El día de San
Valentín es el día del “Love is in the air” por antonomasia, y a estas alturas
de la vida, todo el mundo sabe lo que es: el día en que los comercios dedicados
a la venta de flores hacen su Agosto en Febrero. El día en que su nivel de
ventas sólo es comparable al alcanzado el día de todos los Santos. Por eso, no
voy a descubrir nada que no se sepa ya del Día de San Valentín tal y como lo
conocemos en la actualidad. Pero… ¿cuál es su verdadero origen y significado?
Es curioso, pero
tiene bemoles que, como casi todas las festividades, fuera instaurada por un
Papa allá por el año 496 D.C. (Después de Cristo para los agnósticos), más
concretamente por el Papa Gelasius I (a quien llamaron Gelasius I sin ni
siquiera saber si iba a haber más Gelasius posteriormente, y sin que ni
siquiera llegara nunca a ser padre). Se desconocen los motivos que llevaron a
este hombre a tener tal iniciativa, aunque todo apunta a que, además de ser un
devoto de Dios, también era un devoto de un tal Valentín. Las malas lenguas
dicen que su devoción llegó a convertirse en amor, pero eso está aún por
demostrar.
Quiso la
providencia que, algunos siglos más tarde, un poeta francés, sabe Dios porqué,
en uno de sus poemas, hablara de ese Día de San Valentín como un día de festejo
para todos los enamorados. Ya sabemos todos que Francia es un lugar donde “L’amour” aplica su “in the air” en todo su
esplendor. Tanto es así que, años más tarde, su rey Carlos VI (Carlos sexto
para los que no saben romano), instauró que dicho día los cortesanos alfa
compitieran en varias modalidades para conseguir pareja entre las doncellas
cortesanas. Claro que por aquel entonces, ni siquiera era necesario que
estuvieran enamorados, ni los unos ni las otras, así que el tema tuvo que
evolucionar un par de tuercas más, para que el día de los enamorados… lo
celebraran los enamorados.
Y fue en
Inglaterra donde, a principios del siglo XIX (diecinueve para los que son de
letras), empezó a comercializarse la festividad con la fabricación de tarjetas,
que contenían ese tipo de frases que quedan tan bien cuando se dicen al oído de
tu enamorada/o, para que cada cual se las regalara a su pareja, y que empezaron
a dejar en las arcas de los grandes almacenes importantes sumas de dinero. Sabe
Dios a quién se le ocurrió tal iniciativa, pero todo hace indicar que debió de
ser algún antepasado del fundador de Harrowds…
Años más tarde, a
la anglo-americana Esther Ángel Howland, se le ocurrió añadir a las tarjetas la
imagen del ángel Cupido como símbolo de la festividad. Desconozco que se le
pasaría por la cabeza a esta mujer para llegar a pensar que la imagen de dicho
ángel, soltero y sin compromiso que se sepa, podía llegar a ser la imagen del
amor. El caso es que la idea funcionó y hoy en día, en el día de San Valentín,
un amplio porcentaje de la mitad de la humanidad, intenta demostrarle a otro
amplio porcentaje de la otra mitad, que su amor por ella es incombustible e
insuperable… El resto de días, por lo que se ve, no hace falta demostrarlo…
Podría contaros
más cosas sobre el Día de San Valentín, pero para eso… ya está la Wikipedia.



















