25 de noviembre de 2009

Crónicas Chumbescas.

¡Eureka! Contra todo pronóstico, he llegado al escrito, entrada, post o como lo quieran llamar, número 100. O sea, que estoy de centenario más o menos. Y aprovecho ésta ocasión tan especial…, tranquilos que no voy a empezar a saludar a diestro y siniestro, ni a agradecer a todo el mundo no se qué…, aprovecho como iba diciendo, para cambiar de look, no, no me refiero a dejarme la calva larga…, y también aprovecho para presentarles a un personaje, más o menos famoso, más bien menos que más, ya que si fuera muy famoso no necesitaría presentación, cuyas andanzas son dignas de relatar, pero como ocupan algo así como un Quijote y medio, lo haré, no en capítulos sino en temporadas… si es que me dejan, claro.

El personaje de quien voy a hablarles responde al nombre de Higor Chumbosky, de los Chumbosky de Wisconsin de toda la vida, se identifica con el alias de Higor Chumbosky, pero conocido en los círculos más íntimos por sus allegados por el apelativo cariñoso de Higor Chumbosky.
Les relataré con pelos y señales, más con señales que con pelos por razones obvias para todo aquel que me conozca, como aquel niño llegó a convertirse en santo varón y subió a los altares, no cuando se casó porque era incasable, si no a los altares donde reposan todos los santos varones.

Empezaremos por el principio, por su niñez, para seguir avanzando poco a poco en su peculiar existencia, hasta llegar a sus últimos días, que por cierto, no se sabe a ciencia cierta si ya han llegado o si están por llegar, porque a día de hoy, su paradero es completamente desconocido, incluso para quienes lo están buscando.

Nació el 29 de Febrero de 1944 en Wisconsin, más concretamente en el condado de Vernon, así que sólo celebraba cumpleaños cada cuatro años. Nació como todos, desnudo y envuelto en viscosidades ensangrentadas. Y nació porque su madre ya no lo aguantaba en su interior y suplicó que se lo sacaran. Lloró por primera vez, al ver la cara de furia de la comadrona con el brazo alzado para azotarle, e intentó salir corriendo cuando le depositaron en brazos de sus padres. Por supuesto, no sólo no lo consiguió, si no que se quedó definitivamente con ellos. Los Chumbosky, procedían de Higeristán, y aunque emigraron de muy jóvenes a Wisconsin, quisieron recordar su origen, y en su honor, a su vástago le pusieron de nombre Higor.

Allí, en Vernon, dio sus primeros pasos de la mano de su padre, el cual, invitó a todos sus vecinos el día que al fin pudo soltarle para que caminara sólo, y llegara hasta la carnicería de la esquina, propiedad de Phil el carnicero, a la tierna edad de 6 años. Desde muy pequeñito, fue un niño bastante espabilado y despierto para su edad, salvo cuando dormía claro está, y a pesar de ello, siempre acababa el último en todo. Nunca llegó a la conclusión de que, quizás no debería de ser tan despierto, y dormir un poco más para estar más descansado. Pero la verdad es que, aunque hubiera querido dormir más, no habría podido. Su facilidad para equivocarse producía que se pasara horas intentando cerrar los dos ojos a la vez, y cuando lo conseguía, era más por inercia que por su propia habilidad.

La coordinación de sus movimientos fue, durante su infancia, un auténtico quebradero de cabeza para sus padres, que buscaron mil y una formas de subsanar tal incapacidad. En primera instancia, le obligaron a que observara como lo hacían ellos, pero no funcionó, ya que al cerrar estos los ojos, se quedaban dormidos, con lo cual Higor sólo los veía cerrar los ojos una sola vez. Vieron que su perro tenía un tic en los ojos, que le hacía cerrarlos una y otra vez, sin dormirse, así que le dijeron que se sentara a observarle, al perro, no el perro a Higor. Tal entrenamiento dio sus frutos, y tras varios días observando al perro, al fin, Higor aprendió… a mover la cola y sacar la lengua, todo ello de manera instintiva y compulsiva, lo cual le valió más de un pescozón por parte de alguna señorita ofendida, y la amenaza de algún marido furioso, de cortar todo aquello que no se quedara escondido en su sitio…

Su alimentación, no fue todo lo equilibrada que debiera si no todo lo contrario, ya que su organismo, tenía tendencia a almacenar la grasa en el lado izquierdo de su cuerpo, provocándole una perdida de equilibrio constante. Ese fue uno de los motivos de que siempre caminara inclinado hacia la derecha, lo cual no ayudaba en nada a su ya mencionada falta de coordinación de movimientos.

A pesar de todo, sus padres, no se sabe aún cómo, ni a quién sobornaron, consiguieron que admitieran a Higor en una escuela pública del condado de Buffalo, porque en la de Vernon, les fue completamente imposible. Allí, su máximo objetivo fue el de pasar desapercibido, objetivo que rápidamente entendió que no iba a alcanzar, dada su habilidad para meter la pata, cumpliendo el pronóstico de fracasar estrepitosamente.

Pronto, sus profesores, se dieron cuenta de que se encontraban ante un alumno especial. Sus notas en la escuela, tampoco contribuían demasiado a su intención de pasar desapercibido, y en ocasiones, para poder interpretarlas correctamente, debían de ser colocadas estratégicamente en un pentagrama con la colaboración de su profesor de música, asignatura en la que Higor llegó a destacar cuando le llegó el turno de tocar el triángulo, instrumento para el cual, y según su profesor, demostró tener un increíble talento.

Continuará…, se lo aseguro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Uy lo que han dicho...