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20 de abril de 2014

Sexo salvaje...

Una visita al Parque de la Naturaleza de Cabárceno da para mucho. Y muchas visitas dan para mucho más…

Si usted se saca el pase anual, tiene la posibilidad de visitarlo 365 días al año, aunque no creo que nadie en su sano juicio lo haga. Ni siquiera los que trabajan allí van los 365 días… ni yo tampoco. Y si usted tiene dicho pase, seguro que tampoco lo hará. Y cualquiera puede pensar que llegará un día en que se aburra de visitar el parque y de ver siempre lo mismo…

Se equivoca. Allí siempre se ve algo nuevo, algo que aprender o situaciones, cuanto menos, curiosas. Y eso es lo que me pasó a mí el otro día. A mí y a todos los que estaban en el mismo lugar y en el mismo instante, no se crea que soy especial y que tengo privilegios sobre lo que allí ocurre. En absoluto.

Porque… ¿Cuántas veces ha tenido la posibilidad de presenciar en directo, la cópula de una pareja de animales? No, asistir a un espectáculo porno de humanos en directo no cuenta. Tampoco cuenta aquella vez que vio a una pareja en las dunas de la playa en actitud “cariñosa”. Me refiero a ese acto de dos animales en pos del noble objetivo de perpetuar la especie. La especie propia por supuesto.

Seguro que no ha tenido demasiadas oportunidades ¿verdad? Yo tampoco. No hasta el otro día, donde no sólo fui testigo de la cópula de una especie animal, si no que fui testigo de la cópula de dos especies animales. En realidad serían tres si cuento lo que pasó después en mi… pero qué digo, eso no le importa.

En primer lugar fui testigo de cómo un tigre y una tigresa, tras hacerse mimos, ronroneos y colocarse en situación, iniciaron una copula. He aquí la prueba fotográfica:



Parece una feliz cópula ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad, ya que la tigresa, como todo el mundo sabe, es del género femenino, y tras un momento de aparente sumisión y consentimiento para que el macho procediera, decidió que ya no quería más, que le dolía la cabeza o que se sentía incómoda ante la mirada de un servidor y otros 50 espectadores más, y, dando un escalofriante rugido, que a mí me sonó a algo así como “déjame en paz so pesado”, le quitó las ganas al tigre de seguir con el mete-saca. Vamos, lo que se viene conociendo como un auténtico “coitus-interruptus”. El pobre se debió de quedar con un calentón del carajo, resultando ser la tigresa una auténtica calienta pollas, y dejándonos a todos con las ganas de presenciar un orgasmo tigresco.

Tan sólo unas horas después, tuve la fortuna de ser testigo del mismo acto en otra parcela del parque. Justo en la parcela en la que habitan unas simpáticas tortugas. Y estas sí que no defraudaron. Como se puede usted figurar, el acto de apareamiento de las tortugas es… lento. Y más cercano, ya que se las podía observar más de cerca. Pero a pesar de la cercanía, un servidor fue incapaz de llegar a ver por dónde entraba lo que tenía que entrar, ni ver lo que tenía que entrar… ni si entró o no entró por donde tenía que entrar… ¡Maldito caparazón!. Lo que sí estoy seguro, es que el acto se consumó. Bastante placenteramente, ya que los bramidos que soltaba el macho sólo podían ser el resultado de un acto sexual satisfactorio, o si lo prefieren, de una corrida salvaje… 

Por desgracia, no tengo prueba sonora y sólo tengo prueba fotográfica, así que tendrán que fiarse de mi palabra…



8 de julio de 2013

¿Reincidencia criminal?

Soy un criminal.

Y usted también. Y su vecino. Y además reincidente. Y usted también. Y su vecino también.

Y lo peor de todo, es que, hasta hace unos días no tenía la más mínima pajolera idea de ello. Y seguramente usted tampoco. Ni tampoco su vecino… Toda la vida pensando que era una persona decente, para un buen día descubrir que mi vida es una realidad totalmente diferente a la que yo percibo. Y la suya también, no mire para otro lado. Y también la de su vecino.

Y es que, según la presidenta (a ver si lo digo bien) de la Federación de Asociaciones Provida de España, y cito textualmente:   la masturbación es una práctica criminal, ya que constituye "una forma de aborto".

Ante tal afirmación, uno no puede más que darse por aludido, porque, entre nosotros, seré un criminal, pero no un insincero. Ya, me imaginaba que usted también se daría por aludido. Y seguramente su vecino también… No, esto no supone que lo haya hecho recientemente, ni que usted lo haya hecho recientemente tampoco, pero un crimen de tal magnitud no prescribe en el tiempo, así que da igual que hayan pasado treinta años… o dos meses, el delito está ahí, y mucho me temo que somos proscritos y, seguramente, buscados por la justicia… vivos o muertos.

Pero eso no es lo peor de la noticia. Lo peor de todo es que, aún no hemos tocado fondo y es más que probable que nuestra vida, o lo que quiera que sea lo que estemos viviendo, se descontrole hasta límites insospechados y nos hagamos dignos del mismísimo infierno, ya que, bajo la “sabia opinión” de tan distinguido personaje, y vuelvo a citar textualmente: "la masturbación es criminal porque inicia al sujeto en un espiral de perdición: sabemos que de la masturbación es fácil pasar a la soledad compulsiva, a la actividad criminal, a las violaciones, a la corrupción, a la drogadicción y finalmente al ateísmo". (Lo único que no me ha quedado claro de esta afirmación, es que el ateísmo también se considere delito penal…). 

Si yo fuera usted, que está claro que más o menos hemos cometido el mismo delito (y que su vecino también), buscaría un lugar desierto en el que aislarme del mundo, más que nada para no representar un peligro para la sociedad y, porqué no, también para que no me encuentre la justicia. Claro que, tal empresa, sería un poco difícil de llevar a cabo, ya que como puede suponer, si todos los que hemos cometido dicho “crimen” hiciéramos lo mismo, el desierto dejaría de ser desierto y se convertiría en una ciudad/país demasiado cosmopolita. Sería como Carabanchel a lo bestia y Alcatraz elevado a la milésima potencia todo junto…

Así y todo, emigremos al desierto o no, sólo tengo palabras de agradecimiento para esta señora que, gracias a su frigidez y además de ser una de las pocas personas puras que no han cometido el “crimen” de masturbarse, ha sido la única que ha tenido a bien hacer algo al respecto, denunciarlo y abrirnos los ojos a quienes hemos vivido tantos años con, además del puño, los ojos cerrados…(Fuente aquí).



Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes…, la de la columna lateral, no la de abajo, que seguramente, y a pesar de su rostro angelical, también sea una “criminal”.







21 de mayo de 2012

El Sex-appeal. II


Ahora que ya hemos aclarado un poco, lo que significa tener Sex-appeal, en el anterior post sobre el tema en cuestión, nos podemos plantear otra serie de cuestiones más complejas. No se me asuste. No me refiero a solucionar una cuestión de física cuántica ni a buscar el nexo de unión entre la escasez de lechugas y la extinción de los caracoles tigre…

Me refiero a que, tras tener una ligera idea de lo que es el Sex-appeal, podemos dar un paso adelante, y reflexionar acerca de, por ejemplo, ¿a dónde nos lleva el tener Sex-appeal? Seguramente nos lleve a algún lugar, o más bien a algún estado que nos permita tener otro estatus.




Es una cuestión bastante interesante, que seguramente podrá resolver alguien que tenga Sex-appeal, pero a mi no me pregunten, porque yo nunca iré en dirección a ese estado. Más bien iré en dirección contraria, así que, si lo desean, les puedo explicar a dónde nos lleva no tener Sex-appeal. Y si no quieren que se lo explique… también,  porque yo escribo lo que me da la gana…

Lo cierto es que no tener Sex-appeal tiene un montón de ventajas. La más importante es que no ligas con nadie. Sobre todo con nadie que sea sexy. Y tampoco con nadie que tenga belleza (aquí quedan excluidos los no-sexys millonarios). Para muchos puede parecer un fiasco, pero nada más lejos de la realidad. Ser sexy te obliga a dar siempre el 100 por 100 de tu sexapilidad, y eso tiene que cansar.

Yo me imagino la vida de alguien, que tenga un alto porcentaje de sexapilidad, y me agobio una barbaridad, todo el día rechazando ilusos pretendientes del sexo opuesto… o del mismo sexo, faltaría más… Por no pensar en lo que pasaría si, una persona con grandes dosis de sex-appeal, de repente, empieza a descuidarse y lo pierde como perdió la virginidad, en un abrir y cerrar de piernas. Siempre tendrá que escuchar comentarios del tipo: “….ha perdido todo su sex-appeal…”. Eso desmoralizaría a cualquiera… menos a mi, o a usted si es que tampoco tiene sex-appeal.

Es bastante más llevadero estar en la sombra, sí, más frío pero más llevadero. Ni siquiera supone un esfuerzo extra lograr que la gente no te mire, y pasar desapercibido es un lujo que no se debe despreciar.

Y desde luego, es mejor no tener sex-appeal, que ser tremendamente feo, porque si uno es tremendamente feo, no pasa desapercibido, si no todo lo contrario, le señalarán con el dedo, e incluso con dos dedos a la vez. Algunos, los menos afortunados, incluso son objeto de reportajes y de entrevistas en algún que otro medio de difusión internacional.

Ahora usted debe decidir que dirección tomar. Continuar con su sex-apilidad y sufrir las consecuencias, o deshacerse de todo su sex-appeal...y sufrir las consecuencias.


26 de abril de 2012

El sexo opuesto.

Según la Wikipedia, y alguna que otra enciclopedia más papelera, la tierra se mueve gracias a alguna que otra ley física, que no voy a explicar aquí para no aburrir a nadie (y porque tampoco sabría explicarlo sin sufrir antes una apoplejía múltiple), pero… ¿y a los humanos? ¿Qué es lo que mueve a los humanos evitando que se queden todos quietos paraos?...


Erróneamente muchos sostienen que es el dinero lo que nos mueve. Y digo erróneamente, porque los pobres no lo tenemos y seguimos moviéndonos para todos lados, sin que ello nos sirva para llegar a tenerlo algún día. Tampoco es el amor lo que realmente nos mueve, ya que no todo el mundo cree en él, y muchos de los que han creído han dejado de creer por diversas razones o desengaños.

Podría seguir enumerando más y más causas movilizadoras, pero todas ellas tendrían alguna pauta diferente en cada individuo. En cambio, sí hay una causa que tenemos en común y que es capaz de movilizarnos a todos los humanos en plan autómata: el sexo.

Si dejamos aparte a quienes se han decantado por el celibato, que no son humanos, o simplemente son hipócritas, el resto de la humanidad levanta la cabeza cuando escucha la palabra sexo. No lo niegue, si usted está leyendo esto, lo más probable es que lo esté haciendo porque ha leído la palabra “sexo” en el título…, o por la fotografía que lo adorna.

Resulta complicado reflexionar sobre el sexo sin acabar con una paja mental de campeonato (nunca mejor dicho). Pero si lo hacemos, el reflexionar quiero decir, nos daremos cuenta de que, ya desde jovencitos, el sexo nos atrae y nos hace movernos como pollos sin cabeza… pero con dirección. La mayoría de las veces en dirección al sexo opuesto. Y aunque hay quien va en busca de su mismo sexo, y quien se muestra indeciso y no sabe a por cual ir, o sencillamente va a por los dos, todos, absolutamente todos van a por lo mismo: sexo.

Por lo general, nos movemos buscando al sexo opuesto para tener sexo, y hasta nos casamos con el sexo opuesto. Por supuesto convivimos con el sexo opuesto y dormimos con el sexo opuesto esperando tener sexo con el sexo opuesto… Hasta que nos damos cuenta de que el sexo opuesto es completamente opuesto al sexo.

Por supuesto, no me refiero a esa clase de sexo lleno de ternura bajo las sábanas, que todos practicamos, con más o menos regularidad, más conocido coloquialmente como “hacer el amor”, no. Me estoy refiriendo al otro sexo. Al sexo loco. Al aquí te pillo aquí te mato, sin pararte a pensar si los azulejos de la cocina están fríos, si habrá que coser la media docena de botones de la camisa, o si tendremos que comprar otro sofá porque este le vamos a dejar pringoso perdido…

Y es posible que algunos, los más atrevidos, incluso vayan más lejos. No, no me refiero a que se vayan a Wisconsin a fornicar, si no a que sean atrevidos y busquen el sexo con el añadido de emociones fuertes, del tipo hacerlo en público, con público presente e incluso hacerlo con el público presente.

Y si no se atreve a llegar tan lejos, puede quedarse a medio camino y añadirle el riesgo de buscar un lugar en el que en un momento determinado pueda ser sorprendido por alguien, como un ascensor, un portal… o el confesionario de una iglesia. Ahí no se preocupe, si le pilla un sacerdote lo más que hará será santiguarse y mirar para otro lado… o intentar participar.

Estoy seguro de que usted también lo piensa, aunque seguramente no quiera reconocerlo. Pero si hace un pequeño ejercicio de autocomplacencia y se permite ese pequeño lujo, se le quitará en un santiamén la mala leche que lleva encima y se quedará bastante relajado…