que no estaban en la escuela. Higor y sus tres compañeros tenían otro denominador común: la ocupación de sus padres. Todos ellos eran granjeros y vivían en las afueras del pueblo. Eso propició que la mayor parte de su tiempo libre, lo pasaran correteando por los prados y subiéndose a los árboles de los alrededores.

Uno de esos árboles, un enorme y centenario roble, que se alzaba plantado unos metros detrás del cobertizo de la granja de Higor, les inspiró para construir sobre sus grandes ramas una casita donde reunirse a hacer sabe Dios qué, y donde recluirse de los demás niños que siempre les estaban haciendo diferentes trastadas. Decían los más viejos del lugar, que aquel árbol llevaba allí plantado desde la Guerra de la Independencia. Por supuesto, ninguno de ellos estuvo allí para verlo, así que no les hacían demasiado caso.

Fueron muchas las horas que emplearon para construir su “casita del árbol” como después la bautizaron, y muchas las cajas que tuvieron que robar en la tienda de Bob el tendero, de las que se proveían para sacar las tablas necesarias para el armazón de la caseta. El pobre Bob, aún sigue buscando a los culpables 55 años después… Por supuesto que después de tantos años ni siquiera el CSI ha sido capaz de recopilar ninguna prueba incriminatoria contra nadie del pueblo.

Jason se encargó de hacer el diseño de la casita del árbol, lo cual explica el exagerado toque rústico de la constitución de dicha casita, más que nada porque Jason era muy rústico y aplicaba a todo lo que hacía su sello personal e intransferible. La decoración interior… eso fue otra historia. El encargado de decorar la casita del árbol, fue Micky, como no podía ser de otra manera, dado que era el único de los cuatro lo suficientemente refinado y con el buen gusto necesario como para llevarlo a cabo. Claro que quien conociera a los cuatro inseparables y viera la decoración interior, nunca habría podido suponer que tal tarea la había desempeñado alguno de ellos.


John, por su parte, fue el encargado de idear la manera de subir a la casita y, dada su escasa capacidad imaginativa para crear cualquier cosa, tomó la decisión de agenciarse una escalera que su padre usaba para subir al pajar. El pobre padre de John, aún sigue buscando la escalera y nunca supo a dónde fue a parar tal instrumento. Claro que tampoco le importó demasiado, su gran fortaleza física le permitió durante años izarse a pulso con una cuerda, instalada allí por él mismo para tal menester. Como se puede apreciar, la falta de imaginación de John tenía mucho que ver con sus genes…

Higor, que sí que tenía imaginación, aunque bien es cierto que dicha imaginación era un tanto abstracta, convenció a sus compañeros para que le dejaran construir una jaula que albergara en su interior a la multitud de bichos que habían ido cazando en sus correrías campestres. Entre ellos, destacaban 4 lagartijas, 3 grillos nordistas, 5 escarabajos peloteros rallados y 2 caracoles fugaces. Se esmeró como nunca lo había hecho y el resultado fue espectacular. Recibió muchas felicitaciones de sus compañeros por tal obra de arte. El mismo día que terminaron todos los trabajos en la construcción de la casita, Higor se presentó con la espectacular jaula. Dejaron instalado en la jaula su pequeño zoológico y se fueron a sus casas muy alegres y contentos por todo lo que habían hecho.

A la mañana siguiente, cuando iban a declarar inaugurada la casita, observaron aterrorizados, que la jaula…estaba vacía. Higor no había caído en el insignificante detalle, de que la separación de los barrotes no era la adecuada, y… allí ya no estaban esperándoles ni los caracoles fugaces… Despues de llevarse semejante decepción, decidieron que lo mejor era que Higor siguiera haciendo lo que mejor sabía hacer, es decir, limitarse a observar el paisaje, sin hablar por supuesto.

La casita del árbol, aparte de servirles como lugar de reunión, le sirvió a Higor para aumentar considerablemente su número de accidentes domésticos, ya que su conocida falta de coordinación de movimientos, no le facilitaba en nada la labor de subir por aquella estrecha escalera hasta donde se encontraba la caseta (aproximadamente dos metros de altura), y era rara la semana que no visitaba el hospital con algún miembro móvil de su cuerpo roto.

A partir de aquel momento, nuestros protagonistas se dedicaron en cuerpo y alma a disfrutar del campo y de su lugar de encuentro encima de aquel árbol, ajenos al resto del mundo, o mejor dicho, ajenos al resto del pueblo, hasta que… descubrieron un mundo que hasta entonces les había sido completamente indiferente, y que por una mera casualidad entró en sus vidas, no sabemos si para mejorarlas o para empeorarlas, pero si para cambiarlas completamente. Me estoy refiriendo, al maravilloso mundo de las niñas… Pero eso será en el siguiente capítulo.

26 de febrero de 2010

Mi anillo.

El otro día, vi en la televisión, más concretamente en la primera cadena, un programa de investigación titulado “No se me caen los anillos”. Trataba dicho programa, de un seguimiento a varias personas, que tras perder su trabajo de muchos años, se veían obligados a trabajar en cualquier trabajo que les surgiera para poder salir adelante. Un tema, que visto así por encima, es capaz de solidarizarnos con los protagonistas, y hacernos llegar a pensar en lo buenos y humildes que son.

Pero al mismo tiempo, si lo analizamos en profundidad, los casos expuestos en el programa, pueden llegar a indignarnos con una facilidad pasmosa, al menos en mi caso han conseguido indignarme.

Primero, porque son capaces de hablar de que no se les caen los anillos, por tener que desempeñar ciertos trabajos. Y yo pregunto: ¿Acaso tales trabajos, no son dignos? ¿Tan humillantes son esos trabajos, que merecen la expresión “no se me caen los anillos”?. Cualquiera diría que las personas que desempeñan esos trabajos habitualmente no llevan anillos porque ya se les han caído… o porque son peores que ellos y tienen un trabajo para seres inferiores…

No quiero meterme con dichos protagonistas, porque simplemente hacen eso, intentar salir adelante como pueden y seguramente ellos no han pedido el protagonismo que les han dado, ni tampoco han puesto el título al programa, pero si con aquellos que les han puesto delante de una cámara para hacerlos parecer héroes, cuando lo que en realidad han conseguido, ha sido ponerlos en evidencia rozando la vergüenza pública.

Porque entre otras lindezas por el estilo, los protagonistas eran interrogados acerca de lo que ganaban en sus anteriores trabajos. Así, pudimos ver como un constructor, un agente inmobiliario y un empleado de aeropuerto, reconocían que durante muchos años, sus ingresos mensuales habían superado los 5.000 y 6.000 euros… Sí, durante muchos años… y ahora se quejan de que no ganan lo suficiente… Hubo más casos, expongo estos tres porque fueron los más llamativos de los cinco expuestos en el programa. Yo no puedo ni imaginarme, lo que sería tener un sueldo de 5.000 euros al mes, ni siquiera la mitad, durante 20 años, me habría dado con un canto en los dientes si lo hubiera ganado un par de meses tan sólo.

Reconocían, a su vez, haber vivido durante todos esos años una vida de lujo y despilfarro, uno había tenido tres pisos, otro una mansión con piscina, y el otro una casa que… mejor me callo…. Ahora en cambio, tienen que “luchar” con unos empleos como el de taxista, basurero y camarero, con unos sueldos que son, para ellos, ridículos e insuficientes para hacer frente al ritmo de vida al que estaban acostumbrados. Al menos ellos, durante 15 o 20 años (algunos más) han podido vivir entre el lujo y la abundancia.
La situación tiene dos lecturas. Una, la ridícula heroicidad que han querido demostrar los guionistas del programa. Otra, la indignación causada en mucha gente, que vive o ha vivido en esa misma situación desde que tiene uso de razón, sin que por ello se le considere un héroe.

Señores guionistas, si lo que querían era demostrarnos que mucha gente que vivía de puta madre ahora ya no vive tan bien, lo han conseguido, pero deberían ser más prudentes a la hora de mostrarnos las “desgracias” de algunas personas y pensar con un poco más de juicio, cómo va a acoger tal desgracia quien ya lleva sumergido en ella muchos años, porque algunas cosas hieren la sensibilidad de quien lo está sufriendo. Desde luego que es una pena perder tu trabajo de toda la vida y tener que pasar el mes con un sueldo de poco más de mil euros, pero ¿y los que llevan así toda la vida?

¿A nosotros se nos caerían los anillos? Os aseguro que a mi, el único que llevo… sigue en su sitio.

22 de febrero de 2010

Aquel Día

Hoy es un día señalado. Hoy, hace 5 años, sucedió algo que cambió mi vida para siempre. Algo que ya relaté en mi post titulado “Aquel día”, y que hoy quiero reeditar para recordarlo una vez más…y para que lo puedan leer todos aquellos que no lo leyeron en su día.



Aquel día.....

Nevaba. Aunque no había nevado en todo el invierno, el día antes por la tarde, empezó a nevar, como si la nieve no quisiera perderse el acontecimiento, e hiciera acto de presencia, para anunciar un día inolvidable.

Nos despedimos, y te dejé en el hospital, sabiendo los dos, que ésa noche era la última. Sabiendo que al día siguiente, todo llegaría a su fin. Te quedaste allí, echada en la cama intranquila, con el temor de que al día siguiente, el día tan esperado por los dos, yo no llegara a tiempo por culpa de la nieve. Y yo me fui nervioso, por el mismo motivo, pero me fui porque así lo habíamos decidido.

Cuando llegué a casa me invadió la soledad. El silencio era sobrecogedor, y sólo por inercia como un autómata, cené y me senté a ver la tele. Pero miraba y no la veía, mi mente estaba contigo, intentando averiguar cómo te sentías, e intentando adivinar cómo sería el día siguiente, aquel que llevábamos tanto tiempo esperando.

Cuando me acosté, tu imagen tendida en aquella cama del hospital se asomó a mi pensamiento una y otra vez, mientras me repetía a mí mismo que tenía que dormir y descansar para poder afrontar un día cargado de emociones. Tardé mucho en dormirme, pero dio igual, el despertador que había programado a las 6 de la mañana, no llegó a sonar, porque mi subconsciente se anticipó a su señal unos minutos.

Mi primer pensamiento del día, fue para ti, y mentalmente te dije “ha llegado el día”. Aún no estaba nervioso, pero sí impaciente por llegar a tu lado. Me preparé, y tras recoger a tu madre y a tu tía, nos fuimos al hospital. Legamos bien, incluso antes de lo previsto, y tú ya estabas despierta. Eran las 7.30 de la mañana, y estabas muy tranquila. Parecía que era otra la que iba a pasar por aquello.

En ese momento, pensé en la valentía que me estabas demostrando, y me pregunté si yo sería capaz de hacer lo mismo en tu situación. Bromeábamos y reíamos, para descargar la tensión, mientras esperábamos a que llegaran los médicos y nos dijeran que ya había llegado el momento y se nos hizo interminable la hora que estuvimos esperando a que llegaran.

Y al fin llegó la hora. Tu madre y tu tía se quedaron a esperar en la habitación, viendo como los dos salíamos y nos alejábamos por el pasillo. Cuando metieron tu cama en el ascensor, te cogí de la mano y me la apretaste, pidiéndome con la mirada que estuviera a tu lado. Tus ojos delataron que tu tranquilidad había desaparecido, al mismo tiempo que apareció en mí, un sentimiento de impotencia por no poder hacer nada, por no poder ayudarte.

Cuando llegamos a la puerta del quirófano, me miraste y te di todo lo que podía darte en aquel momento, un beso cargado de amor y cariño, acompañado de un “tranquila, todo saldrá bien”. Durante mucho tiempo, había mantenido la esperanza de que me dejaran entrar, para acompañarte en aquel momento tan importante para los dos, pero no fue posible. Te perdiste tras aquella puerta y me volví a quedar sólo.

Miré alrededor. Todo lo que vi fue un pasillo de 10 metros de largo por 3 de ancho, una pared a un lado y tres ascensores al otro lado, al fondo una ventana. Y la puerta por la que habías desaparecido, que a partir de aquel momento se convirtió en el objetivo de mi mirada. Unos minutos después de perderte de vista, volvió a salir el celador, que con un tono de amabilidad me dijo: “En una hora aproximadamente, saldré con el niño… ó con la niña”. Yo le dije: “espero que salgas con el niño… y con la niña”. Evidentemente, él no sabía que tenían que salir dos.

Y otra vez la espera en silencio. Nueva espera, eterna, durante la que me recorrí aquel pequeño pasillo de un lado a otro un millón de veces con la mirada perdida. Hasta que salió una enfermera. Me miró y llamó al ascensor. Cuando se abrió el ascensor, me volvió a mirar y se quedó sujetando la puerta, pero no me dijo nada, así que pensé que no tenía nada que ver conmigo. Estuvo así un rato y yo me preguntaba, qué hará allí sujetando la puerta, parece tonta.

Pero todo tiene un porqué y lo descubrí cuando se volvió a abrir la puerta de los quirófanos y, primero, un celador y, después, otra enfermera, aparecen portando una incubadora móvil a la carrera, donde iban dos recién nacidos, me dirigí hacia allí con el ánimo de verlos, pero apenas pude distinguir dos bultos con dos cabecitas, eso fue todo, porque la doctora que asistió al parto me sujetó por el brazo, y me empezó a contar las incidencias mientras me daba un montón de papeles.

Yo la escuchaba sin enterarme de lo que me decía mientras miraba al interior del ascensor, pero enseguida se cerró la puerta y ya no pude ver nada. Entonces le presté atención a la doctora y me dijo con una sonrisa lo único que yo necesitaba que me dijeran: que todo había salido bien, que los niños y tú estabais perfectamente. Eran las 9.30 de la mañana, y ya éramos papá y mamá para alguien.

Estaba feliz, muy feliz e impaciente por compartir dicha felicidad contigo. Pero volví a sentirme sólo, supongo que tan sólo como tú, que estuviste en post-operatorio otras tres horas, y pensé en lo rocambolesco de la situación. En un mismo edificio, tú estabas en una sala donde no podía verte, nuestros hijos en una habitación en la que tampoco podía verlos, tu madre y tu tía en una habitación cuatro plantas más arriba esperando noticias, y yo… dando vueltas de aquí para allá por todo el hospital, acudiendo a los sitios a los que me mandaban a rellenar papeles y más papeles.

Los nervios del momento, unidos a mi caraja permanente, me tuvieron un buen rato buscando el ascensor que me llevaba a la cuarta planta. Cuando al fin lo encontré, subí a dar la buena nueva para tranquilizar a tu madre y a tu tía. Después, para amenizar la espera de nuestro reencuentro, fui a intentar aclararme con todo el papeleo que había dejado pendiente, y para ello, más paseos, más preguntas, y vuelta a preguntar otra vez, porque en mi estado de embobamiento nunca me enteraba a la primera de lo que me decían.

Volvió a llamarme la doctora para decirme que, tras un reconocimiento más exhaustivo, los niños estaban bien. Pero mi preocupación no desapareció hasta que te vi salir del ascensor, en la misma cama en la que cuatro horas antes, habías desaparecido tras la puerta del quirófano. Y sonreíste. No puedo describir con palabras lo que sentí cuando te tuve otra vez a mi lado.

A partir de ahí, visitas y más visitas, y aunque conseguí ver a los nenes varias veces ese día, a través del cristal de la incubadora, la culminación de todo, no tuvo lugar hasta el día siguiente, cuando pudimos subir juntos y tenerlos en brazos por primera vez. Ése momento, en el que estuvimos los cuatro juntos por primera vez, y los días que siguieron, ha sido y creo que será, el más feliz de mi vida, y todo gracias a ti.

Gracias........., te quiero.

Cinco años dan para mucho y para tan poco a la vez....

17 de febrero de 2010

Personaje a examen.

Capítulo 5. Tarzán.

Se trata sin lugar a dudas de un personaje muy singular.


Dicen que fue criado por unos monos que le encontraron abandonado y desvalido en medio de la selva, y que con el paso del tiempo llegó a convertirse en uno de ellos.


Difícil de creer. Si tal afirmación fuera cierta, representó el caso de retroceso evolutivo más significativo de la historia de la humanidad. Pero lo cierto es que, aún no se sabe con exactitud, si se trataba de un hombre-mono, de un mono-hombre, o si simplemente era muy feo.

Pero tuvo un gran mérito, ya que no sólo fue capaz de, al menos, vivir como uno de ellos, si no que llegó a dominar su idioma con soltura y conseguir que le hicieran caso, convenciéndoles para que le dejaran ser su rey a cambio de una plantación de bananas. A partir de ese momento, se hizo conocer como “Tarzán de los monos” (no confundir con “Tarzán el del mono”, porque ese va de un centro de desintoxicación a otro sin necesidad de usar liana).

De él, nunca se podrá decir el conocido dicho “el mismo que viste y calza”, ya que como todo el mundo sabe, ni viste, ni calza, ya que el exiguo taparrabos que porta, no se puede considerar ni siquiera como prenda de vestir, si entendemos como tal a las prendas con las que uno se viste para salir a la calle. No sé ustedes, pero al menos yo no iría a trabajar en calzoncillos, y no lo digo porque sea pudoroso, no, si no lo hago es más que nada por no herir la sensibilidad de todo aquel que se cruzara conmigo por la calle.
Lo cierto es que no le gustaba demasiado andar, quizás fuera por el hecho de ir siempre descalzo, y para desplazarse utilizaba el cómodo medio de transporte, que representaban todas las lianas que colgaban de los árboles. Y lo utilizaba a todas horas, a pesar de que quedarse colgado de tal aparejo le causaba auténtico pavor, como lo prueba el hecho de que no podía evitar lanzar verdaderos gritos de pánico acompañando su balanceo, gritos que por otra parte, servían de aviso a todos los animales para que se apartaran y no se los llevara por delante.

Aparte de todo lo expuesto anteriormente, tuvo también el gran mérito, de conseguir convencer a una bella señorita, que respondía al nombre de Jane, que se encontró perdida en la selva, de que, no sólo se quedara a vivir con él, si no que además se dejara copular por alguien de quien ni siquiera podía asegurar que fuera de su misma especie. Afortunadamente los genes de ella eran más puros que los de Tarzán y sus hijos nacieron todo lo humano que se puede nacer en tales circunstancias…

Pero como todo enamorado, cometió el error de dejarse convencer para abandonar durante una temporada su hábitat natural, trasladándose junto a su compañera (me refiero a Jane, no a Chita), a la civilización menos civilizada que podríamos imaginar… Nueva York. Allí tardó menos de lo que tardó Paco Martínez Soria en pronunciar su famosa frase “la ciudad no es para mí”, y dando uno de sus conocidos gritos, porque volar en avión también le daba pánico, metió a Jane en su maleta (aunque no sé que llevaría en ella porque nunca usaba ropa), se subió en un bimotor con rumbo a la selva, y juró y perjuró que nunca más volvería a ponerse un pantalón…

Pero tras su regreso, el hecho de no volver a ponerse un pantalón, no le garantizó una vida feliz, ni muchísimo menos. El breve contacto con la selva de asfalto y ausente de lianas, le dejó graves secuelas psicológicas. Así, se le podía ver a menudo por la selva intentando dirigir el tráfico, servir como lo haría un camarero de una cafetería, o subido en un troco intentar conducirlo como si fuera un Alfa Romeo Spider, todo ello ante la atónita mirada de Chita, que empezó a registrar toda la choza buscando sustancias estupefacientes entre los enseres de Tarzán…

Tarzán hizo muchas más cosas en su vida, pero eso…es otra historia.

16 de febrero de 2010

Diario de Champions. Cap. 4




Que suene la música.



Tras semanas de impaciente espera, hoy volverá a sonar en ocho estadios europeos ese himno protocolario, que anuncia la presentación de una contienda en pos de sobrevivir en la competición más importante del continente, y además, supone el inicio en la cuenta atrás para llegar al partido final. Sólo seis partidos separan a los dieciséis equipos del objetivo de llegar al último partido, y así poder pelear para proclamarse como el ganador. Son siete vidas que hay que vivir intensamente, quemando una en cada partido como si fuera la última…y no todas en el mismo.


Todos parten con el mismo objetivo, pero como en “Los inmortales”, está claro que sólo puede quedar uno. Eso es lo bonito de la competición, sobrevivir en ella sea como sea. Llega la hora de la verdad para saber quién cuenta de verdad y quién va a ser un mero comparsa. Estas eliminatorias no deciden el ganador, pero sí quién se queda en el camino…


El sorteo deparó una relativa comodidad para los equipos españoles, y digo relativa porque aunque en teoría son superiores a sus rivales, la práctica demuestra a veces que es más difícil jugar contra un rival inferior que contra uno de tu mismo nivel. Al menos tienen eso si, la ventaja que supone decidir la eliminatoria en tu campo y guardarse la posibilidad de enmendar un posible error en el primer partido. De todas formas, y a pesar de la superioridad teórica, veo difícil que cualquiera de los tres resuelva su eliminatoria hoy. Estoy seguro de que sus tres rivales van a ser muy incómodos en su campo y serán partidos muy igualados… Cuando llegue la devolución de visita será diferente, porque los tres bajan mucho de nivel cuando les toca de visitantes. Así pues, preveo partidos igualados fuera de España, pero que los nuestros resolverán con solvencia en casa.


Lo mismo podríamos decir de Bayern y Arsenal. Fiorentina y Oporto no deberían de ser un escollo insalvable para ellos, así que lo normal es que ambos nos acompañen en el sorteo de cuartos de final. Para mi son, junto con los tres españoles, los únicos claros favoritos para pasar, y ni siquiera dejo abierta la puerta de la sorpresa…


Los otros tres equipos que les acompañen en dicho sorteo no son nada fáciles de pronosticar, ya que las tres eliminatorias van a estar muy disputadas. Girondins y Olympiacos son los de menor peso en la competición y uno de ellos va a tener la suerte de tener opción a pasar, cosa que habría tenido muy complicado de haberse enfrentado a uno de los grandes. Al contrario de las otras eliminatorias, esta podría decidirse en el partido de ida. Si el Girondins es capaz de salir vivo del infierno griego tendrá muchas papeletas para pasar. Me decanto más por el Girondins.


Las otras dos eliminatorias, las más igualadas, enfrentan a cuatro de los favoritos al título y dos de ellos se van a quedar en el camino demasiado pronto. De la eliminatoria Milán-Manchester se podría escribir un libro… y no diríamos nada nuevo de ellos. Si me tengo que decantar por uno, lo hago por el Manchester por un pequeño detalle. A parte de jugar el segundo partido en su campo, es un equipo que le imprime un ritmo muy alto a su juego, lo cual, para un equipo lleno de veteranos como es el Milán, puede ser muy dañino.


Y la última eliminatoria es, quizás, la más incierta de todas en mi opinión. Inter y Chelsea son dos equipos iguales en sus métodos, quizás por el empecinamiento de Mourinho en buscar un Chelsea italiano para ganar la Champions. Cuando dos equipos se mueven de igual manera en el campo, pueden pasar dos cosas: que el partido sea un tostón, o que sea un partidazo. Saber cual de las dos cosas va a pasar es imposible, pero si me tengo que decantar por uno, lo haré por el Inter, y esto sí que es más que nada por una cuestión de corazonada…


Así que prepárense para disfrutar del, al menos en teoría, mejor fútbol de Europa… ¡¡Que suene la música!!