17 de enero de 2011
Crónicas Chumbescas. Capítulo 8.
11 de septiembre de 2010
Crónicas Chumbescas. Capítulo 7.
5 de agosto de 2010
Crónicas Chumbescas. Capítulo 6
9 de abril de 2010
Crónicas Chumbescas. Capítulo 5.
Como pudo se ocultó tras un arbusto para observarla. No supo intuir la edad que tenía, pero por lo desarrollada que estaba, dedujo que era mayor que él. Su pelo rubio se enroscaba en una graciosa trenza que le llegaba hasta la cintura. Cuando la chica se dio la vuelta para ordenar su ropa en el suelo, Higor, desde su escondite tras aquel arbusto, se fijó en su rostro, tremendamente angelical, pero rápidamente bajó sus ojos hasta los dos bultos que la chica tenía en el pecho, e irremediablemente, su nerviosismo hizo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo provocando un pequeño alboroto. 5 de marzo de 2010
Cronicas Chumbescas, Capítulo 4
A mediados de los cincuenta, concretamente en 1955 (sí, justo en medio), para los chicos de 11 años, no había demasiadas ocupaciones en las que perder el tiempo en el que no estaban en la escuela. Higor y sus tres compañeros tenían otro denominador común: la ocupación de sus padres. Todos ellos eran granjeros y vivían en las afueras del pueblo. Eso propició que la mayor parte de su tiempo libre, lo pasaran correteando por los prados y subiéndose a los árboles de los alrededores.
Uno de esos árboles, un enorme y centenario roble, que se alzaba plantado unos metros detrás del cobertizo de la granja de Higor, les inspiró para construir sobre sus grandes ramas una casita donde reunirse a hacer sabe Dios qué, y donde recluirse de los demás niños que siempre les estaban haciendo diferentes trastadas. Decían los más viejos del lugar, que aquel árbol llevaba allí plantado desde la Guerra de la Independencia. Por supuesto, ninguno de ellos estuvo allí para verlo, así que no les hacían demasiado caso.
Fueron muchas las horas que emplearon para construir su “casita del árbol” como después la bautizaron, y muchas las cajas que tuvieron que robar en la tienda de Bob el tendero, de las que se proveían para sacar las tablas necesarias para el armazón de la caseta. El pobre Bob, aún sigue buscando a los culpables 55 años después… Por supuesto que después de tantos años ni siquiera el CSI ha sido capaz de recopilar ninguna prueba incriminatoria contra nadie del pueblo.
Jason se encargó de hacer el diseño de la casita del árbol, lo cual explica el exagerado toque rústico de la constitución de dicha casita, más que nada porque Jason era muy rústico y aplicaba a todo lo que hacía su sello personal e intransferible. La decoración interior… eso fue otra historia. El encargado de decorar la casita del árbol, fue Micky, como no podía ser de otra manera, dado que era el único de los cuatro lo suficientemente refinado y con el buen gusto necesario como para llevarlo a cabo. Claro que quien conociera a los cuatro inseparables y viera la decoración interior, nunca habría podido suponer que tal tarea la había desempeñado alguno de ellos.

John, por su parte, fue el encargado de idear la manera de subir a la casita y, dada su escasa capacidad imaginativa para crear cualquier cosa, tomó la decisión de agenciarse una escalera que su padre usaba para subir al pajar. El pobre padre de John, aún sigue buscando la escalera y nunca supo a dónde fue a parar tal instrumento. Claro que tampoco le importó demasiado, su gran fortaleza física le permitió durante años izarse a pulso con una cuerda, instalada allí por él mismo para tal menester. Como se puede apreciar, la falta de imaginación de John tenía mucho que ver con sus genes…
Higor, que sí que tenía imaginación, aunque bien es cierto que dicha imaginación era un tanto abstracta, convenció a sus compañeros para que le dejaran construir una jaula que albergara en su interior a la multitud de bichos que habían ido cazando en sus correrías campestres. Entre ellos, destacaban 4 lagartijas, 3 grillos nordistas, 5 escarabajos peloteros rallados y 2 caracoles fugaces. Se esmeró como nunca lo había hecho y el resultado fue espectacular. Recibió muchas felicitaciones de sus compañeros por tal obra de arte. El mismo día que terminaron todos los trabajos en la construcción de la casita, Higor se presentó con la espectacular jaula. Dejaron instalado en la jaula su pequeño zoológico y se fueron a sus casas muy alegres y contentos por todo lo que habían hecho.
A la mañana siguiente, cuando iban a declarar inaugurada la casita, observaron aterrorizados, que la jaula…estaba vacía. Higor no había caído en el insignificante detalle, de que la separación de los barrotes no era la adecuada, y… allí ya no estaban esperándoles ni los caracoles fugaces… Despues de llevarse semejante decepción, decidieron que lo mejor era que Higor siguiera haciendo lo que mejor sabía hacer, es decir, limitarse a observar el paisaje, sin hablar por supuesto.
La casita del árbol, aparte de servirles como lugar de reunión, le sirvió a Higor para aumentar considerablemente su número de accidentes domésticos, ya que su conocida falta de coordinación de movimientos, no le facilitaba en nada la labor de subir por aquella estrecha escalera hasta donde se encontraba la caseta (aproximadamente dos metros de altura), y era rara la semana que no visitaba el hospital con algún miembro móvil de su cuerpo roto.
A partir de aquel momento, nuestros protagonistas se dedicaron en cuerpo y alma a disfrutar del campo y de su lugar de encuentro encima de aquel árbol, ajenos al resto del mundo, o mejor dicho, ajenos al resto del pueblo, hasta que… descubrieron un mundo que hasta entonces les había sido completamente indiferente, y que por una mera casualidad entró en sus vidas, no sabemos si para mejorarlas o para empeorarlas, pero si para cambiarlas completamente. Me estoy refiriendo, al maravilloso mundo de las niñas… Pero eso será en el siguiente capítulo.
24 de diciembre de 2009
Crónicas Chumbescas. Capitulo 3.
Hasta el mencionado episodio de su exitosa operación de reducción de orejas, con tan sólo diez años de edad, Higor era un niño solitario, y su mayor virtud, consistía en ser capaz de mantener diálogos consigo mismo durante horas.
Hasta entonces, había sido un bicho raro para sus vecinos, pero después de la operación, pasó a ser un bicho raro con las orejas un poco más pequeñas, aunque sus rarezas empezaron a ser aceptadas por todo el mundo, disminuyeron las burlas y desprecios, y empezó a ser considerado como un personaje simpático e inofensivo, al que todo el mundo conocía, y a quien todo el mundo dedicaba una sonrisa cuando se cruzaba con él.
Tales muestras de cariño, fueron recibidas por Higor con inusitado entusiasmo, lo cual provocó, que poco a poco empezara a hablar con otros niños del colegio. Sobre todo con aquellos niños que como él, se encontraban un tanto marginados del resto. Cierto es que no todos los niños le trataban de igual manera, algunos le trataban de cualquier manera. Como en todos los colegios, allí había grupos de niños crueles que siempre menospreciaban a los más débiles, tímidos y, por decirlo finamente, menos espabilados. Pero al menos, ya no se sentía sólo y no era el único despreciado. Se sentía más fuerte por ello, y poco a poco se empezó a formar un grupo de amigos inseparables, maltratados, pero unidos.
El primero en acercarse a Higor, y el que fuera su mejor amigo, según éste reconociera muchos años más tarde, fue Jason Mac Arrón, otro hijo único de emigrantes escoceses, a quien conoció cuando Higor y él coincidieron en un partido de fútbol, o de soccer como le llamaban los americanos, que habían organizado los niños más gamberros de la escuela y al que por primera vez habían sido invitados. Ese día se inició una gran amistad. Se pasaron todo el partido el uno frente al otro charlando animadamente, ya que les había tocado hacer de poste de portería… cosas del “azar”. Allí recibió el primer gran consejo de los muchos que le dio Jason en su vida: “será mejor que te pongas de perfil”, a lo que Higor respondió con una sonrisa.
Pero no estaban solos. Pronto repararon en el otro extremo del campo, y allí, en la otra portería, formaban con entusiasmo John Gordon y Micky Piks, dos compañeros de clase a quienes nunca veían la cara por estar en la primera línea de pupitres mirando siempre hacia delante, y a quienes por estar tan lejos, no pudieron decirles que era mejor ponerse de perfil. Cuando terminó el partido, es decir, cuando los dos equipos se cansaron de correr, los cuatro se reunieron por primera vez, y tras las presentaciones oportunas, pasaron un largo rato contándose los moratones causados por los balonazos recibidos, y explicándose alegremente cómo el balón les había golpeado una y otra vez. “Al menos (dijo Jason), no nos han hecho jugar de balón”…
Los padres de Higor, se alegraron enormemente de que su hijo, al fin, tuviera un grupo de amigos con el que relacionarse. Ya no era un bicho raro solitario. Ahora era un bicho raro dentro de un grupo de bichos raros. Por primera vez en su vida, Higor pertenecía a un grupo, que si bien no era el deseado por los Chumbosky, al menos sirvió para que su hijo se relacionara con alguien de su misma especie, y que además, hablaba su mismo idioma.
Desde el día en que les unió el destino, se convirtieron en inseparables. Iban juntos a todas partes y todo lo hacían juntos, hasta el punto de que eran conocidos en el barrio como “los cuatro inseparables”. Jason era el más locuaz y hablador de los cuatro, lo que le valió para que sus tres compañeros depositaran en él toda su confianza para guiarles y, al mismo tiempo, les sirviera de portavoz ante la sociedad. Era el mayor de los cuatro, ya que repetía curso por tercera vez y les sacaba un año, así que con el tiempo, no sólo fue su guía, si no que se convirtió además en una especie de protector para ellos. John y Micky llevaban juntos dos años, así que se conocían perfectamente y sabían perfectamente cuales eran sus debilidades. Una de las debilidades de John, eran los dulces, que le causaba un excesivo peso, lo cual originó que desde pequeñito se le conociera con el apodo de “el bola”. Las debilidades de Micky darían para escribir un libro, y de hecho su principal característica era la debilidad, hasta el punto de que le costaba mucho trabajo soportar el peso de la ropa que llevaba puesta, y desde muy pequeñito fue conocido por sus allegados como “el débil”. Años después, descubrirían que la escasez de fuerza, no era la única debilidad de Micky. Hasta su encuentro con Jason y Higor, habían sido dos almas sin rumbo, que al fin habían encontrado quien guiara sus pasos.
Aquí abajo, podemos ver de izquierda a derecha: Jason, John, Micky, e Higor
Comenzaba pues, una nueva y esperanzadora etapa en la vida de Higor.
Continuará…
4 de diciembre de 2009
Crónicas Chumbescas. Capítulo 2
Lo cierto es que, a pesar de sus desastrosas calificaciones, Higor siempre fue un alumno ejemplar. De hecho, cuando sus profesores hablaban de él, siempre había alguno que decía: “menudo ejemplar”. Con tal expediente, no es de extrañar que las burlas por parte de sus compañeros fueran constantes. Tanto era así, que sus padres, se propusieron aislarle, con el objetivo de que tales burlas no llegaran a sus oídos, evitándole así al pobre Higor algún que otro trauma infantil.
Sin embargo, tales intentos, se quedaron en eso, en intentos. La calidad, así como el tamaño de los pabellones auditivos de Higor, eran capaces de captar susurros a varios cientos de metros de distancia, imposibilitando el aislamiento pretendido por sus padres. Afortunadamente, su escasa inteligencia, mitigó los efectos de la captación de diversos comentarios que no pudieron ser procesados adecuadamente por su cerebro, y se los tomó como si no hablaran de él. En cambio, sí que sufrió del síndrome “todolooigo”, o lo que es lo mismo, escuchar campanas y no saber dónde…
Por culpa de ese síndrome, se vio envuelto en algunas situaciones embarazosas, como aquella en la que mezcló inconscientemente, dos conversaciones entre las que mediaban no menos de cien metros entre ambas. Una mujer pedía un kilo de manzanas en la frutería mientras que un hombre compraba carne en la carnicería de Phil el carnicero, llegando a los oídos de Higor la siguiente conversación:
M: “¿Me pone un kilo de manzanas?”
H: “La carne es demasiado gruesa”
M: “No son para mi. Son para mi hija, que está en edad de crecer.”
H: “¿Y qué tal está la ternera?... ¿Muy jugosa?
M: “Esa está demasiado verde. La quiero más madura”.
H: “Estará más jugosa si la parte con el cuchillo en trocitos antes de echarla a la plancha”.
M: “Pero las maduras son más fáciles de pelar”.
H: “Claro, claro, pero cuando se convierta en vaca será más dura para masticar”.
M: “Entonces no la dejaré madurar y la trituraré en la licuadora…”.
H. “No, si hace eso antes de ponerla en la plancha, podría manchar toda la cocina de sangre…, y ya sabe lo que eso significaría…”.
M: “Si, entonces la meteré en el horno y me la comeré asada…”.
En ese preciso momento, Higor escandalizado, corrió a buscar al policía más cercano y le instó a que detuviera a la señora y al frutero. Por alguna extraña razón, había entendido que estaban planeando matar a la hija de la señora para comérsela… El policía miró incrédulo a aquel mozalbete que le tiraba de la manga con insistencia, y tras unos segundos de duda, solicitó refuerzos. Por supuesto, detuvo a los sospechosos y ambos tuvieron que pasar unas horas en el calabozo, hasta que consiguieron demostrar, no sólo que no iban a matar a la hija, si no que ésta estaba tan delgada que no tenía ni cien gramos de carne pegada a los huesos.
Este suceso y alguno más parecido, obligaron a sus padres a buscar una solución drástica. Y la encontraron. Pero no pudo llevarse a cabo, porque lo que no encontraron fue un cuchillo, ni un hacha, lo suficientemente fuerte como para cortarle las orejas, así que se quedó con ellas puestas. Ya a la desesperada, publicaron un anuncio en la prensa nacional, con magníficos resultados. Un famoso médico de Nueva York, cuyo nombre no será desvelado aquí por cuestiones de seguridad, se puso en contacto con ellos, afirmando conocer el remedio que pondría fin al sufrimiento de Higor.
La intervención se llevó a cabo con un éxito rotundo, y preguntado el médico por el procedimiento empleado, respondió con total aplomo y seguridad: “Lo que tenía este chico en sus oídos, eran unos huesos demasiado desarrollados, así que le hemos extirpado los martillos…, los yunques pesaban demasiado, así que los hemos dejado en su sitio, lo cual no nos ha impedido reducir considerablemente el tamaño de sus orejas. Ahora al menos, aparte de oír lo justo, también habrá orejeras de su talla.”
Continuará…, ya dije que esto da para mucho…
25 de noviembre de 2009
Crónicas Chumbescas.

El personaje de quien voy a hablarles responde al nombre de Higor Chumbosky, de los Chumbosky de Wisconsin de toda la vida, se identifica con el alias de Higor Chumbosky, pero conocido en los círculos más íntimos por sus allegados por el apelativo cariñoso de Higor Chumbosky.
Empezaremos por el principio, por su niñez, para seguir avanzando poco a poco en su peculiar existencia, hasta llegar a sus últimos días, que por cierto, no se sabe a ciencia cierta si ya han llegado o si están por llegar, porque a día de hoy, su paradero es completamente desconocido, incluso para quienes lo están buscando.
Nació el 29 de Febrero de 1944 en Wisconsin, más concretamente en el condado de Vernon, así que sólo celebraba cumpleaños cada cuatro años. Nació como todos, desnudo y envuelto en viscosidades ensangrentadas. Y nació porque su madre ya no lo aguantaba en su interior y suplicó que se lo sacaran. Lloró por primera vez, al ver la cara de furia de la comadrona con el brazo alzado para azotarle, e intentó salir corriendo cuando le depositaron en brazos de sus padres. Por supuesto, no sólo no lo consiguió, si no que se quedó definitivamente con ellos. Los Chumbosky, procedían de Higeristán, y aunque emigraron de muy jóvenes a Wisconsin, quisieron recordar su origen, y en su honor, a su vástago le pusieron de nombre Higor.
Allí, en Vernon, dio sus primeros pasos de la mano de su padre, el cual, invitó a todos sus vecinos el día que al fin pudo soltarle para que caminara sólo, y llegara hasta la carnicería de la esquina, propiedad de Phil el carnicero, a la tierna edad de 6 años. Desde muy pequeñito, fue un niño bastante espabilado y despierto para su edad, salvo cuando dormía claro está, y a pesar de ello, siempre acababa el último en todo. Nunca llegó a la conclusión de que, quizás no debería de ser tan despierto, y dormir un poco más para estar más descansado. Pero la verdad es que, aunque hubiera querido dormir más, no habría podido. Su facilidad para equivocarse producía que se pasara horas intentando cerrar los dos ojos a la vez, y cuando lo conseguía, era más por inercia que por su propia habilidad.
La coordinación de sus movimientos fue, durante su infancia, un auténtico quebradero de cabeza para sus padres, que buscaron mil y una formas de subsanar tal incapacidad. En primera instancia, le obligaron a que observara como lo hacían ellos, pero no funcionó, ya que al cerrar estos los ojos, se quedaban dormidos, con lo cual Higor sólo los veía cerrar los ojos una sola vez. Vieron que su perro tenía un tic en los ojos, que le hacía cerrarlos una y otra vez, sin dormirse, así que le dijeron que se sentara a observarle, al perro, no el perro a Higor. Tal entrenamiento dio sus frutos, y tras varios días observando al perro, al fin, Higor aprendió… a mover la cola y sacar la lengua, todo ello de manera instintiva y compulsiva, lo cual le valió más de un pescozón por parte de alguna señorita ofendida, y la amenaza de algún marido furioso, de cortar todo aquello que no se quedara escondido en su sitio…
Su alimentación, no fue todo lo equilibrada que debiera si no todo lo contrario, ya que su organismo, tenía tendencia a almacenar la grasa en el lado izquierdo de su cuerpo, provocándole una perdida de equilibrio constante. Ese fue uno de los motivos de que siempre caminara inclinado hacia la derecha, lo cual no ayudaba en nada a su ya mencionada falta de coordinación de movimientos.
A pesar de todo, sus padres, no se sabe aún cómo, ni a quién sobornaron, consiguieron que admitieran a Higor en una escuela pública del condado de Buffalo, porque en la de Vernon, les fue completamente imposible. Allí, su máximo objetivo fue el de pasar desapercibido, objetivo que rápidamente entendió que no iba a alcanzar, dada su habilidad para meter la pata, cumpliendo el pronóstico de fracasar estrepitosamente.
Continuará…, se lo aseguro.






