17 de enero de 2011

Crónicas Chumbescas. Capítulo 8.

Lea antes esto (si no lo ha hecho ya).


Adaptarse a un cambio tan importante en sus vidas, no fue nada fácil para nuestros protagonistas. Superado el trauma inicial provocado por los viajes en autobús, se enfrentaban ahora al reto de compartir aula con un buen número de alumnos de ciudad (como Jason les llamaba), y no era nada difícil distinguir a unos de otros. A simple vista, bastaba con echar un vistazo a su indumentaria, para llegar a la conclusión de quien era de ciudad y quien no… Ahora bien, si se llegaba a conocer más profundamente a cada alumno, la certeza de quién no vivía en la ciudad era aún mayor…

Los profesores tenían en cuenta tal circunstancia, e intentaron concienzudamente integrar en la dinámica escolar a los alumnos que provenían de fuera de la ciudad. No fue fácil, es más, fue difícil. Y no porque los nuevos fueran unos inadaptados, que lo eran, si no más bien por los tontos prejuicios que tenían los alumnos que vivían en la ciudad. Por alguna extraña razón, se creían superiores a sus nuevos compañeros y se lo recordaban continuamente con desprecios. Pero ello no hizo mella en Higor y el resto, de hecho no era nada nuevo para ellos, acostumbrados a que les sucediera en su propio pueblo, casi que lo estaban esperando, así que se limitaron a seguir con su vida como si nada.

Al cuarto día, nuestros amigos por fin pudieron comer en el comedor del instituto. No es que nadie les hubiera impedido comer allí, pero hasta ese día no le habían podido encontrar, y ya casi habían perdido la fe cuando Micky se perdió buscando los lavabos y se dio de bruces con un letrero que ponía “Comedor”. Impresionado por su hallazgo, se lo dijo a sus compañeros, quienes saltaron alborozados celebrando el extraordinario descubrimiento. No obstante, sus limitados recursos económicos, les obligaba a llevarse la comida de casa, aunque al menos podían disfrutar de su comida bajo techo en los días en que la climatología les daba la espalda.

Un día cualquiera de la segunda semana, mientras comían en el comedor, se percataron de que dos mesas más allá de la suya, una chica hacía lo propio en la más absoluta de las soledades. Enseguida llegaron a la conclusión de que debía tratarse de alguien marginado por vaya usted a saber qué motivo. Intrigados por tal suposición y tras debatir durante unos minutos, decidieron intentar un acercamiento para averiguarlo. Fue, cómo no, Jason quien se encargó de llevarlo a cabo, y lo decidieron así por ser éste quien se desenvolvía con más desparpajo a la hora de sociabilizar. Se levantó y se dirigió hacia ella con paso firme y decidido, y al llegar hizo gala de su facilidad de palabra diciendo: “Hola.”

Ella levantó su mirada lentamente. Una mirada tan ausente como su higiene, hecho que no pasó desapercibido para Jason, quien por mucho que fuera granjero y estuviera acostumbrado a ciertos olores, no dejó de sentirse extrañado, y al mismo tiempo, le facilitó su segunda frase, que en realidad fue una pregunta: “¿Eres granjera?”… (Jason siempre fue de pensamiento retardado y nada más formular la pregunta pensó “yo soy granjero y no huelo mal, ¡mecachis!...”) Pero la chica ni se inmutó, siguió mirándole como si estuviera en otro mundo y tras unos segundos interminables para Jason le preguntó, iniciando así la siguiente conversación:

Chica- “¿Siempre inicias así todas las conversaciones?

Jason- No, te lo he preguntado porque hueles mal… (de nuevo se arrepintió casi instantáneamente). Quiero decir que hueles como yo… a granja.

Chica- ¿Y a ti también te han cortado el agua de la ducha?

Jason- Sí, pero no importa, porque en la granja reutilizamos el agua. Nos pasaba tan a menudo que mi padre tuvo que idear un sistema de autoabastecimiento… Entonces… ¿a ti te lo han cortado?

Chica- No, se lo han cortado a mi vecino, yo ni siquiera tengo agua en casa.

Esbozó una ligera sonrisa al comprobar que Jason se había quedado perplejo porque no se podía explicar tal circunstancia, te podían quitar el agua, pero no tenerlo nunca….

Chica- Me llamo Mariela ¿y tú?

Jason- Yo me llamo Jason, y… (haciendo un esfuerzo extra, ya que nunca pensó que la conversación llegara tan lejos)… y me preguntaba si querrías sentarte conmigo y mis amigos…

Mariela- No sé… (girando la cabeza echó un vistazo hacia donde se encontraban aquellos tres granjeros, quienes en un intento baldío de disimular desviaban su mirada precipitadamente). ¿Ellos también huelen mal?... quiero decir… ¿ellos también huelen a granja?...

Jason- (entusiasmado)… ¡Sí!...!Sí!...incluso peor, ya lo verás….



Con aire dubitativo, y lentamente, Mariela se levantó de su asiento y cogiendo su bandeja siguió a Jason en dirección a la mesa donde esperaban Higor, Micky y John, tan impacientes como nerviosos…

Continuará...


14 de enero de 2011

Los Cuatro Fantásticos.

Se reunieron… Los cuatro. Porque eran cuatro.

Se les ocurrió la genial idea de hacer una foto los cuatro juntos, para regalársela a sus padres, un día y a una hora determinada. Y no sólo lo pensaron, si no que además fueron capaces de hacerlo.

Parecía fácil, pero no lo fue. Ni siquiera era fácil que los cuatro coincidieran a la misma hora y en el mismo lugar. Unos horarios laborales demasiado complicados dieron al traste con su primera intención de reunirse,… pero lo consiguieron a la segunda.

Elegir la vestimenta fue fácil, ya que por alguna extraña razón, los cuatro se sentían atraídos por el color blanco. Blanca era la camisa… y blanca era la camiseta interior tipo albañil rústico que portaba… uno de ellos, y que por razones que se desconocen, causó cierta gracia y recochineo en los otros tres, ante la incredulidad del pobre hombre que, resignado, sólo pudo decir: “Pues cómo queréis que sea una camiseta interior…, si además no se va a ver…”.

Elegir un posado fue bastante más complicado, porque posar, lo que se dice posar tan sólo lo habían experimentado al posar un vaso en la barra de cualquier bar, lo que produjo situaciones un tanto rocambolescas. Que si me pongo de perfil se me ve mucho la barriga, que si me pongo de frente se me ven mucho las orejas…, si me pongo sentado el que tengo detrás de mi de pies se muere de la risa porque me ve las arrugas de la calva… Sí, porque hay quien evidentemente no tiene pelos en la calva (que por eso es calvo, que lo tengo que explicar todo), pero sí que tiene arrugas, posiblemente como consecuencia de alguna mutación molecular…

Una hora y media más tarde de haber entrado en el estudio, después de unos cuantos “tú ponte allí que a tu lado parezco más bajo de lo que soy”, una docena de “dejar de reíros y de decir tonterías”, y un par de docenas de tomas falsas se dio por concluida la sesión.

El fotógrafo aguantó estoicamente y con profesionalidad, el difícil reto de fotografiar a cuatro individuos que no pararon de moverse y gesticular, porque lo de estarse quietos no va con ellos. Por momentos, pensó que estaba en el circo en lugar de encontrarse en su estudio fotográfico… trabajando. Afortunadamente tenía un gran sentido del humor y no les denunció por maltrato psicológico y falta de seriedad… Y pensó que lo más sensato, sería fotografiarlos y esconder el resultado en el sótano antes de que nadie dudara de su calidad como fotógrafo, eso si, después de cobrar sus honorarios.

Este fue el resultado:




De Izquierda a derecha, o de menor a mayor, como prefieran, estos son los cuatro fantásticos:

El Hombre de Goma, el héroe por excelencia, que tiene la facultad, gracias a la flexibilidad de su musculoso cuerpo, de adaptarse a cualquier situación, siempre que ésta le convenga, que lo mismo te hace la cena que va y gana la carrera del pavo sin despeinarse… no, cuando tenía pelo tampoco se despeinaba.

La Antorcha Humana, con la facultad de encenderse e inflamarse al más mínimo contratiempo, generando altísimas temperaturas que, paradójicamente, es capaz de soportar gracias a su gran frialdad mental. Sería capaz de derretir el hielo con su mirada si no usara gafas de culo de vaso…

La Mujer Invisible, cuando consigue permanecer inmóvil, que son pocas veces, tiene la facultad de pasar completamente desapercibida, sobre todo si se coloca de perfil, gracias a su extremada delgadez, y destaca sobre el resto de los miembros del grupo por ser la única que aún puede visitar una peluquería sin que la tomen por loca…

La Cosa, nombre que lo dice todo de él, de espaldas anchas, cintura ancha y caderas anchas, su única facultad es ser casi redondo, da igual que se ponga de perfil o de frente, y no tener que peinarse por las mañanas, aunque en su defecto se ve obligado cada día a alisar las arrugas que se forman sobre su calva…

Espero que nunca se arrepientan de haber sido inmortalizados juntos, pero por si acaso… es aconsejable silenciar convenientemente al fotógrafo… (que se encargue La Cosa y que parezca un accidente…).

10 de enero de 2011

El Día "R".

Día: R. Hora: Sabe Dios cuál era porque aún no había amanecido…

Se oye una vocecilla en la habitación de los niños: “Mami!!! Me quiero levantar ya!!!... Que ya han venido los Reyes!!!...

Así comenzó el día R. Un día mágico, especial, esperado… y agobiante. Y madrugador, porque miro el reloj y eran las 7:26…

Tras el susto inicial que acompaña a esos momentos de semiinconsciencia que necesita uno para asimilar en qué día se encuentra, me levanto y me dirijo al salón de mi casa donde mis hijos miran emocionados los regalos que amontonados forman dos pequeñas torres, una al lado de la zapatilla de cada uno. Esperaban un gesto afirmativo, tras el cual se lanzan a abrir los paquetes como posesos… Te enseñan uno a uno sus regalos diciendo: ¡Mira Papi lo que me han traído los Reyes!... y pones una cara de sorpresa digna de un oscar mientras miras el regalo embobado.

Entre tanto, y con gran alboroto como ruido de fondo, me son entregados mis regalos… Más concretamente mis dos regalos. Abro el primero: un pijama. Bien, me hacía falta. Abro el segundo y… ¿Saben esa sensación que tiene uno a veces de que le están tomando el pelo? Pues eso mismo sentí yo, aunque lo disimulé bien. Ahora mismo pienso que fue una venganza de los Reyes, mosqueados conmigo por lo que escribí en el post anterior, más concretamente en el último párrafo, en el que se me ocurrió hacer algún comentario sobre sus centenarias barbas… Pues eso, como venganza, me dejan de regalo un kit de afeitado en una caja que cita textualmente: “ Kit de ayuda para el hombre Lija”. ¿No se lo creen? Pues miren la foto:



Después del típico cachondeo, y de comprobar cómo el salón se llenaba poco a poco de papeles de regalos hechos jirones, comencé con la labor logística. Sí, esa en la que no piensan los Reyes cuando dejan los juguetes, esa que nos tiene a los padres unas cuantas horas de rodillas, o sentados en cuclillas como prefieran, armando la casita de no sé quién, la isla calavera de Peter Pan, o la boutique de Minie… Estoy seguro de que ayer cuando me levanté de la cama yo tenía dos riñones, a las 12 del mediodía no me atrevería a jurar que siguieran en su sitio…

Y claro, cuando uno cree que ya lo tiene todo montado y bajo control… llegan los cuñados, o mejor dicho, las cuñadas. Y no vienen solas no, lo hacen acompañadas de otro montón de paquetes sorpresa que… sí, han adivinado bien, también hay que montar algún que otro juguetito que me tiene “entretenido” hasta la hora de comer.

Pero no queda ahí la cosa. Antes de la merienda nos espera un viaje. Viaje a casa de los abuelos paternos donde se junta la otra parte de la familia para… ¿se imaginan?... Sí, eso, para merendar o cenar, o para merendar y cenar. Lo que se suele llamar una merienda-cena. Y ya puestos, ¿porqué no? Darnos unos cuantos regalos más. Más alboroto infantil, más envoltorios rotos y…, sí, más juguetes para montar, de lo cual me libro momentáneamente por no estar en mi casa.

Pero faltaba el plato fuerte de la jornada, y no me refiero a los mejillones de la merienda-cena, no. El momento que mis hermanos y yo llevábamos esperando un par de meses. Entregarle a mis padres el regalo, consistente en una foto de estudio de los cuatro hijos (la historia de esta foto la contaré en otro post). Y el momento tuvo su cachondeo. Tras dejar caer durante la merienda-cena algún comentario del tipo “qué bien quedaría ahí una tv de 42 pulgadas” o “tenéis que cambiar de tv”, en el momento de entregarles el “paquetito”, les hicimos salir del salón, para colocar encima de la mesa el cuadro envuelto en… la caja de un tv. Su cara fue un poema y mi madre sólo atinó a decir: “yo no quiero esa pedazo tele, no tengo sitio para colocarla…”. Nos reímos a lo bestia.

En fin, el día terminó justo cuando debía terminar, es decir a las 0:00 horas, momento en el que arropaba a mis hijos en sus camas. Lo dicho, un día bastante completito y del que me alegro de que sólo halla uno al año, más que nada, porque mi bolsillo no da para más…

5 de enero de 2011

Personajes desactualizados.

Nos encontramos en una etapa de la historia marcada por el avance tecnológico en casi todos los ámbitos imaginables. Hagamos lo que hagamos, contamos con aparatos que nos facilitan la labor hasta casi no tener que hacer nada… porque por mucho que usted me diga, apretar un botón es casi como si no hiciéramos nada, y en muchos casos nuestro mayor esfuerzo consiste en cambiar las pilas a lo que sea…

Los niños usan teléfono móvil y juegan al ordenador o a la PSP, compramos cosas sin movernos de casa a través de internet, nos comunicamos por mail y vía sms, el coche nos avisa cuando le tenemos que llevar a revisión, el GPS nos guía para que no nos perdamos (aunque algunos sigamos perdiéndonos…), e incluso ya podemos ver películas en tres dimensiones sin movernos del sofá en nuestro salón (si es que tiene un aparato válido para ello, si no lo tiene, no me sea cafre y no se ponga esas gafas tan raras para ver mejor los pechos de la presentadora, porque lo verá todo borroso…).

Pero siempre hay personajes que se oponen al progreso, y que se empeñan en vivir la vida y hacer las cosas de la misma manera a como las hacían hace 2.000 años… ó más. Es el caso de los Reyes Magos, que por muy magos que sean, estoy seguro de que les irían mejor las cosas si contemplaran la posibilidad de utilizar alguna de las herramientas que el progreso ha puesto en nuestras manos.

Me explico:

1- Si la mejor manera de transportar paquetes fuera en camello, estoy seguro de que Seur también los utilizaría. Es más, por mucho que tengan un buen depósito de combustible, no creo que eso suponga ninguna ventaja frente a cualquier furgoneta.

2- Enviar un paje a cada ciudad para recoger las cartas que todos los niños escriben, supone un coste elevadísimo, que podrían ahorrarse simplemente con crearse una cuenta en Hotmail, y emplear dichos fondos en comprarse unas cuantas furgonetas para repartir los regalos.

3- Si los pajes se sacasen el permiso de conducir (bastaría con el B-1), también podrían hacer de repartidores, aunque tuvieran que cambiar el traje para ir más cómodos en el reparto, así se ahorrarían el sueldo de los repartidores, que podrían emplear en contratar a un buen abogado que los defienda de los pleitos en los que se van a ver envueltos por el sindicato de pajes enviados al paro, porque no tendrían suficientes furgonetas para todos ellos. Y ya ni te cuento si les obligaron a sacar el permiso de conducir antes de enviarlos al paro…


4- Las confusiones con las peticiones de los regalos se podrían subsanar casi en su totalidad si estos se efectúan vía email, porque no habría malinterpretaciones. Así, ningún niño recibiría un juego de preservativos en lugar de juegos recreativos, o una muñeca hinchable en lugar de una muñeca barriguitas…

5- 5-Pero sobre todo, y para terminar… ¡por Dios! ¿Es que no saben que ya se inventaron las maquinillas de afeitar? ¿Hasta cuándo piensan seguir con esas barbas? ¿Es que nunca vamos a poder verles las caras? Si tienen miedo de que les reconozcan y les linchen… ¿porqué siguen utilizando el medio de transporte más lento que existe?

Espero que recapaciten y se actualicen a la mayor brevedad posible, porque si no me veo haciendo de Rey Mago toda la vida…

3 de enero de 2011

Esas primeras horas locas...

Recibir un año nuevo suele ser una tarea más o menos gratificante. Cada uno lo hace a su manera según sus obligaciones y, mientras unos lo reciben trabajando o simplemente ocupando espacio en su lugar de trabajo (lo siento por ellos), otros lo recibimos de una manera… como decirlo, si, eso es… lo recibimos de cualquier manera.

Son esas horas, las primeras del año, para todos aquellos que no nos encontramos trabajando, unas horas un tanto alocadas por decirlo finamente, que suelen transcurrir en la más absoluta algarabía y desenfreno, y en las que por alguna extraña razón, nos vemos impulsados a cumplir con la noble labor de la degustación de cualquier bebida más o menos alcohólica (vale, también hay quien se queda en casa viendo “Qué bello es vivir”… allá ellos, eso no es tan divertido). Y así, reunidos en diversos locales, unos públicos y otros privados damos rienda suelta a nuestra sociabilidad para agarrarnos a todo lo que se menea, bien sea para no caernos al suelo, o bien para transmitir cualquier tipo de sentimiento… más o menos casto.

Yo tengo la suerte de no trabajar ese día, o mejor dicho, esa noche, así que me encuentro integrado en ese grupo de alborotadores, que dentro de un local privado echan a volar su sociabilidad. Y no sólo eso, si no que además suelo salir ileso al menos mentalmente. Físicamente, qué quieren que les diga, uno ya no está para muchos trotes y ya he perdido la cuenta de las contracturas y tirones que la tal sociabilidad ha dejado en mi cuerpo…

Pero vayamos al grano. En esas primeras horas volvió a quedar demostrada la teoría de que para saber beber… hay que saber mear… o saber sudar. De hecho yo sudé tanto que no necesité visitar el servicio ninguna vez, a pesar de haber ingerido tanto líquido como el absorbido por Bob Esponja cualquier día laboral. Es lo bueno que tiene moverse más que los precios, tienes contracturas, sí, pero sudas y no te entran ganas de mear… Claro que a lo mejor también tuvo algo que ver, el hecho de no quitarme el jersey para no dejar al descubierto mi camiseta interior, modelo “albañil rústico” que tanto ha dado que hablar en anteriores ocasiones.

Pero además de bailar, y “sociabilizar” bebiendo, o bebiendo sociabilidad y sudar, o socializar sudor bebiendo, o como lo quiera usted llamar, y aunque sea difícil de creer, sucedieron muchas más cosas. Si la última carrera del año es la San Silvestre de Vallecas, la primera carrera del año, es la San Pingüino de Torrelavega. Distinción ésta obtenida por méritos propios, y cuya participación aumenta, y seguramente seguirá aumentando, año tras año. Cierto es que carece de la oficialidad que caracteriza a la San Silvestre de cara a los medios, pero sin duda tiene tanta dificultad como ella, o incluso me atrevería a decir que más, y seguramente en próximas ediciones llegará a tener una gran cobertura incluso televisiva. Por cierto, no estaría de más, que las mujeres ejercieran su derecho a la igualdad, e instauraran la categoría femenina en la próxima edición…

Si usted tiene fortaleza en su estómago, pinche aquí para ver la imagen de la línea de salida de la primera edición de la San Pingüino. Quién ganó carece de importancia, bueno vale… gané yo, pero todos los participantes demostraron tener una gran valentía, un gran sentido del equilibrio…, y menos sentido del ridículo que pelos tengo yo en la cabeza, y eso, créanme que es muy poco… Ganó el más rápido si, y niego tajantemente las acusaciones infundadas contra mi persona por parte del público, que afirmaba impunemente, que mi habilidad en la especialidad haya sido adquirida a base de tener que huir en circunstancias sospechosas, por haber sido sorprendido en situaciones comprometidas… son sólo leyendas urbanas.

Tras la carrera, y algunos bailes más porque siete horas dan para mucho, terminamos la fiesta en una cafetería colindante, desayunando el típico ¿chocolate con churros?... He de reconocer que el mejunje que llenaba el vaso de plástico era de color marrón oscuro, también conocido como marrón chocolate, y que lo que venía en el plato era de color dorado, pero… cualquier parecido con lo que realmente queríamos desayunar es pura coincidencia y en este caso, la realidad tuvo más de ficción que de realidad. De todas formas, quedó demostrado que el ser humano cuando tiene hambre… es capaz de comerse hasta el envase, y no nos importó demasiado comer chicle dorado mojado en leche… marrón chocolate, mientras alguien hacía alusión a yo qué sé que medía 22 cm., mientras el resto ponía cara de no saber si estaba desayunando… o en un discurso de Sigmund Freud. Qué se le va a hacer, algunos ven churros y se les va el santo al muslo…

En fín, a grandes rasgos, así transcurrieron en mi entorno las primeras horas de este año. Posiblemente me deje muchas cosas en el tintero pero… sudé demasiado y además soy muy despistado.


27 de diciembre de 2010

Es Navidad!!

Por si no se ha enterado aún, ya estamos inmersos en plena Navidad. No se preocupe, siempre hay algún despistado que se entera demasiado tarde. Afortunadamente ya estoy yo aquí presto a recordárselo para que no quede en mal lugar.

Es la Navidad una época del año,… de un año,… vamos, de cualquier año, que curiosamente suele terminar el mismo día, es decir, el último, cosa que no podemos decir de su comienzo, porque… lo que ya no sé decir es cuándo comienza. Y eso es algo que no sucede con ninguna otra festividad, lo cual es un poco cruel. A mi me gustaría que pasara lo mismo con las fiestas de mi pueblo, pero… me tengo que aguantar y esperar al día señalado.

Pero la Navidad no. Es una época tan bonita y nos gusta tanto, que cada año la iniciamos antes. Por eso mucha gente ni siquiera se entera de que ya han empezado de verdad. Te levantas un día y dices: “Ah! Pero si ya es Navidad de verdad…”. Sales de casa y paras en el estanco a comprar tabaco, y por primera vez hablas con el estanquero y le dices: “Feliz Navidad”, y el te responde con una sonrisa, y como si le cayeras bien: “Igualmente”. ¿Y al día siguiente? ¿Te repites? No. ¿Y él? Tampoco. La relación vuelve a ser la misma de todo el año, es decir, nula.

Seguramente este hecho, le deje una sensación extraña. Incluso es posible que su felicitación sea sincera y todo, pero seguramente, en su cabeza se instale una duda: felicitar a todo el mundo y parecer hipócrita, o no felicitar a nadie y parecer un borde antipático, o lo que es peor, que le acusen de no tener espíritu navideño… Qué quiere que le diga, no hay solución y haga lo que haga quedará mal. Y si ha pensado, aunque sólo sea por un momento, en felicitar a unos sí y a otros no, ya puede desechar tal idea, porque entonces siempre habrá quien le reproche que ha felicitado a fulanito y menganito, y en cambio a él no… Qué se le va a hacer, los humanos somos así… y además en ésta época los sentimientos se multiplican por mil, o por dos mil en casos de personas demasiado apasionadas…

Como todas las navidades, se habrá hecho varias promesas a usted mismo. No lo niegue, confiese. Me lo imaginaba. La más común es la promesa de hacer las compras navideñas con antelación y…, claro, claro, no se preocupe, a mi también me ha pasado otra vez. Me veo nuevamente y como todos los años el último día a la carrera, en modo “El gran despilfarro”, haciendo cola en todas partes para pagar, y sufriendo por no encontrar todos los regalos pensados de antemano, y que al final son sustituidos improvisadamente por otros que no tienen nada que ver con los primeros. Pero como nos sacan del apuro… no tiene ninguna importancia que su suegra no fume, seguro que una buena pipa le gustará, …o que a su mujer no le guste el fútbol, estará encantada con el balón del último mundial… y ¡caray!, qué bonita es la Navidad…


Yo para el próximo año, haré otro tipo de promesa. Prometo que el día 2 de Enero dejaré de fumar…, el resto de días no sé qué pasará… Usted también debería hacer la misma promesa. Así al menos, el año que viene, no tendrá que felicitar al estanquero si no lo desea…

 

24 de diciembre de 2010

Corto y cambio...

Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este humilde espacio, para desearles a todos una feliz Navidad, a todos, incluídos aquellos que, por la causa que sea, no la celebran.

Y ya puestos, les dejo aquí uno de mis villancicos favoritos, el que pongo todos los años porque...., bueno, yo qué se, me gusta este villancico. En su día cantado por Bing Crosby y tambien versionado por Frank Sinatra y Michael Boublé. Pero qué quieren que les diga, me gusta más esta versión de Jessica Simpson...y no me pregunten porqué...

Lo dicho:  Feliz Navidad!!




7 de diciembre de 2010

7 de Diciembre.

La historia, nuestra historia, siempre distinguirá a determinados personajes, que por sus logros y aportaciones a la humanidad lo merezcan. Otros, pasaremos por ella sin pena ni gloria, al menos para aquellos que no formen parte de nuestro círculo más cercano. Por lo tanto, hay personas reconocidas y/o admiradas por todos, otras anónimas para todo el mundo, y otras incluso repudiadas por sus deméritos por el resto.

Pues algo parecido pasa con los días. O mejor dicho, con las fechas. Sí, esas fechas que están ordenadas en el calendario para recordarnos en qué día estamos. Unas, las importantes, están señaladas en rojo y son más o menos esperadas por todo el mundo para disfrutarlas como se merecen. Otras pasan sin ser recordadas, y aunque particularmente puedan significar algo para alguien en concreto, para el público en general no pasan de ser simples fechas laborables que no son recordadas ni esperadas por ningún motivo especial.

Pero hay otras, que pasan a ser directamente repudiadas, al menos por una gran parte de la sociedad. Y hoy es una de esas fechas. Al menos en nuestro país, figura en el calendario atravesada entre dos fechas marcadas en rojo, y lo que para unos (los que hacen puente),es un día más de fiesta, para otros (entre los que me incluyo) es una fecha jodienda en la que ir a trabajar entre dos días festivos…


Intento imaginarme, qué pensamientos tendría el 7 de Diciembre en caso de que tuviera sentimientos. Seguramente se sentiría desdichado por su mala estampa, y se creerá despreciado por todos por ser un día “puñetero”. Seguramente también, sentirá envidia hacia los días marcados en rojo e incluso hacia el resto de días laborables. Debe de ser muy triste sentirse una fecha así, pero…

Podría ser peor, y si no que se lo pregunten al 29 de febrero, que sólo aparece en el calendario cada cuatro años para que hagan bromas sobre él…


 

5 de diciembre de 2010

El Manual. y III.

Sintiendo mucho el retraso acumulado, aquí les dejo la continuación del manual uzbeko para entender a las mujeres. El caso es que el bueno de Higor ha estado muy ocupado en yo qué sé que asuntos legales y no ha podido traducirlo antes. Espero que les sirva para algo.



Capítulo 6. Tenga en cuenta que, a diferencia del hombre, la mujer es capaz de hacer dos cosas a la vez con total éxito, así que puede hablarla aunque esté ocupada realizando cualquier tarea. Ella le escuchará y seguirá la conversación sin ninguna dificultad. Es más, ella espera que lo haga, y si no lo hace, creerá que no tiene nada que hablar con ella. Sé que ello representa un terrible esfuerzo para usted, pero tiene que intentarlo, aunque ello signifique que tenga que dejar de hacer lo que sea que esté haciendo para poder seguir la conversación (usted, ella no necesita dejar de hacer nada para escuchar las tonterías que seguramente se le ocurrirán a usted…).

Capítulo 7. Para la mujer, el sexo no es una prioridad, si no simplemente una consecuencia del amor. Para el hombre es al contrario, así que deberá adaptar su mentalidad a la de ella, si no quiere tener más de una discusión inútil.

Capítulo 8. Aunque pueda parecerle increíble, cuando la mujer le dice que le duele la cabeza, no siempre es mentira. Así que tendrá que creerla siempre que se lo diga, y si no tiene aspirinas en casa, tendrá que aguantarse.

Capítulo 9. Nunca mire al escote de ninguna otra mujer (al menos no más de tres veces). La mujer interpretará que a usted le gusta más esa otra mujer, y eso no es verdad… ¿verdad?... ¿VERDAD?...

Capítulo 10. Nunca intente sobornarla emocionalmente mediante obsequios o engaños con el objetivo de practicar sexo con ella. Seguramente todo se vuelva en su contra y terminen discutiendo (recuerde lo detallado en el capítulo 7), y lo más seguro es que la mujer recurra a cualquier excusa con tal de no acceder a tal soborno (en este caso seguramente se acoja al capítulo 8 y se invente una profunda jaqueca).

Capítulo 11. La mujer tiene una gran habilidad para detectar la suciedad, y si le ordena que limpie algo, hágalo sin rechistar incluso aunque usted lo vea limpio. El ojo del hombre no está lo suficientemente preparado como el de la mujer para según qué cosas, y la suciedad es una de ellas. Ellas creen que el motivo de que no detectemos la suciedad es que somos unos guarros, pero nada más lejos de la realidad, sólo es un pequeño defecto de vista del hombre.

Capítulo 12. A la mujer, por lo general, le gusta que le hablen durante el acto sexual , y ya que ella puede hacer dos cosas a la vez (recuerde lo expuesto en el capítulo 6), deberá usted intentar estar a su altura, y salvo que tenga la boca ocupada, comparta con ella lo mucho que está disfrutando mediante susurros o, por qué no, a puro grito, eso les llevará a ambos a un estado superior de excitación.

Capítulo 13. Si la mujer se enfada, y/o no le gusta que usted celebre reuniones con los amigos para lo que sea, tenga muy en cuenta que tal enfado no tiene como objetivo amargarle la vida, sino que simplemente está manifestando preocupación porque teme que su relación de pareja se vaya al carajo, e intenta con ello que usted le dedique más tiempo. Es simplemente un mecanismo de autodefensa. Por el contrario, si ella le demanda tiempo libre para estar con sus amigas, usted debe considerarlo y acoger dicha proposición con total aprobación, ya que es algo fundamental para que ella se sienta realizada como persona y pueda disfrutar de una vida social plena.



Había más capítulos, pero hice caso omiso del mandamiento que dice: “no dejar los libros al alcance de niños y perros”. Lo que falta del manual sufrió una muerte un tanto dramática…


10 de noviembre de 2010

El Manual. II

Hace un par de semanas, publiqué un post, en el que pedía la colaboración desinteresada, o interesada, da igual, de los amigos lectores, para traducir el manual uzbeko sobre las mujeres que guardaba en mi poder desde hace años.

Nadie fue capaz de traducirlo, y la verdad es que empezaba a perder la fe en sacar algo positivo del asunto, pero… a veces ocurren milagros. Como todos los lectores habituales de este modesto blog saben, tengo la fortuna de ser el biógrafo extraoficial de Higor Chumbosky, y ayer mismo, recibí un correo suyo en el que me indicaba que el tiene amplios conocimientos de Uzbeko ya que sus padres provienen de un país vecino, aunque no me ha querido decir cual es dicho país… vaya usted a saber porqué. Y sí, lo ha adivinado, interesadamente me ha enviado la traducción de la parte que yo publiqué aquí en su día. Y seguirá traduciendo el resto del manual, también interesadamente, en próximas semanas…

Da la casualidad también que un brillante grupo de blogueras está publicando algo parecido en relación sobre el hombre… es mera coincidencia, y espero que a ellas les sirva de más ayuda de lo que me ha servido a mí lo que hasta el momento Higor ha sido capaz de traducir…

Esta es la traducción literal de la primera hoja del manual uzbeko:




INTRODUCCIÓN

Si usted está leyendo este manual es porque lo necesita, porque se ha visto envuelto en alguna situación de la que no sabe desenvolverse, o simplemente no tenía nada más a mano para leer en el cuarto de baño. Si en realidad no lo necesita, créame, es mejor que no lo lea. Debe usted saber, que este manual le dará instrucciones precisas para manejar cualquier tipo de mujer, siempre que sea capaz de llevar a cabo tales instrucciones con total minuciosidad. Cualquier negligencia en su interpretación puede resultar fatal para sus intenciones, dado que la mujer puede convertirse en un arma peligrosa si no aprende a manejarla debidamente.

Capítulo 1. En primer lugar, y antes de que entre en contacto con la mujer, debe leer la introducción. Si no lo ha hecho ya, hágalo, no espere ni un segundo más o puede que lo eche todo a perder antes de tiempo. Una vez hecho esto, pasemos al siguiente capítulo.

Capítulo 2. En su primera toma de contacto con la mujer, lo más normal es que se inicie una conversación. Sea natural, pero tenga siempre en cuenta una importante premisa: ante cualquier pregunta de ella que le haga dudar, responda un rotundo: “no sé…”. Es mejor que le tomen por tonto, a que le malinterpreten y le tomen por un impresentable.

Capítulo 3. Una vez conectada a su vida, deje que sea ella quien tome las decisiones. Ella está preparada para eso y más…, sobre todo si en su primera conversación usted la ha respondido con varios “no sé…” Ahora ella piensa que usted es realmente tonto y si la contradice en algo su enfado está garantizado (el de ella, si fuera suyo de usted no le importaría a nadie…).

Capítulo 4. Pase lo que pase y se ponga como se ponga, no la de de comer pasada la media noche. Comida se entiende, la puede dar de comer otras cosas, pero puede que se arrepienta porque cuando tiene algo en la boca pasada cierta hora, se vuelve muy violenta y muerde con fuerza todo aquello que está a su alcance.

Capítulo 5. Cuando la mujer le ordene algo, hágalo sin pensar…, nuevamente es mejor que piense que es usted tonto a que se quede con la duda. Además con ello conseguirá demostrarla que lo que ella dice va a misa.





Hasta aquí llega la primera página. A medida que mi traductor ocasional vaya traduciendo se irán publicando.


8 de noviembre de 2010

Maldita primera hora rutinaria...

Los acontecimientos del día de hoy, más concretamente los acontecidos a primera hora del día, me han hecho recordar un post que escribí hace algunos años y que hoy he querido recordar porque... el día se lo merece.



Hoy, como todos los días laborales, suena mi despertador, o sea mi móvil, con cierta melodía preestablecida para tal menester. Son las 7.30, y como todos los días hago caso omiso, a sabiendas de que volverá a sonar nueve minutos más tarde. No creo que pasen ni 30 segundos hasta que me vuelvo a quedar dormido.

Nueve minutos después, segundo aviso acogido por mi somnolienta cabecita con un “jrhtv bpqiuthvm htqh” que despierta a mi señora, la cual y sin previo aviso, me suelta una patada, que gracias a que estoy de espaldas a ella, impacta en mi trasero en vez de impactar en otro sitio más delicado. A pesar de todo, vuelvo a hacer caso omiso, decidiendo esperar al tercer aviso y sigo remoloneando entre las sábanas.

Cuando suena el tercer aviso, es decir a las 7:48, ya no me queda más remedio que levantarme, esperar a un cuarto aviso sería tensar demasiado la cuerda, y tras incorporarme aún con los ojos cerrados, me dirijo al excusable a hacer lo que todos hacemos nada más levantarnos, dicho finamente miccionar copiosamente, pero dado las horas que son, y dado que uno todas las mañanas aún se levanta de aquella manera, resulta un tanto complicado acertar en el “agujerito”. Sí, ya sé que a simple vista parece un agujero grande, pero en esas situaciones se vuelve muy pequeñito, y las posturas que uno tiene que adoptar para que aquello no vaya a donde le dé la gana, le hacen pensar a uno si no podría ganarse la vida como contorsionista profesional.

Tras limpiar las salpicaduras inevitables producidas por el chorro incontrolado a presión, mientras esbozo mi segundo “uierhtb`q ytvq8mv utvt9ncm” del día, me dirijo a la cocina con el ánimo de romper con mi ayuno. Con la típica torpeza que causa el tembleque producido por el destemple matutino, empiezo a prepararme un par de tostadas. Una vez introducidas en el tostador, y sin dejar de temblar, pongo a calentar el café. Me quedo embobado mirando como se calienta el líquido elemento, como si nunca lo hubiera visto, mientras recuerdo lo bien que estaba en la cama hace unos minutos. Hasta que se despierta mi sentido del olfato, para apreciar un ligero olor a quemado. Giro la cabeza y también se despierta mi sentido de la vista para observar que sale humo del tostador. Acudo raudo hacia allá, para despertar mi sentido del tacto al sentir que me quemo los dedos, cuando cojo las dos carbonizadas tostadas que pretendía que fueran mi desayuno.

Decido tirarlas a la basura y las sustituyo por un paquete de galletas de Chiquilín, mientras esbozo mi tercer “utvhbp qeuhn nercjm vbqyne” del día, y pienso “éstas no se queman”. Con tanto follón no me he dado cuenta de que el café que estaba calentando, ha hervido. Afortunadamente no se ha salido del cazo porque era muy poca cantidad, así que después de enfriarlo un poco con leche fría, lo hecho en la taza y la dejo en la mesa, mientras escupo mi cuarto “iertuhbp qtvhmcquft8by”. Me dispongo a sentarme con mi característica torpeza matutina, con la mala suerte de que golpeo en la pata de la mesa, haciendo que se tambalee la taza y que la mitad del café caiga en la mesa. Todo ello sumado al dolor que sentía en la rodilla por el golpe, produce que lance mi quinto “urdhbpñ riugbnvuj erihtvgu” a pesar de haber respirado hondo un par de veces.

Tras ingerir una cantidad indecente de galletas, y con complejo de “Triqui” (el monstruo de las galletas de Barrio Sésamo), me desnudo y temblando como un gilipollas me meto a la ducha. Como casi todos los días, se me mete jabón en los ojos, y con los mismos cerrados intento alcanzar la toalla para limpiarlos un poco, con la mala fortuna, de que lo que agarro es la cortinilla, tirándo fuertemente de ella hacia mi.... os podéis imaginar el desenlace, sigo con escozor en los ojos, y además, los dedos del pie magullados por el impacto de la barra que sujeta la cortinilla, y esta vez grito mi sexto “irjhvoñ irtujbq vnwegc” de la mañana....

Me seco como puedo, ya que no puedo abrir aún los ojos por culpa de que aún me escuecen los ojos. Cuando por fin puedo abrirlos miro al reloj y me percato de que ya son las 8:15, así que me visto a toda prisa, y cuando me voy a poner los zapatos, me doy cuenta de que me he puesto dos calcetines diferentes, y si, mientras vomito mi séptimo “jerh vuirh cnrig” del día, busco alguno de los compañeros de los dos calcetines y me pongo el par que primero ha aparecido su pareja.


Cuando estoy a punto de subirme al coche, me doy cuenta de que no he cogido la cartera, guardada aún en la chaqueta que usé el día anterior, así que vuelvo a subir a por ella. Afortunadamente vivo en una casa de dos plantas, así que no tardo mucho en volver a estar sentado en el coche. Pero cuando voy a arrancar, me doy cuenta de que se me han olvidado las llaves de la oficina. Vuelvo a subir los quince peldaños que tengo hasta la segunda planta de mi casa y cojo las malditas llaves, mientras pienso “menos mal que me he dado cuenta”. Por fin, saco el coche del garaje, y cuando estoy cerrando la puerta plegable del mismo, pienso: “¿he cogido el móvil?”. Bueno, supongo que ya sabéis la respuesta, así que mientras vuelvo a subir las escaleras, mascullo el octavo “kjhton vhgicrco iern ,cj vi njc,vmc kcjgmic”, ésta vez acompañado por el primer “UIER bhvñ irjvg n iegvijc” de mi señora, acompañado de un “a ver si despiertas ya” con tono malhumorado......, y mientras pienso “¿esa cara de mala hostia es la misma que hace 5 minutos me ha dado un beso de despedida?”.

Cuando definitivamente subo al coche, son las 8:30, mientras pienso:

“MALDITA PRIMERA HORA RUTINARIA ”...


1 de noviembre de 2010

¿Truco o trato?...

Yo siempre he sido una persona de principios, los finales los dejo para el cine. Y no sólo eso, sino que además siempre he intentado mantenerme fiel a tales principios, pero no siempre lo consigo…

Desde hace cuarenta años, intento ser español con todas mis fuerzas. Con notable esfuerzo me dedico a mantener vivo el espíritu español, fomentando costumbres tan nobles como dormir la siesta (con mucho esfuerzo…), ponerme la roja cuando juega la selección (esto me cuesta un poquito menos), tomar unos vinitos de Rioja con tapita de jamón (sea bueno o menos bueno eso no importa…), ejercer mi derecho a votar (haya elecciones o no…), divertirme hasta la extenuación…, ser bajito (a eso me acostumbré yo sólo), trabajar lo justo para no morirme de hambre… y en fin, todas esas tradiciones que hacen que a los españoles nos consideren en todo el mundo como unos personajes cuanto menos curiosos.

Pero la falta de personalidad de los que no ponen tanto empeño en ser españoles, nos lo está poniendo bastante difícil a los que nos dejamos el hígado en ello. Porque en nuestro país, desde hace ya un montón de años, se ha introducido un virus devastador que proviene de esos estados que están tan unidos.

Empezaron por introducir poco a poco vocablos que, según quienes empezaron a utilizarlos, completaban nuestro “escueto” vocabulario y eran utilizados para servir de nombre a definiciones que sí que existían en nuestro diccionario. Por ejemplo: a “salir a correr por las mañanas”, que nosotros designábamos equivocadamente como “salir a correr por las mañanas”, ahora tenemos que llamarlo “footing” (creo que traducido literalmente es pieseando…), y además les estamos eternamente agradecidos de que nos hayan abierto los ojos. Y así con muchas otras palabras…

Después, poco a poco fuimos adoptando algunas costumbres, como hacer barbacoas (hispánicamente hablando “comer carne a la parrilla”), pero en el campo o en el jardín de tu casa, en lugar de hacerlo en la cocina como siempre habían hecho nuestros abuelos. Y muchas otras, detallarlas aquí todas ellas sería demasiado extenso. Hasta aquí todo normal, incluso podría decir que puede que sea enriquecedor culturalmente hablando, eso sí, siempre que no mancillemos nuestros orígenes, pero…

No contentos con todo eso, poco a poco estamos adoptando incluso sus días festivos, y lo que parecía algo inocente con la inclusión de Santa Claus en nuestro santoral, estamos incorporando otras festividades como la celebrada en el día de ayer: Haloween…




Ayer, será un día que pasará a la historia como el día que traicioné mis principios, celebrando una fiesta que siempre juré y perjuré que nunca iba a celebrar. Claro que en mi defensa podría alegar que cualquiera le dice a sus hijos, que no hay que disfrazarse y salir a pedir caramelos por todas las casas, cuando la mitad del pueblo y todos sus amigos sí que lo harán… Saben donde atacar, a las presas más débiles: los niños. Así que ahí voy yo, junto con los demás padres vestido de vampiro Casimiro, en medio del mayor temporal que uno recuerda (por llevar capa estuve en un tris de que el viento me llevara volando…), como si le fuera la vida en ello, con cara de gilipollas y de “qué bien me lo estoy pasando”.

Llámenme hipócrita si quieren, pero tengo muy claro que por mis hijos lo que sea, aunque a este paso, el año que viene me veo celebrando el 4 de Julio, y al siguiente Acción de Gracias (aunque esto último no me importará tanto, porque si hay algo que nos identifica a los españoles es… hacer gracia)…