28 de mayo de 2009

FIDELIDAD


Vives con la idea de ser fiel
Con el convencimiento de estar siempre juntos
Esquivando las tentaciones que surgen
Pero de repente un día,
Aparece la vecina y te deslumbra
La observas durante meses
Sus movimientos
Lo que hace y como lo hace
Irremediablemente te sientes cautivado
Piensas que tanta perfección no puede ser natural
Incluso cuando visita tu casa
Es capaz de dejar media docena de flores
Y tú la observas con la boca abierta
Mientras tu mente es abducida por su perfección
Llegas a creer que caerás en la tentación
Pero entonces reflexionas
Y piensas que hace algunos meses
No causaba ninguna admiración
Y que pasaba completamente desapercibida
Posiblemente haya pasado por el quirófano
Y entonces piensas
Yo nunca te seré infiel
Es posible que para ser como la vecina
Necesites algo de cirugía
Un retoque en la delantera
Otro en la retaguardia
Y quizás una pequeña liposucción en el centro
Nada que no se pueda arreglar con dinero
Pero lo más importante
Y por lo que siempre te seré fiel
Es por aquello que no se puede arreglar con cirugía
Tu espíritu y personalidad
Que en su día me enamoró y me mantiene enamorado
Y esos días de felicidad que hemos vivido juntos
Y los que estoy seguro volveremos a vivir muy pronto
Por eso hoy más que nunca
Necesito gritar:
¡HALA MADRID!

18 de mayo de 2009

Euro-risión


Dicen los lugareños más viejos del lugar, que el Festival de Eurovisión, siempre fue el festival de la canción por excelencia. Un festival serio y digno, donde cada país votaba a la canción que más les había gustado… Sabe Dios lo que pasaría en el pasado para que dejara de ser así.

Vaya por delante, que no estoy en desacuerdo con el resultado final, y que los primeros clasificados son completamente merecedores de tal puesto. De hecho, tres de mis favoritas terminaron entre los cuatro primeros, lo cual demuestra, entre otras cosas, que tengo buen gusto para la música. No es que esté pecando de pedante, no, es que es una de las pocas cosas para las que tengo buen gusto. Quizás sea porque mis pabellones auditivos, por tamaño, tienen una acústica semejante a las bóvedas del mejor teatro de ópera. La realidad es que, la mayoría de los países, puntuaron en los primeros lugares a las mejores canciones, lo cual demuestra que es un festival justo.

De las diez puntuaciones de las que dispone cada país, 8 10 y 12, suelen ser para las mejores canciones. Hasta ahí la justicia…, lo dicho, un festival justo. Pero para el resto de puntuaciones, el festival se convierte en una película cómica, pero de las malas, de esas que sabes de antemano como va a acabar la escena, sin necesidad de realizar un curso de adivino. Cierto que no todos tenemos el talento necesario para hacer un pleno como el Sr. Uribarri, pero el día que Andorra o Portugal no nos voten, o que por el contrario, nos vote un país del Este, me dejo crecer el pelo. Es el festival de la diplomacia, en el que cada uno vota a su vecino, o al país con el que tiene mejores relaciones…., y ahí es donde me pierdo. Sí, ya sé que todo el mundo lo sabe, y que no estoy descubriendo nada paranormal, pero reflexionando un poco, sólo un poco, pienso: “¿Tan mal caemos en Europa los españoles, para que sólo nos voten 4 países de 42?”.

Increíble ¿verdad?, yo tampoco sabía que había tantos países en Europa. Ni tampoco sabía que en Andorra tenían tan mal el oído, como para darnos 12 puntos. Empiezo a pensar que son unos fanáticos de todo aquel que cante en español. Bromas aparte, la canción española, no era ni buena, ni mala, simplemente se mantenía en la línea de las otras 18 canciones que no eran favoritas para nadie. Si quedó la penúltima, fue porque los españoles, de diplomacia, andamos más justos que de dinero. Esa fue realmente la diferencia entre el quinto puesto y el 23. Yo propondría a los responsables españoles de Eurovisión, que no fueran al festival hasta haber aprobado, al menos, el tercer curso de diplomacia. Seguiríamos sin ganar el festival, pero al menos tendríamos más amigos, porque en contra de lo que creemos los españoles, los amigos no se ganan llevándolos a un tablao a tomar cañas y tragarse unas tapas…, ni regalándole un piso ó un trabajo al primer inmigrante que lo pida, porque en cuanto se les pasa la resaca, ni se acuerdan de con quién estuvieron. No, por desgracia, los “amigos”, se ganan lamiendo unos cuantos traseros en los lugares donde hay que lamerlos, es decir, politiqueo puro y duro, que los españoles, por lo que se ve, aún estamos a años luz del resto de Europa…

Mecachis !!!, con la de años que nos ha costado ganar una Eurocopa, que ya parecía que éramos como el resto de Europa, y ahora resulta que cantando no pasamos ni de la primera fase…

11 de mayo de 2009

El valor del dinero...



El otro dia, mis hijos se fueron de excursión con el colegio. Y vinieron a mi memoria, aquellas excursiones organizadas por el colegio cuando yo era un niño. Bueno, en realidad tengo mis dudas de que ya haya dejado de serlo. Aquellas excursiones, cuyo precio estándar era de 300 pesetas, y que básicamente, suponían salvarse de un día de clase, eran un auténtico motivo de algarabía para los alumnos, que sentados en el autobús, veían una de aquellas películas de Bud Spencer y Terence Hill, o de Bruce Lee, tan de moda en aquella época.

Esas excursiones, propiciaban que me sintiera un niño afortunado, ya que mi madre los días de excursión, siempre nos daba 100 pesetas de las de entonces para que compráramos chuminadas, y eso, como os podéis imaginar, no pasaba todos los días. El que un niño menor de 10 años, tuviera en el bolsillo tal cantidad de dinero, era sacrilegio y sólo pasaba habitualmente en las familias adineradas. Los demás, teníamos que esperar a que hubiera un buen motivo.

Y en aquellos tiempos, con cien pesetas podías hacer muchas cosas. Podías ir a las ferias, donde el precio del billete, por aquel entonces, era de 25 pesetas, y subirte en cuatro atracciones. Los mayores tenían de sobra para un par de cafés y una copa de Coñac. Podías viajar en tren o autobús un par de veces. Incluso ir al cine, aunque no era suficiente para comprar también palomitas. La verdad, es que podías hacer bastantes cosas.

Y si no, que se lo pregunten a Rafaela Carrá, que cantaba aquello de “Mama dame 100 pesetas, porque a América me voy…”. Que yo siempre he pensado, qué coño pensaría hacer en América, una italiana con 100 pesetas…, si es que conseguía llegar…, debió de pensar que a América se podía viajar en tren o autobús. O era muy valiente, o estaba como un cencerro, seguramente más bien lo segundo. Ni siquiera se paró a pensar, que allí, los italianos, sólo sobreviven si son miembros de la mafia, o en su defecto, si saben hacer pizzas…

Sin embargo, hoy, con cien pesetas, casi ni puedes comprar un pan, lo de ir al cine se ha vuelto imposible, aunque sea sin palomitas, en las ferias no compras ni churros, y ni siquiera te alcanza para un café. Sí, ya sé que desde entonces ha habido unas 30 subidas del IPC, pero aparte de eso, aún me pregunto, porqué cuando llegó el Euro, un café que valía aproximadamente unas cien pesetas, de la noche a la mañana, pasó a costar un Euro, que traducido a pesetas son 166, es decir, casi el doble. Y al igual que el café otros muchos artículos que casi duplicaron su valor por arte de magia. Asumimos inconscientemente que la moneda de 1 Euro, equivalía a la moneda de 100 pesetas….

Lo mejor de todo es que, el mismo que se queja de la subida del precio del café, es el que después nos vende cualquier otro artículo que ha experimentado la misma subida de precio…

22 de abril de 2009

¿Crisis?...¿Quién es esa?



Voy a hacer una vaga reflexión acerca de la crisis. Bueno, vaga no es, no trabaja porque está en el paro, pero no es vaga. Todo el mundo la nombra. Todo el mundo habla de ella como si la conociera realmente. Muchos la conocemos, más o menos, pero otros…. Y curiosamente son los que más hablan de ella. Me estoy refiriendo a esos señores, de traje y corbata, cuyo lugar de trabajo es ese edificio, que está adornado a cada lado de sus escaleras con un León de piedra. Dice la leyenda que se volvieron de piedra por oír tantas tonterías a sus espaldas.

Nos quieren hacer creer, que están trabajando en pos de mandar a paseo a la tal Crisis…, y nos dicen al mismo tiempo que hay que apretarse el cinturón. Claro, la crisis te hace adelgazar y corres el peligro de que se te caigan los pantalones. Dicen que habrá recortes presupuestarios… ¿De dónde? La verdad es que no se me ocurre ninguna partida presupuestaria que recortar. Todas ellas se me antojan importantísimas. El presupuesto de Sanidad, está sujeto con alfileres, igual que el de Pensiones. Y no digamos nada del presupuesto para la prestación del desempleo, que quieren rebajar, empresa que veo difícil que consigan, porque está ya tan rebajado que está muy por debajo de la cantidad presupuestada para el papel higiénico de los servicios del congreso…

Y claro, al final, como no hay de dónde agarrar, se acogerán al decreto 1658/33, sección 5ª, aptdo. 22, según el cual, tienen la capacidad legal necesaria para reunirse, con comida gratis incluida por supuesto, y decidir entre todos, como si se llevaran bien, una “ligerísima” subida de impuestos, que supuestamente nuestros bolsillos no van a notar… porque como nos han “regalado” 400 euros, que no vamos a tener que devolver nunca…

Igual me equivoco, pero… sólo por poner un ejemplo… ¿Cuántos políticos, alcaldes, concejales y demás familia de nuestro país, disponen de coche y chófer a su disposición para sus desplazamientos? No sé cuántos serán, pero a pocos que sean, seguro que representa un buen pellizco de esos presupuestos insostenibles. Y me pregunto porqué cualquier ciudadano de a pié, mileurista o no, tiene que pagarse todos sus gastos de desplazamiento a su lugar de trabajo y pagar el mantenimiento del coche. Y además, conducir uno mismo, que no cuesta dinero, pero cansa… Y porqué muchos de esos políticos, tienen además, dietas y pluses adicionales tan absurdos como el de la asistencia, si cualquiera de nosotros, tiene que pagarse la comida y cumplir un horario sin escatimar ni un segundo… Y eso sólo por hablar de algo que está a la vista de cualquiera, porque seguro que hay más asuntos ocultos de los que nunca tendremos ni el más mínimo conocimiento...

Que nadie me malinterprete, porque yo soy apolítico de nacimiento, y esto no es una crítica al actual gobierno, ni muchísimo menos. Soy de los que piensa, que la política de un país, la hacen todos los políticos del mismo, sean gobierno o sean oposición. Este país, está dividido en dos frentes bien definidos, y mientras que una mitad intenta hacer cosas, la otra mitad se dedica a poner la zancadilla en lugar de ayudar, con crítica cuando proceda, y apoyando cuando sea necesario. Históricamente nunca ha sido así, seguramente no lo seguirá siendo, y lo estamos pagando ahora.

Estoy convencido de que tenemos buenos políticos, pero me gustaría más que tuviéramos políticos buenos, de los que se preocupan más por el bienestar del pueblo que del suyo propio. Sí, ya sé que estoy pidiendo un imposible…, pero soñar es gratis, y si no lo fuera lo metería dentro de mi presupuesto…

17 de abril de 2009

Cuestión de Amígdalas...

Andaba yo dándole vueltas en mi cabeza, a un pensamiento un tanto extraño. Bueno, no más extraño que otros de los que ya he dejado constancia en éste medio, pero si lo suficientemente locuaz, como para que mi cabeza terminara dando vueltas con él. No sé si alguien más habrá tenido algún pensamiento similar, si es así lo siento por el individuo en cuestión, porque dudo mucho de que haya llegado a una conclusión definitiva sobre el tema sin haber sufrido antes una apoplejía múltiple.

Mi pensamiento giraba en torno al porqué el creador, nuestro creador, fuera quien fuera, no voy a discutir ahora temas religioso-centíficos, nos dotó de ciertas partes de nuestro organismo, cuya función, no sólo está en entredicho, si no que algunas, ni siquiera están, siendo dichas partes, completamente innecesarias para cualquier actividad en la que nos veamos inmersos.


Por ejemplo, las Amígdalas. Empiezo por ellas, porque, debido a que las mías se encuentran ahora mismo llenas de esos puntitos blancos llamados “placas de pus”, son las primeras en venir a mi mente. Yo soy un poco inculto, pero ¿realmente sirven para algo más que para inflamarse y hacernos ver las estrellas cuando tragamos lo que sea? Ya que, por narices, nos vemos obligados a nacer con ellas, ahí colgando en nuestra garganta, nos las podrían cortar nada más nacer, como si fueran una extensión del cordón umbilical. Total, un corte aquí y otro allá, no se iba a notar. Nadie nos iba a llamar deformes por tal extirpación, seguiríamos siendo igual de feos con amígdalas que sin ellas…

Otra parte de nuestra anatomía, y esta si que está demostrado que podemos subsistir perfectamente sin ella, y yo doy fe de tal afirmación, es eso que nos aparece cuando vamos creciendo por diversas partes de nuestro cuerpo y que se conoce con el nombre de “Folículo Piloso”, popularmente llamado “Pelo”. Y no me refiero sólo al que algunos llevan en la cabeza, si no a todo el que tenemos por el cuerpo. ¿No creéis que si fueran realmente necesarios, los maniquíes los llevarían también? Pero ellos no lo llevan, y la verdad, algunos maniquíes son más agradables de ver que algunos humanos, si nos vamos al apartado estético del asunto. En realidad son un incordio y sólo sirven para hacernos gastar el dinero en espuma de afeitar y maquinillas, que dicho sea de paso, valen una pasta. Eso por no hablar de la pérdida de tiempo que tal menester supone, sobre todo en el caso de las féminas, que aunque no tengan barba, bueno algunas sí, deben depilarse piernas, sobacos, ingles y demás rincones en los que resulte antiestético, y porqué no decirlo, también algo antihigiénico. Yo, que no recuerdo cuando fue la última vez que visité una peluquería, lo siento por los peluqueros, pero conmigo no van a hacer negocio…

¿Y qué me decís de las uñas de los pies? Las de las manos se salvan, porque sirven, entre otras cosas, para arrascarnos, para arañar, para comérnoslas, y para que el CSI busque pruebas debajo de ellas, ¿pero las de los pies? Para lo único que sirven es para desgraciarnos los calcetines cuando se nos olvida cortárnoslas, o para que nos comparen con un águila. Otra pérdida de tiempo inútil, hacerse la pedicura de cuando en cuando, lo que nos acarrea a algunos dolor de riñones por estar tanto tiempo doblados intentando cortar uña y no carne. Sinceramente, creo que a día de hoy, podríamos sobrevivir perfectamente sin uñas en los pies. En un futuro, quién sabe, hace muchos años, necesitábamos los nudillos de las manos para andar…, pero dudo mucho de que lleguemos a usar nuestros pies para algo más que para apoyarlos en el suelo o para dar patadas…

Otra muestra de inutilidad, es el apéndice que llevamos dentro, llamado Apéndice, y valga la redundancia, que todos sabemos que está allí, porque nos lo han dicho, y porque en algunos casos, como las Amígdalas, también llega a inflamarse inflándose como un globo. Es un acto de rebeldía de dicho apéndice, que lo único que quiere es que le saquen al exterior y dejarnos una llamativa cicatriz en el abdomen. No se conoce de ningún caso de operados de Apéndice que no hayan podido llevar una vida completamente normal con posterioridad, y me refiero a la gente normal.

Llegará el dia, en que cuando nuestros hijos vayan a nacer, vendrá el cirujano de turno a la sala de espera a preguntarnos: ¿Usted quiere que su hijo tenga amígdalas? ¿Y pelo? ¿Quiere que le quitemos las uñas de los pies? Y pensaremos en el dinero que nos vamos a ahorrar en calcetines, y decidiremos si queremos un hijo metrosexual o un hijo retrosexual…

Quizás todas esas pertenencias, sean producto de la avaricia humana, siempre tan obsesionada con las posesiones, aceptamos todo aquello que vaya detrás del verbo “tener”. ¿Cómo no vamos a tener amígdalas, o pelo? No seríamos hombres respetables si no tuviéramos uñas en los pies y un apéndice debajo de la carne abdominal. Fijaros si somos avariciosos, que hasta queremos tener suegra…

11 de abril de 2009

El viajar es un placer II....y punto final.

Continuación del primer escrito “El viajar es un placer…” porque dos días y medio en Londres, dan para mucho. Demasiado como para contarlo todo en un solo blog. Así que, por mucho que os pese, voy a seguir contando cosas…


Lo bueno de viajar, aparte de viajar, es que aprendes muchas cosas…, por ejemplo yo aprendí, que es bastante más caro el combustible de un tren, useasé la electricidad, que el combustible de un avión, que por cierto no tengo ni pajolera idea de qué combustible usa. Al menos es lo que deduzco del precio del billete. 2.000 km., por el aire cuestan 50 euros, y 60 por raíles unos 25 euros al cambio. A lo mejor es porque cambian los raíles todos los días, por aquello del rozamiento. Vaya usted a saber porqué, eso no lo aprendí.


Y mis padres también aprendieron, entre otras cosas, que te puedes reír mucho en un museo si vas acompañado de…, bueno, dejémoslo en acompañado. Sólo en un museo, puedes ver con tus propios ojos, e incluso, tumbarte un rato al lado de la momia de Cleopatra o de Ramsés I, ó el II…, bueno un Ramsés de esos, que había unos cuantos y no sé quien estaba allí y quién no…, porque ciertamente, no se lo contéis a nadie, pero no los conozco de vista…


La verdad es que Londres, en contra de lo que yo pensaba, es una ciudad con mucho encanto. Andar por el metro es toda una aventura. Lo mismo te encuentras un pasillo de dos kilómetros, lo cual te lleva de una estación a otra sin tener que subirte a un vagón, que una escalera de 193 peldaños, como la que te lleva a la superficie en Picadilly. Aún lamentamos habernos hecho los valientes en lugar de subir por el ascensor como la gente normal. Y todo ello, únicamente para ver una de las plazas más famosas de Europa, que no entiendo porqué tanto alboroto, si lo único que tiene son unos anuncios gigantescos de neón… Todo eso amenizado con música de proyectos de artista, eso sí, unos con más futuro que otros, que incluso te sonríen cuando te pones a bailar a su lado…

Pero a mí, se me cayó al suelo un mito. Uno de los mitos más sagrados y de los que siempre se ha hablado cuando se piensa en Londres. Ese mito no es otro que el de la niebla. En dos días y medio y tres noches allí, no atisbé ni gota de niebla, caray, si cualquier día en mi pueblo hay más niebla que allí. Si al final va a resultar, que lo que vemos en la tele es tan sólo el humo del cigarro del cámara que rueda las imágenes para el telediario…

Lo que sí que pude comprobar, es la veracidad de la leyenda esa que dice que los guardas que “custodian” las murallas de la Torre de Londres, no se mueven ni para pestañear. Vamos, que puedes estar haciendo el tonto delante de ellos hasta que te hartes sin que ni siquiera se inmuten. Creo que sus pantalones no llevan cremallera porque un día, se la bajaron a uno y el pobre pasó un día entero de vergüenza… Afortunadamente, ese día no pasó por delante la Reina, porque de haber pasado, el pobre habría perdido todo menos la vergüenza. Lo que no entiendo, es para qué ponen guardias a “custodiar” la puerta con la millonada que se han gastado en sistemas de seguridad. Si es que son más raros…

Lo que no tiene ningún mérito, es lo de la puntualidad británica. Hay tantos relojes por la calle, que en esa ciudad la impuntualidad debería de estar penada con la muerte. Además, no son relojes pequeñitos, no, son relojes todos ellos tan grandes como el mismísimo Big Ben. Que anda que no tiene gracia, ponerle nombre a un reloj como si le hubieran bautizado. No bastaba con llamarle Big Clock, no, tenían que bautizarle como Dios manda y llamarle como a Benny Hill…

En fin, quien quiera saber más de Londres, que vaya él, que yo ya me he cansado de escribir sus rarezas. Pero por favor… no vayáis en tren u os quedaréis sin el plan de jubilación…

Un paseo por Londres....

Las imágenes que aparecen en éste video pueden herir la sensibilidad. Se ruega no visionarlo inmediatamente después de comer, ya que puede ocasionar bómitos incontrolados.

Película clasificada...


26 de marzo de 2009

Viajar es un placer...

“El viajar es un placer, que nos suele suceder…” Sabía cuando organizamos el viaje a Londres, que allí iba a ver a unos cuantos ingleses en su hábitat natural. Pero además de eso, está científicamente demostrado, que viajes donde viajes, siempre te vas a encontrar, a un oriental con una cámara, a un italiano intentando ligar, a un mexicano chistoso, y a un grupo de españoles haciendo tonterías… Los tres primeros, con mucha paciencia, podrían llegar a rehabilitarse, pero para los españoles, sobre todo si se trata de mi familia, cualquier intento de rehabilitación, no pasará de ser eso, un mero intento. Viajar a cualquier lugar con toda tu familia, puede llegar a ser una experiencia mística, os lo aseguro…


En primer lugar, aconsejo a todo el mundo, no comer alubias si se va a viajar en avión. A 15.000 metros de altura, los gases acumulados se expanden, ejerciendo presión por todas las partes del cuerpo, y claro, hay que aguantarse, porque en los aviones, a día de hoy, no se pueden abrir las ventanillas para airear el ambiente. Así que te toca sufrir en silencio, sentadito y sin mover ni un solo músculo. Cualquier movimiento puede ser letal. Hacer eso, o encerrarse todo el vuelo en el baño. Pero no lo recomiendo, porque si te sueltas el cinturón, la densidad de los gases te elevarán hasta el techo creándote complejo de lámpara. Cuando por fin pude bajar del avión, besé el suelo, pero sólo fue una manera de disimular, ya que mi verdadera intención era inclinarme para descargar, si no todos, si la mayor parte de los gases sin llamar la atención.


Lo bueno de llevar sólo equipaje de mano, es que no te pierden las maletas y que no tienes que esperar a que te las den. Sin embargo, a mi me hacía ilusión esperarlas, así que ni corto ni perezoso, le hice un gesto a mi hermana, y nos fuimos corriendo al comienzo de la cinta transportadora, y dejando allí nuestros bolsos, corrimos hasta el otro extremo a esperarlos. Qué éxtasis, el ver como nuestro equipaje recorría aquellos 30 metros hasta llegar a nuestros brazos. Aquel segurata enorme que miraba atónito la escena, enseguida se dio cuenta de que sólo podíamos ser españoles…


Cuando llegamos al hotel, me entró complejo de caracol. Nuestra habitación era tan pequeña, que la podría haber llevado encima sin ningún tipo de esfuerzo. De hecho, si me descuidaba, dormía con la cabeza fuera. He visto tiendas de campaña de dos plazas mucho más grandes. El camarote de los hermanos Marx, era un palacio comparado con aquel cubículo. Lo que nunca entenderé, es por qué si estamos en el mismo uso horario que Londres, cuando llegamos allí tenemos que atrasar una hora el reloj. Aconsejo, que también atraséis el reloj del móvil si lo vais a usar como despertador, si no queréis presentaros a desayunar a las 7 de la mañana y encontraros el comedor cerrado a cal y canto…


Londres, es la ciudad, que teniendo la mayor cadena de cafeterías, tiene el peor café que he tomado en mi vida, y eso nos dejó una de las frases más pronunciadas en el viaje... “Qué mierda de café!!!”. Aunque esa no fue la única frase que recordaremos toda la vida. Aquí va alguna frasecita más:
¿Dónde está tu padre? –Mi madre cada vez que nos bajábamos del metro…
¿Dónde está Pedro? –Cualquiera de nosotros cada vez que mi hermano metía el turbo y le perdíamos de vista…
¿Tomamos algo? –Yo, que me gusta bastante eso de tomar unas cañas…
¿Lleváis los billetes en la mano? –Mi hermano cada vez que íbamos a subir al metro…
¡Déjala que disfrute! –Mi padre a mi madre cada vez que ésta reprendía a mi hermana por hacer el tonto…
¡Que no es eseeee! –Mi hermano cada vez que nos equivocábamos de andén en el metro…
¿Otra iglesia? –Mi padre… no voy a explicar los motivos…
¿Cómo se dice café cortado? –Yo, que siempre me lo decían y nunca me acordaba…

En fin, cosas que se dicen en los viajes multitudinarios. Entre otros lugares, de cuyo nombre no me acuerdo, visitamos la Galería Nacional, a la que por alguna extraña razón ellos le llaman “National Gallery”, muchas habitaciones llenas de cuadros y vacías de muebles…, Buckingham Palace, al cual recomiendo visitar de día, porque de noche no se ve una mierda… Notting Hill, lugar no recomendado para compradores compulsivos, ni para aquellos que son susceptibles de perderse… El British Museum, al que llaman museo, pero que se parece más a una oficina de objetos perdidos, o mejor dicho robados, porque casi nada de lo que hay allí es producto nacional. Claro que los ingleses siempre han sido hábiles en el arte de apropiarse de lo que no es suyo…, de hecho, me extrañó mucho no ver allí metido al mismísimo peñón de Gibraltar…


También visitamos la torre de Londres, donde vimos las joyas de la corona. Muy bonitas y lujosas ellas, cosa que no me extraña, con el dineral que cobran por entrar a verlas. Al menos, las murallas de la fortaleza que las protege son dignas de ver, y para completar el billete, hasta te puedes hacer una foto con el famoso Beefeater que teóricamente custodia las murallas, pero que en realidad, por sus sospechosos coloretes, me parece que lo único que custodia son las botellas de ginebra de su mismo nombre.


Lo bueno de viajar, es que te das cuenta de la verdadera dimensión de las cosas. Así, gente rural como nosotros, que pensábamos que El Corte Inglés era la panacea de los centros comerciales, descubrimos que no, que el Corte Inglés, es eso, un corte de un cuarto del verdadero centro comercial Inglés, el centro comercial Harrods, donde no hay más lujo porque se les acabó el dinero. ¿A que en el Corte Inglés no hay porteros que te abran la puerta mientras te dicen no sé qué?… Y subir por las escaleras mecánicas, y encontrarte con una señorita cantando ópera asomada a un balcón, es algo que yo pensaba que sólo pasaba en las películas… Eso sí, os aseguro que en el Corte Inglés, con veinte euros puedes comprar algo, en Harrods creo que sólo puedes comprar un par de imanes para la nevera…


Y es que, en Inglaterra, pasan cosas muy raras… No sé cómo ligarán allí los gays, pero intenté entrar en un “local de ambiente” de esos en pleno Soho, porque me meaba… so malpensados, y no me dejaron entrar por ir sólo… O son gente muy, muy rara, o es que los restaurantes chinos que abundan en esa zona, le ponen algo a la salsa de cerdo agridulce… Al menos a nosotros no nos afectó, y fuimos españoles hasta el último momento, cuando ya en el tren que nos llevaba al aeropuerto, comimos jamón con pan a papos llenos, es lo bueno de viajar con mi madre…, siempre tiene un poco de jamón a mano…


No sé si volveré a ir a Londres, ni mucho menos si iré con mi familia…, pero ya no me hace falta, porque ya estuve allí, disfruté de lo que vi, pero sinceramente, disfruté mucho más de la compañía…

19 de marzo de 2009

¿El dia de qué?...

Los medios de comunicación, a base de publicidad, nos quieren hacer creer que hoy es el día del Padre. Y también, que es necesario gastarse el dinero en regalos, que nos hagan sentir más padres de lo que lo somos otros días. Y por desgracia, en muchos casos lo consiguen. Pero que equivocados están.

Quien es padre, es padre todos los días del año. No necesitamos un día específico para sentirnos padres más que cualquier otro día. Y eso, los niños, lo saben muy bien. Ellos son la razón de que seamos padres a diario, y no esperan a que nadie les diga que es el día del padre, para hacernos regalos. A nuestros hijos, no les importa no tener dinero para hacer un regalo.

Hoy, como muchos otros días del año, me han vuelto a hacer un regalo. Un regalo, que nunca tiene anuncios publicitarios, porque con él nadie hace negocio. Sólo se beneficia el Padre. Es el regalo más caro del mundo. Un regalo, para el que no hay dinero suficiente, y que por eso está fuera del mercado. Ese regalo, es el abrazo de un hijo, y no creo que nada, absolutamente nada, nos haga sentir más padre. Quien tenga ese regalo, será un padre feliz.

6 de marzo de 2009

La vida al revés...

Siempre he pensado, que los humanos tenemos la vida muy mal organizada. Cada etapa que atravesamos, tiene establecidas unas ocupaciones para llevar a cabo, con unas directrices que ni siquiera se sabe quien las marcó, y de las que nadie se escapa. Bueno, nadie que lleve una vida de las que consideramos una “vida normal”. Y ahí está el fallo, en lo que consideramos una vida normal, porque… ¿qué es una vida normal?



Las etapas que vamos superando a medida que vamos creciendo, son tan antiguas como la vida misma, y las llevamos a cabo con total dedicación. De hecho, ni siquiera nos planteamos que la vida se pueda organizar de una manera diferente. Supongo que quien planificó nuestra vida, tal y como la conocemos, fue algún individuo de los llamados “trabajadores ejemplares”, porque lo planificó todo de tal manera, que exprimimos nuestro tiempo, primero en estudiar para ser hombres de provecho, y después en eso…, en ser hombres de provecho trabajando humildemente y anhelando que llegue el día de nuestra jubilación, a poder ser anticipada… Pero para lo que entendemos como disfrute, dicho personaje no pensó demasiado, vamos que no perdió mucho tiempo en ello, ni se produjo una hernia cerebral estrujándose los sesos para facilitarnos una vida de relax.

A saber, cuando somos niños, nos obligan a estudiar, cuando lo que de verdad queremos hacer es estar todo el día jugando. Además, en los ratos libres, no tenemos suficiente autonomía, ni motriz, ni económica, para movernos solos. Cuando llegamos a la adolescencia, es aún peor, porque la alteración de hormonas, nos pone en rebeldía ante cualquier obligación impuesta. Tenemos autonomía para movernos, pero aún tenemos limitaciones económicas que nos impiden hacer todo lo que quisiéramos.

Es ahí cuando nos vemos obligados a iniciar lo más rápido posible nuestra vida laboral, para conseguir también la independencia económica, pero…. Enseguida nos damos cuenta de que con ello no conseguimos nuestro objetivo. Las jornadas laborales, son bastante peor llevaderas que las jornadas escolares, y la mayoría de los días, la escasez de tiempo, y el agotamiento, nos impiden hacer lo que queremos. Todo esto se agrava, si además tienes descendencia, ya que se añade otra frustración más, por perderte muchos momentos que te gustaría vivir con tus hijos, y que no puedes vivir, únicamente, por estar viviendo otros momentos con tu jefe, para qué negarlo, bastante más ingratos…

Así que, a medida que quemamos años de vida laboral, nuestras ganas de jubilarnos aumentan en proporción geométrica, vamos, a lo bestia, y cuando ésta llega…, entonces tenemos todo tipo de autonomía, y todo el tiempo del mundo, pero…, nos damos cuenta de que ya no estamos ni para un cortao, ni para un pasodoble, y que para ir de excursión, nos tenemos que resignar al itinerario que nos haya querido programar el Inserso, si es que pillamos una plaza en el autobús…


Sí, ya sé que en la vida hay tiempo para todo, pero creo que nuestra vida sería mucho más llevadera y mucho más placentera, si la organizáramos de esta otra manera:

Nuestra vida laboral, podría empezar cuando cumpliéramos 65 años. Como tendríamos un sueldo, no cobraríamos la Jubilación. Dicha jubilación la habríamos cobrado durante nuestros primeros veinticinco años de vida. Lo emplearíamos en ahorrar todo lo posible, y emplearíamos nuestro tiempo en dedicarnos a jugar, a divertimos, y a estudiar un poco, pero tampoco demasiado. Durante esta etapa, nuestros abuelos nos mantendrían y pagarían los estudios, ya que ellos estarían trabajando. A los veinticinco podríamos entrar en período de jubilación y vagancia extrema, podríamos hacer lo que nos viniera en gana, ya que dispondríamos de tiempo y dinero suficiente para movernos a nuestro antojo al menos durante unos 25 años… Una vez cumplidos los 50, podríamos casarnos, formar una familia y vivir del sueldo de nuestros padres, que por fin estarían en edad de trabajar. Cuando lleguemos a los 65, nos tocará empezar a trabajar para mantener a nuestros nietos, que se estarían pegando la vida padre, o mejor dicho, la vida abuela. Los que consigan llegar a los 90 años, que ya es una buena edad para sentirse realizado, habrán disfrutado de la vida durante 65, y tan sólo habrán trabajado 25, por supuesto a un ritmo tan bajo y lento como su desgastado cuerpo se lo permita…

Posiblemente, a muchos, no les importaría morir antes de iniciar su vida laboral, pero entonces… ¿De qué iban a vivir nuestros hijos y nietos? Por favor, pensemos en ellos, e intentemos vivir al menos hasta los 120 años… Lo de ser inmortales, lo dejaremos para los currantes de verdad…



31 de enero de 2009

Los Héroes también son raros...

Tal y como dije en mi escrito “Los cuentos, cuentos son.”, también existen ciertos personajes masculinos de ficción dignos de estudio. Vamos a analizar a alguno de ellos, sin que su buena imagen, nos haga confundir la realidad, ya que, aunque cierta imagen tiene una amplia carga de tinte heroico, su personalidad está llena de extravagancias y rarezas múltiples. ¿A qué son debidas esas rarezas? Vaya usted a saber…





Nuestro primer personaje, es el Superhombre por excelencia. Fue el primer metrosexual de la historia, y aunque se equivocó claramente de diseñador, ha servido de inspiración a todos los que se dedican al culto al cuerpo. Sin embargo, posiblemente, además de ser el hombre más fuerte, también es el peor asesorado. Sólo así nos podemos explicar su extraña vestimenta. Porque lo de llevar los calzoncillos por encima del pantalón, sólo puede tener una explicación…, para que no se le ensucien. Lo que no se ha parado a pensar, es que lo que se le mancha, son las mallas esas que lleva debajo de los gallumbos. Además, ese tipo de ropa interior está completamente pasada de moda, lo que supone otro motivo más para esconderlo. También me gustaría saber, porqué un tio que puede volar, lleva todo el día puestas unas botas de agua… No sé vosotros, pero a mi, que tenga que ser un tio así el que me salve de lo que sea, me da escalofríos….





Nuestro segundo personaje, Bond, James Bond, como el dice siempre, al contrario que el primero, tiene la elegancia por bandera. Haga lo que haga, y se meta donde se meta, el tío siempre sale en perfecto estado de revista. Llongueras debería dejarse de experimentos, y preguntarle a él directamente, de dónde coño saca esa súper gomina. Entre sus habilidades, destaca la de abandonar mujeres en la cama a la mañana siguiente de…, bueno de “eso”. Debe de ser que no tiene casa, y si la tiene la usa muy poco, quizás sea que no le gusta hacerse la cama. Lo que no entiendo, es porqué a mi, me obligan a hacerla, y a él, le permiten que se vaya sin más. Por lo que se ve, puede hacer lo que le venga en gana, porque claro, como tiene licencia para todo, incluso para matar…, a ver quién intenta obligarle a que haga la cama…





El tercer personaje, es una mezcla de los dos anteriores. En teoría, es profesor, aunque la realidad, es que deja en mal lugar a dicho colectivo, ya que sus sustitutos, ocupan el puesto más horas que él. Extravagante como Superman y mujeriego con Bond, pero a pesar de eso, no tiene, ni la fuerza del primero, ni la elegancia del segundo. Sale a trompicones de todas las situaciones en las que se ve envuelto, con armas tan sofisticadas, como un viejo revolver con una capacidad de 120 proyectiles, un látigo que lo mismo sirve para usar a modo de liana, como para mantener a raya a las fieras, e incluso para desarmar a los malos, y un súper sombrero, resistente al fuego, al agua, a los atropellos, a los olvidos, e incluso al viento. Los conductores de vehículos públicos huyen de él, porque todos los vehículos en los que se monta, acaban estrellados. De hecho, gracias a él nacieron las compañías de seguros. Es incapaz de mantenerse limpio más de 5 minutos de película seguidos, es el orgullo de Camacho, porque siempre está sudando la camiseta. Aún no sabe que ya se inventaron las maquinillas de afeitar, y a pesar de todo, les sigue gustando a las mujeres…. Quizás su secreto sea, que nunca le abandona su desodorante…





Y por último, éste singular personaje. Aunque su rostro no nos sea conocido, porque nunca ha sido visto en público, se trata de un personaje muy famoso, constituyendo uno de los misterios más perseguidos de la televisión. Se trata, ni más ni menos, que de el famoso Charlie. Sí, aquel al que tres auténticas diosas de la belleza a las que él llamaba “ángeles”, intentaban ver cómo era fracasando estrepitosamente una vez tras otra. Ahora podemos entender, porqué el bueno de Charlie, nunca se dejaba ver en público…

13 de enero de 2009

Historias de la puta Mili.

Para todos los de mi generación, y por supuesto, generaciones anteriores, hablar de la mili, supone, en la mayoría de los casos, recordar una etapa de nuestra vida en la que nos vimos obligados, a vivir de una manera completamente diferente a lo que se entiende como una vida normal.

Algunos, tuvieron la suerte de vivir esa etapa cerca de su hogar, pudiendo volver a él casi todos los fines de semana. A otros nos mandaron lo más lejos que pudieron. Tan lejos, que en algunas ocasiones, no sabía si estaba en España o en Marruecos. Tanto, que muchos lugareños no sabían en qué punto de la península se encontraba Cantabria. Demasiado lejos como para pensar en hacer una visita fugaz a la familia. Así que, sólo pude volver a casa 3 veces en toda la mili, y como os podéis imaginar casi sin tiempo para deshacer el petate. Y me gustaría pensar, que había una buena razón para que a mi me mandaran a Melilla durante 9 meses, pero se me escapa, si es que la había. Quizás fuera idea de Telefónica, que fue, de largo, la única que ganó algo y salió beneficiada de tal desplazamiento…

7 de la mañana. 20 tíos empiezan a aporrear sus tambores bajo nuestra ventana, acompañados de otros 20 tíos a la corneta, tocando diana como si estuvieran en un concurso a la mayor capacidad pulmonar, provocando que saltaras de la litera en estado de shock y corrieras como un pollo sin cabeza hacia tu taquilla. Afortunadamente, una de las cosas buenas que tiene la vida militar, es que, por la mañana, no tienes que pensar qué ropa ponerte. Únicamente, decidir si te pones el traje sucio o el limpio. Y digo afortunadamente, porque si hubiera tenido que pensar un poco más, la mayoría de los días, habría salido a formar en gallumbos, porque allí, todo, absolutamente todo, se hace a la carrera. Y por suerte, y dado el corte de pelo estilo minimalista, tampoco tenía que peinarme, ya que con mi pelo habitual, dicha labor normalmente me llevaba bastante tiempo, al ser un pelo más rebelde que James Dean.


Al tercer día, comprobé alarmado que no me desperté como me despertaba en casa, o sea como se suele despertar todo macho que se precie, con el soldadito firme. Los mandos lo controlaban todo, y tanto es así, que controlaban hasta las erecciones de los reclutas a base de bromuro en el café del desayuno. Pero tras dos días sin tomar el susodicho café, respiré tranquilo al ver que todo volvía a la normalidad.

Tras el desayuno, si es que se le podía llamar así, y para facilitar la digestión, nos cargaban con mochila y fusil, tal y como si fuéramos a tomar Marruecos, nos ponían a desfilar, a reptar por el suelo como si no hubiera escobas para barrerlo, y a tirarnos al suelo y a levantarnos como si hubiera billetes allí tirados esperando a que los recogiéramos. Que hacerlo dos o tres veces, puede llegar a ser divertido, pero cuando lo haces 50 veces seguidas se hace un poco aburrido, y por qué no decirlo, también cansado. Y cuando ya teníamos las tripas asomando por la boca, también a la carrera, nos llevan a comer. Ése era su plan, no para instruirnos en combate y para mantenernos en forma, si no para que comiéramos con hambre y no notáramos lo incomestible de las comidas que nos daban algunos días. Y para que muchos sibaritas, se gastaran el dinero en la cantina del cuartel, donde sí que daban comida aceptable. Afortunadamente, yo era de los que se comía hasta las sobras que dejaba el jabalí, así que al menos ni pasé hambre, ni gasté dinero en comer.

Lo que sí que pasé, allí en Melilla en pleno mes de Julio, fue calor. Sobre todo cuando después de comer, a las 3 de la tarde y con cuarenta y tantos grados a la sombra, nos metían en una sala a darnos soporíferas clases teóricas. Al menos al 95 por ciento de los reclutas, se nos cerraron los ojos varias veces, escuchando aquellas charlas interminables sobre tácticas militares y otros temas de vital importancia, como por ejemplo, como desmontar y montar un fusil sin desgraciarte las manos y sin que se enterara el enemigo, o como levantar una tienda de campaña, sin que se cayera después, en menos de dos horas y sin libro de instrucciones.

Después, sobre las 6 de la tarde y hasta la hora de la cena, tiempo libre para hacer lo que quisiéramos, o mejor dicho, lo que pudiéramos, porque era habitual que después de la paliza matutina, no quedaran fuerzas para nada. Esas horas libres las aprovechábamos para hacer algunas cosillas en la habitación, como por ejemplo la colada. Al menos yo, consideraba innecesario pagar una lavandería pudiendo hacerlo uno mismo en el lavabo del baño. Allí descubrí, que la ropa también se puede lavar con gel de baño, si no te importa que los calzoncillos se queden ásperos como papel de lija… La temperatura del agua daba igual, porque como toda la ropa era verde no podían teñirse unas prendas con otras. Encogerse…, dudo mucho que aquella tela pudiera llegar a encogerse, ni siquiera de hombros….

Después, a intentar cenar sin morir intoxicado, y después al catre a dormir hasta que nos despertaran otra vez la legión de tamborileros y cornetillas en plan bestia…. Vamos, una vida de lo más interesante.


Pero aparte de todos los cambios momentáneos que dicha etapa trajo a mi vida, hubo un importante cambio que permanecerá para siempre en mí. Cambió mi mentalidad hacia la vida militar, ya que antes de vivirlo, no le encontraba ningún sentido. Después de convivir con muchos militares profesionales, personas que llevan media vida viviendo para el ejercito, tengo que decir, que les guardo el mayor de los respetos por lo que hacen y por cómo lo hacen, porque una cosa es jugar a los soldaditos como hacían con nosotros, y otra muy diferente vivir preparado para lo que haga falta y, al menos los militares con los que yo estuve, sí que estaban preparados…..