
Hace treinta años, el medio de locomoción preferido por los Domingueros, y en la mayoría de los casos el único, era el autobús. O bueno, aquello que nos decían que era un autobús, que tardaba como poco media hora en cubrir 10 km., que asemejaba una lata de sardinas llena a reventar, con apretujones y pisotones, que soportábamos estoicamente, solamente porque íbamos a disfrutar de un día de playa….
Mi recuerdo, gira en torno a la caminata que debíamos pegarnos para llegar hasta la parada del autobús, cada uno de mis hermanos con sus bártulos playeros, y mis padres con las bolsas de las toallas, la nevera, las fiambreras con la comida, la sombrilla, los flotadores colgados del cuello…., alguno incluso con las gafas y el tubo de bucear puestas…., y ciento cincuenta metros de separación del primero al último durante el paseíto, porque claro, el más rápido tenía que intentar llegar lo antes posible a la cola…. Y eso sí que era una aventura. Aguantar en la cola hasta que te tocase el turno de subir al autobús, sin terminar deshidratado era todo un éxito. Aquello parecía la cola del paro en tiempos de crisis, y con suerte, podías coger sitio en el quinto autobús, y llegar a la playa a la hora de comer, eso después de estar media hora buscando un sitio donde acomodarse.
Y todo ello, para comer tortilla de patata rebozada en arena, porque el maldito viento te lo echaba todo encima del plato, te coloques como te coloques. La tortilla de los domingos en la playa, es especial, es la única tortilla que cruje cuando la masticas. Al igual que el Kas de naranja…. caliente, porque las neveras playeras, abultar, abultan, y pesar, pesan…., pero enfriar…..más bien poco.
Después al final de la jornada Dominguera, otra vez a la cola del autobús, pero esta vez, con el desánimo incluido de haber finalizado el dia mundial del Dominguero. Eso si, dando gracias por haber sobrevivido, y sabiendo que, dentro de 7 dïas volveríamos a tener la oportunidad de vivir una nueva aventura dominguera.
Hoy, me descubro a mi mismo, dándoles voces a mis nenes para que no se metan tanto en el agua, no se manchen de arena, y dejen de correr como posesos por toda la playa…. Hablo como un Dominguero de los de antes, lo cual me da que pensar, que me estoy haciendo mayor, y aunque voy en coche y no tengo que hacer cola para el autobús…., no he dejado que se pierda la tradición del día mundial de los Domingueros.









