18 de enero de 2017

#ElTemaDeLaSemana. ¿Por qué quise ser padre?

Me apunto a la iniciativa bloguera descubierta en el blog de Papácangrejo, creada por @PapásBlogueros , quienes con su propuesta “El tema de la semana”, lanzan al aire una pregunta semanal para que todo aquel que quiera la recoja al vuelo,  y de manera escueta acepte responderla. Me parece una buena manera de que, poco a poco, los blogueros nos vayamos conociendo más y también, por qué no, de que todos nos vayamos conociendo un poco más a nosotros mismos, ya que, algunas de las preguntas, ni siquiera nos las hemos llegado a plantear en primera persona.

La pregunta de esta semana es: “¿Porqué quise ser padre?”

Sin lugar a dudas, una buena pregunta… Ahí va mi “escueta” respuesta:

A todo niño le preguntan alguna vez “¿qué quieres ser de mayor?”… Yo cuando era pequeño, de mayor quería ser adulto… y padre. Lo de llegar a ser adulto no sé cuándo o si podré llegar a conseguirlo, pero si he cumplido el sueño de ser padre.

¿Por qué quise ser padre? Sencillamente, porque quería poder vivir algo, que tenía la intuición de que sería algo grande. Cuando por fin lo conseguí, me di cuenta de que me equivocaba. Ser padre no era algo grande, sino que descubrí que ser padre es lo más importante que un hombre puede llegar a ser. Lo que sentí ese día, ya lo conté en este post hace algunos años. Ahora que han pasado casi doce años de aquel día, me reafirmo en mi deseo de querer ser padre. Un hombre puede llegar a ser muchas más cosas. Puede llegar a ser contable, bombero o médico… incluso presidente, pero nada es comparable a la experiencia de ser padre…

Y quise ser padre, porque siempre tuve la certeza, de que lo más bonito que uno puede hacer en su vida es crear, y nada mejor que crear una vida, aunque sólo sea de una manera un tanto secundaria,  para después darle sentido a medida que esa vida crece.  Y para mí es más que suficiente haber participado de manera secundaria en la creación de mis hijos. No necesito más, porque sólo hay algo más importante que ser padre: ser madre, notar como esa vida creada nace en su interior… Por razones obvias, nunca conseguiré llegar a ser madre, así que todo lo que mi naturaleza me permitía conseguir ya lo he alcanzado…


Ahora, ya sólo me queda disfrutar de ello día a día…







16 de enero de 2017

Hombres, Mujeres y compañía... IV

Seguimos analizando las diferentes maneras, con las que Hombres y Mujeres afrontan diferentes actividades cotidianas. Como siempre, lo haremos con carácter general y sabiendo que siempre hay excepciones excepcionales…

Existe la creencia popular, de que los Hombres  no pueden hacer dos cosas a la vez. Sin embargo, los machos humanos, no sólo pueden hacer dos cosas a la vez, si no que pueden hacer varias cosas más a la vez, y equipararse de esa manera a las mujeres. Las hembras humanas ya sabemos todos que son perfectamente capaces de combinar varias actividades a la vez con total éxito, pero los hombres, bastante más incapaces, sólo son capaces de hacerlo… mientras duermen.

Sí, ya sé que es un hallazgo sorprendente, pero el hombre, es perfectamente capaz de simultanear varias actividades al mismo tiempo que duermen, como por ejemplo, roncar, toser, caerse de la cama… e incluso soñar o hablar en sueños, y todo al mismo tiempo. Cierto es que las mujeres, no sólo pueden hacerlo también, sino que también lo hacen, así que en ese sentido no nos diferenciamos en nada los unos de las otras. Incluso ambos géneros suelen dormir con los ojos cerrados.

Ahora bien, en lo que se refiere a movilidad, el hombre tiene una dificultad añadida que superar, ya que la mujer suele pegarse a él cual mochila dominguera entorpeciendo enormemente sus posibles movimientos. La mujer, aparte de dormir, roncar, soñar y todo lo que se le ocurra, es capaz también de reptar por la cama hasta pegarse al hombre.

Da igual que éste se encuentre en el centro de la cama o, como se suele decir, en el larguero de la misma,  la mujer siempre será capaz de encontrar la manera de pegarse a él, ya sea con la intención de utilizarle como estufa,  ya sea para que no se le escape… o vaya usted a saber con qué noble intención, pero siempre consigue su propósito de atenazarle con brazos y piernas. Lo cual a veces provoca que el hombre haga una de las actividades que puede hacer mientras duerme:  intentar separarse… y caerse de la cama.

Mi experiencia personal, me ha llevado a cuestionarme seriamente, si las mujeres antes de meterse a la cama, aparte de desmaquillarse en el baño y otros menesteres femeninos, no se van también a la cocina a meter los pies un rato en la nevera. Porque me parece increíble que, alguien que ha estado con calcetines de invierno puestos, justo hasta el momento de meterse a la cama, los tenga más fríos que Juanito Oyarzábal en cualquiera de sus aventuras en el Everest, mientras que uno, que ha llevado unos calcetines similares y durante el mismo tiempo, los tiene calientes. O mejor dicho, los tenía calientes, porque en cuestión de tres nanosegundos están tan fríos que empiezas a temer que posiblemente la noche acabe con la amputación de algún dedo congelado…


En fin, si usted es hombre, sepa que por muy grande que sea la cama y por mucha manta térmica que ponga, siempre notará algo en su espalda y el frío polar adueñándose de sus calientes pies…






11 de enero de 2017

Escaleras

A veces me paro a pensar. 

Lo hago con disimulo, pocas, la verdad, porque la mayoría de las veces desvarío o divago. No, no le estoy diciendo que diga “vago”, me refiero a divago del verbo divagar, que no tiene nada que ver con el verbo vaguear. Bueno es posible que sí tenga que ver,  ya que muchos vagos tienen mucho tiempo libre y… divagan. En fin, que me estoy yendo por las ramas y voy a terminar cayéndome del árbol.

Como iba diciendo, a veces me paro a pensar, desvariar o divagar. No quiero decir que vaya andando y me pare, no, dejo lo que estoy haciendo y me paro a pensar, como hombre que soy, no puedo hacer dos cosas a la vez.  Y hoy me ha dado por desvariar acerca de una cuestión trascendental: ¿Se ha parado usted alguna vez a pensar, la cantidad de veces que ha subido por las escaleras de su casa? Yo sí. No me pregunte porqué, pero lo he hecho. 

Sí, sé que es raro. Y no sólo es raro el hecho de pararme a pensar en cuántas veces he subido por las escaleras de mi casa, sino que también es raro el hecho de pararme a pensar. Y esta vez no me he conformado con eso, sino que además, también me he parado a pensar en las veces que las he bajado. Y he llegado a la conclusión de que son las mismas. No sólo son las mismas escaleras, sino que además las he subido las mismas veces que las he bajado. Es decir, muchas. Demasiadas. Sin importar si lo he hecho deprisa o despacio, aunque seguramente las baje más rápido de lo que las subo.

 Y he llegado a esa conclusión yo solito, porque si empleamos sólo un poco de lógica, siempre que subimos unas escaleras, tarde o temprano las volvemos a bajar. Salvo que no vuelva usted a salir de casa, lo cual me parece algo bastante improbable, y por mucho que ahora se pueda comprar de casi todo sin salir de casa, siempre habrá algún motivo para que vuelva a convertirse en peatón…

Posiblemente, me dirá que usted vive en un tercer piso con ascensor. En ese caso usted no sólo no cuenta y queda excluido del juego, sino que además estoy completamente seguro de que habrá bajado las escaleras bastantes más veces de las que las ha subido. ¿Cierto o no?... Lo suponía. Pero los que vivimos en una casa de pueblo, de las de toda la vida, de las que eran el único tipo de vivienda hasta que a alguien se le ocurrió amontonar pisos unos encima de otros, y además dicha casa es una casa con dos plantas y buhardilla, tenemos la costumbre de subir siempre andando por las escaleras. Y también las bajamos andando, más que nada, porque no tenemos ascensor.

Posiblemente, me dirá que hay gente que, viviendo en una casa como la mía, si que tiene ascensor… Cierto, algunos casos hay y no voy a negar la evidencia. Pero no me negará, que dicha gente, es gente asquerosamente rica. O escandalosamente rica, llámelo como quiera. Y además, asquerosamente vaga. O escandalosamente vaga. Y yo no soy escandalosamente vago. Un poco quizás sí, eso dice mi mujer, pero no soy escandalosamente vago. Tampoco asquerosamente vago. Ni tampoco soy asquerosamente rico. Ni escandalosamente rico. Bueno, es posible y sólo posible, que esté rico de sabor, pero vaya usted a saber, nunca me ha dado por probarme y… ¡OIGA!... pero… ¿QUÉ HACE?... ¡no me muerda cacho animal!, que sólo tengo dos brazos, y además sólo tengo uno derecho…


En fin, suba las veces que suba las escaleras, y las baje las veces que las baje, hágalo con cuidado no vaya a caerse, piense en la cantidad de veces que le quedan por subirlas… o bajarlas. 






8 de enero de 2017

El Vídeo del Domingo

Hoy dedicaré esta sección a mis amigos de Numabela.

Un grupo, que poco a poco, va cumpliendo sueños a base de esfuerzo y trabajo. Su álbum "Libertad en construcción" es para enmarcar. El vídeo de hoy presenta a la canción que da título al disco y si no lo habéis visto ni escuchado en los 40 principales, es básicamente porque para que dicha cadena te haga caso, hay que tener un padrino que vaya abriendo paso a base de pasta gansa....

Con la colaboración de Jesús Cifuentes (Celtas Cortos), y rodeados de paisajes cántabros, Folk and Roll puro, ahí lo tenéis para disfrutarlo...







5 de enero de 2017

Dichos

Existen dichos que son bastante curiosos. 

Y no son curiosos porque tengan curiosidad, sino porque consiguen despertar la curiosidad de uno. O de dos. O de mucha gente, vaya usted a saber. También puede darse el caso de que esos dichos sean curiosos, es posible, pero ese es un dato que carece de importancia. O si lo prefiere, que su importancia es relativa. Bastante relativa diría yo, si tenemos en cuenta que de lo que vamos a hablar es de la curiosidad que esos dichos despiertan en uno. O en dos, o en mucha gente, vamos…

Como por ejemplo, el dicho “empezar  el año con buen pie…”. Qué quiere que le diga, pero yo, que a mis taytantos aún desconozco si tengo un buen pie o un mal pie, o un buen pie y un mal pie, siempre he procurado empezar el año con los dos pies y a poder ser cada uno en su sitio. Sé que tengo dos pies porque también tengo ojos y puedo verlos cada vez que miro hacia abajo, y que, al menos aparentemente, uno está situado al final de la pierna derecha y el otro al final de la pierna izquierda, pero no sabría decirle si los dos son igual de buenos…  o igualmente malos. Que ambos huelen igual de mal… o bien, porque la cualidad del olor también es relativa… Ambos son de los que dejan huella y qué quiere que le diga, son míos y los quiero a ambos por igual, de la misma manera que un padre quiere a sus dos hijos por igual…

Además, tengo la mala costumbre de ser despistado. O bastante despistado, por lo que nunca he podido llegar a percibir si uno de ellos es más gamberrete que el otro. Si así fuera, el otro, el supuestamente bueno, nunca se ha chivado de su homólogo, en cuyo caso sería totalmente cómplice de las fechorías del malo y, bueno, eso no dice demasiado en su favor… Claro que, también podría darse el caso de que el pie bueno, fuera cual fuese de ellos, también tuviera la mala costumbre de ser tan despistado como yo… y no enterarse de dichas fechorías. Vaya usted a saber, el caso es que se me antoja bastante difícil, por no decir imposible, saber cuál de los dos es el bueno. O si lo prefiere, cuál de los dos es mejor que el otro…




También despierta la curiosidad de uno, o de dos… o de mucha gente, el mundialmente conocido dicho “renovarse o morir”…, dicho que, todo sea dicho de paso, se suele pronunciar cada vez que se empieza una etapa nueva... o un año nuevo. Yo no soy muy listo. De hecho no crea que sea ni siquiera simplemente listo, pero tendría que ser muy tonto para, de entre esas dos opciones elegir la segunda. Y yo no soy muy tonto. Ni siquiera soy simplemente tonto, así que tal y como puede suponer, elegiría la primera: “renovarse”, o más exactamente, renovarme. Renovarse lo hará usted, si es que ha elegido renovarse, si no… qué tonto es usted. O si lo prefiere, qué pocas ganas de vivir tiene… Pero yo, que como ya he dicho antes, aunque soy despistado no soy tonto y ni mucho menos muy tonto, he elegido renovarme.


Renovarse exteriormente no es difícil. Es más, diría que es una tarea que resulta incluso fácil, basta una mano de pintura para tener una imagen completamente diferente. Ahora bien, interiormente va a ser un poco más complicado, y salvo transfusión de sangre con lobotomía incluida, lo cual va a ser bastante complicado teniendo en cuenta los recortes en sanidad, y descartando la sanidad privada porque, no sé si se lo habré comentado alguna vez, pero también tengo la mala costumbre de ser pobre, creo que voy a seguir tal y como estaba antes de renovarme. Y para corroborarlo, basta con leer la cantidad de estupideces que sigo escribiendo… 






28 de diciembre de 2016

!A LA MIERDA!

No, no se me había olvidado escribir… Y no, tampoco se me había olvidado que tenía un blog de humor, en el que intentar juntar palabras con más o menos acierto. O un blog que intenta ser de humor, ya sabemos todos que, el humor, como todo en la vida, es relativo, y lo que a unos les divierte, a otros no les hace ni pizca de gracia…

Se preguntará entonces, por qué si no lo había olvidado, no he escrito nada en los últimos meses. Y si no se lo pregunta, no se preocupe, se lo voy a contar igualmente, se ponga como se ponga, porque a diferencia de Paco Umbral, yo no he venido aquí a hablar de mi libro, sino de porqué no he escrito nada últimamente.

Para escribir en un blog de humor, o en un blog que intenta ser de humor, hace falta, básicamente, tener humor. O sentido del humor, llámelo como quiera. Y yo perdí el sentido allá a mediados de Mayo por culpa de varios sucesos que se dieron en mi vida y que se extendieron hasta finales de Octubre. Sucesos que se presentaron sin llamar a la puerta y sin que nadie les invitara. No voy a extenderme en detalles, porque sería demasiado largo (quien esté interesado puede preguntar por privado), y porque, básicamente, esto es un blog de humor. O un blog que intenta ser de humor… y dichos sucesos no tienen ni pizca de gracia.

Todos hemos tenido alguna vez “el peor año de nuestra vida”, y si usted no lo ha tenido, no se preocupe, por desgracia lo tendrá. O siendo más optimistas, por suerte lo tendrá, porque entonces habrá tenido la suerte de seguir vivo para sufrirlo y contarlo.

Y este ha sido el mío. Un 2016 que, para colmo, le voy a tener que aguantar un día más de lo normal, ya que como año bisiesto que es… ha tenido 366 días. Y no le soporto más. Quizás para usted haya sido un buen año, un año de lo más majo, pero como ser majo también es relativo, yo me reservo mi derecho de que me haya caído mal, porque me hizo perder el sentido.

Afortunadamente, no todo lo que se pierde es para siempre, y algunas cosas, las vuelves a encontrar sin ni siquiera buscarlas. Y yo he vuelto a encontrar el sentido. Más concretamente el sentido del humor. Otros sentidos que perdí, como el sentido del ridículo o el sentido del decoro, prefiero no encontrarlos, porque seguro que de volver a tenerlos me privaría de vivir situaciones que no quiero perderme…


Gerundeando el verbo resumir, o si lo prefiere, resumiendo que es gerundio: alguien dijo una vez “si la vida te da la espalda… tócala el culo”, así que a este año 2016, le voy a despedir con más gozo y algarabía que nunca, tal y como se merece, con una patada en el culo y un portazo en las narices, e imitando a Paco Umbral con un rotundo “A LA MIERDA…”.







8 de mayo de 2016

El vídeo del Domingo.

Un tema que pone los pelos de punta. Sobre todo de quien tenga pelos. Un temazo de uno de los mejores.

Lo pueden llamar premonición o como quieran..., simplemente espectacular.








3 de mayo de 2016

Personaje a exámen.

Capítulo 15. Albert Einstein.



Nuestro personaje de hoy, pasó a la historia gracias a su pasión. Más concretamente a su pasión por la Física. Como no podía ser de otra manera, su pasión le llevó de la mano a convertirse en Físico. Lo cual resulta, cuanto menos curioso, ya que nadie en su entorno llegó nunca a creer que destacara por su físico, considerado más abstracto que físico.

Se convirtió en el Físico más conocido y popular del siglo XX (20, para los que no saben romano), aunque, al menos yo, no sabría decir en qué nacionalidad encasillarle, ya que, aparte de la pasión por la Física, también tenía una pasión desmedida en coleccionar nacionalidades. Dicho afán nacionalista, o anti nacionalista según se mire, le llevó a tener cuatro nacionalidades diferentes. 

Fue tal su extravagancia en ese sentido, que incluso durante cinco años, de 1896 hasta 1901, fue apátrida, es decir, no tuvo nacionalidad alguna… Las malas lenguas afirman que, dicho baile de nacionalidades, tuvo su origen en su luna de miel, consistente en un tour por Europa, de esos en los que hoy en día no tienes tiempo ni para mear, pero que por aquel entonces, por lo que se ve, tenías tiempo de jurar la constitución de cada país nada más pasar la frontera…

Así, pasó de ser alemán a ser apátrida, después suizo, seguidamente austríaco, para finalmente volver a ser alemán. Pero como además de ser todo eso, también era judío, el jodío tuvo que emigrar a Estados Unidos cuando su compatriota Hitler se lió la manta a la cabeza, y le dio por perseguir a todo judío viviente. Cuando digo su compatriota, es porque durante unos años ambos fueron austríacos… y alemanes. Evidentemente y como no podía ser de otra manera, nada más pisar suelo americano… se nacionalizó americano.

Pero ya para entonces, el bueno de Einstein, contaba con una dilatada experiencia en hallazgos científicos. Su primer trabajo reconocido data de 1901, justo cuando se convirtió en suizo, y dado que dicho trabajo, fue un estudio científico sobre la atracción capilar, también fue justo cuando se convirtió en peludo e inmortalizó para siempre su peculiar peinado. Se desconoce cuáles fueron los métodos empleados en dicho estudio, pero fuentes anónimas afirman que consistieron en introducir dos dedos en un enchufe. Vaya usted a saber.

Lo que sí está claro es que, éste primer estudio científico de la atracción capilar, fue de largo el estudio más comprensible y mejor aceptado por la comunidad científica de todos los que realizó Einstein. A partir de ahí, no sé si tendría algo que ver su final aspecto, empezaron a tomarle por loco. O como el mismo matizó posteriormente “relativamente loco”. Y le tomaron por más loco aún, ya que nadie entendía aquello de “relativo” y su extraña teoría de la relatividad…


Os podría contar más cosas sobre Albert Einstein, pero para eso ya está la Wikipedia…





1 de abril de 2016

Actitudes

Un hombre circulaba con su vehículo.

Circulaba despacio. Y no circulaba despacio porque no quisiera circular más rápido, ni tampoco porque su vehículo no tuviera capacidad para ello. Era un vehículo normal, con un motor apto para circular más rápido, con un volante adecuado para dirigirlo de una manera conveniente por la carretera y que, incluso, tenía cuatro ruedas en perfecto estado para deslizarse por la misma. Sin embargo, por circunstancias ajenas a todo ello, no podía circular más rápido.

Y su actitud era, la actitud que tiene alguien, cuando, aún conduciendo un vehículo con capacidad para circular rápido, se ve obligado a circular más despacio de lo que a él le gustaría circular, es decir, una actitud desesperada. Su actitud era la consecuencia de haber salido tarde de su domicilio. Demasiado tarde. Y como si con ello llegara a conseguir circular más rápido, de su boca salían improperios irreproducibles, su mano derecha se desplazaba alternativamente del volante a la palanca de cambios, buscaba continuamente la manera de adelantar y sus ojos intentaban ver más allá del coche que tenía delante…

El coche que tenía delante circulaba a la misma velocidad. También era un coche capaz de circular más rápido y, aunque su conductora también hubiera preferido ir más rápido, tampoco podía hacerlo. A pesar de ello, mientras conducía, acompañaba animada con su voz, la canción que escupía la radio, sin hacerle ningún caso al velocímetro de su coche, adoptando una actitud de  serenidad y sosiego. Porque realmente no necesitaba ir más rápido, había salido de casa con tiempo suficiente para no necesitar ir más rápido y pacientemente circulaba sin perder de vista al vehículo que llevaba delante…

El vehículo que llevaba delante, obviamente, circulaba a la misma velocidad y tampoco podía ir más rápido. Pero a diferencia de los otros dos vehículos, no llevaba ningún otro vehículo delante de él, y aunque su conductor también habría querido circular más rápido, no lo hacía porque el motor de su vehículo no se lo permitía. Se trataba de un vehículo agrícola con remolque incluido, y por más que su conductor pisaba el acelerador no aumentaba la velocidad. La suya era una actitud de resignación, la actitud del trabajador que sabe que terminará demasiado tarde su labor por culpa de que su vehículo no podía circular más rápido. A pesar de ello, se arrimaba todo lo que podía al margen derecho de la carretera, con el noble objetivo de facilitar a los otros vehículos que pudieran adelantarle. Sin embargo, el  que quería adelantarle no podía, porque estaba demasiado lejos como para intentarlo, y el que podía no quería, porque, simplemente, no lo necesitaba…

Moraleja: Conducir despacio no siempre es voluntario, ni tampoco resulta siempre desesperante. Sin embargo, salir antes de casa si es voluntario y nunca desesperante. Así que, si no quieres tener prisa, sal antes de casa. 







Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes.


 

2 de marzo de 2016

Aromatizarse...

Que la estupidez humana no tiene límites es un hecho sobradamente contrastado.

Ni siquiera tenemos que hacer grandes esfuerzos para verificarlo, ya que cada día surge alguien empeñado en darnos pruebas que lo confirme. El globo terráqueo es tan extenso y está tan poblado, que en cualquier lugar y en cualquier momento, puede aparecer alguien que, guiado por su santa inspiración, pone en “funcionamiento” todo su “intelecto” para crear un nuevo invento y conseguir dejarnos, una vez más, con la boca abierta. Y sí, ha vuelto a pasar.

Es probable que usted haya oído hablar del  “Flatulence Deodorizer”. Si no es así, no se preocupe, que ya estoy yo aquí para arrojar un rayo de conocimiento y descubrirle de qué se trata. Evidentemente el invento no es español, ya que de ser así se habría llamado “Aromatizador de Flatulencias”. Seguro que ya sabe por dónde van los tiros. Sí, por ahí abajo. Vea la foto:




Y yo pregunto, ¿de verdad cree el inventor que esta mierda de invento va a aromatizar nuestras flatulencias? ¿De verdad se cree, que el devastador efecto que provoca la ingesta de ciertos alimentos, va a ser amortiguada y disimulada por una mierda de parche con olor a menta? Para mí que este hombre se alimenta de pan y agua. Pero no agua del grifo, no, agua embotellada de la que no tiene impurezas, de la que produce una mierda de flatulencias en lugar de producir flatulencias de mierda.

Pero no es su eficacia, lo que más dudas puede llegar a generar, ya que, en caso de que realmente fuera eficaz, dudo mucho que llegue a superar la prueba de la comodidad. No sé si algún día llegaré a usar algo así, pero estoy seguro de que me va a resultar bastante incómodo llevar eso pegado al culo. Ni siquiera me consuela el hecho de que no tendría que llevarlo adherido a la piel y sufrir una mini depilación cada vez que tuviera que sustituirlo, porque llevarlo pegado a los calzoncillos me parece igualmente incómodo. El hecho de su colocación también me produce dudas ya que… ¿cómo se lo colocarán aquellas mujeres que utilicen tanga? Porque aunque no nos lo creamos, todos los culos, incluso los culos maravillosos, producen flatulencias varias… Vale que el tema compresas se puede solucionar con tampax, pero en este sentido, aún no se sabe si habrá un Flatulence Deodorizer especial tangas… Lo que sí es seguro es la inviabilidad de un tampax rectal, porque haría “efecto tapón”, lo cual supondría un riesgo para la integridad física del individuo así como de todos aquellos que le rodean…

Demasiadas dudas… Lo que es seguro es que, seguramente suponga un importante desembolso económico para todo aquel que se decida a utilizarlo, porque, la verdad, por mucha menta que lleve impregnada… ¿para cuantas flatulencias servirá?, o mejor dicho, ¿cuántas flatulencias soportará antes de que las flatulencias vuelvan a oler… a flatulencias? Ya le digo yo que, al menos en mi caso, aguantaría más bien pocas…




Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes… 






28 de enero de 2016

Asesinato?

La curiosidad mató al gato. Eso dicen...

Y yo me lo creo totalmente. Quizás sólo sean burdas difamaciones, quién sabe, pero cuando el río suena es que algo de verdad hay en ello. No creo que todos los que lo afirman, y son muchos, estén equivocados.

Además,  los antecedentes de la curiosidad no dicen mucho en su favor. Vamos, que un poco asesina sí que es. Es posible que el gato, fuera curioso además de felino, y se metiera donde no le llamaban, pero no me negará que la curiosidad se pasó tres pueblos. Habría bastado con que le metiera debajo del grifo y le diera un escarmiento al pobre gato, pero cuando se es de gatillo fácil, se pierden los papeles con suma facilidad.

Y cuando se es un poco asesino y se pierden los papeles, no se queman las patatas, no, si no que alguien muere. En este caso el gato, pero podría haber sido usted mismo, que no anda a cuatro patas, pero curioso también lo es un rato, porque si no a ver a qué cuento está leyendo esto. Bueno, igual estoy equivocado. Quiero decir que a lo mejor me equivoco y usted sí que anda a cuatro patas. Si es así da igual, no importa, está científicamente demostrado que se puede ser igual de curioso andando a cuatro o a dos patas. Y si no que se lo digan al pobre gato, que no tuvo tiempo ni de maullar un “perdón, sólo pasaba por aquí…”.

Lo que aún no ha sido determinado, es si el acto llevado a cabo por la curiosidad, fue perpetrado con premeditación y alevosía, o si, por el contrario, sólo fue el resultado de un acto involuntario que desembocó en accidente. La naturaleza del acto, determinará si dicho acto es considerado asesinato o, por el contrario, simplemente un gaticidio. Todo está bastante confuso, pero pensando un poco, solo un poco, llegaremos a la conclusión de que para matar a un gato, que todo el mundo sabe que los gatos tienen siete vidas, hace falta perseverancia, lo cual implica una cierta intención de cometer el acto. En realidad implica tener toda la intención.

Claro que, para llegar a esa conclusión, deberíamos confirmar antes que el gato no había consumido ya sus seis primeras vidas, lo cual, querido amigo, resulta una labor bastante complicada dado el anonimato del gato. Si se hubiera tratado de un gato famoso, como por ejemplo Garfield o el Gato con botas, de los que se tiene una referencia bastante completa de su biografía, podríamos haber llegado a una conclusión más o menos acertada, pero siendo un gato anónimo, no creo que eso sea posible.


Compadezco al juez a quien corresponda juzgar el caso, porque me da en la nariz que testimonios de testigos fiables va a tener pocos, por no decir ninguno. Usted haga lo que quiera, pero yo me estoy planteando muy seriamente alejarme de la curiosidad.