A sugerencia de la amiga Ana de “
De ratones y mujeres”, y solidarizándome con el amigo Alcorze de “
El errante”, para que no se sienta sólo en semejante marrón, trataré de expresar lo más sinceramente posible mi opinión (que seguramente será extensible a todo el género masculino), sobre un tema inmortal de necesidad y de rigurosa actualidad: El Escote (el femenino…).
Ahora que comienza a despuntar la primavera, que la sangre altera y sitúa las hormonas en espera, la temperatura sube en la misma proporción que disminuyen las prendas de vestir. Y lógicamente, con ello se empiezan a pasear los primeros escotes de la temporada. Una alegría para la vista, y un riesgo físico en modo de choques con farolas y demás obstáculos que se encuentre uno en su camino, por no hablar del aumento de taquicardias colectivas.
Porque me atrevo a asegurar, que el Escote es lo más importante que ha inventado el hombre después del fútbol, y al igual que éste, es capaz de arrastrar masas y pasiones descontroladas. Bueno, igual he exagerado un poco, el fútbol no es tan importante… Pero lo cierto es que un escote no deja indiferente a nadie, y despierta todo tipo de sentimientos, desde la envidia a la admiración, pero rara vez provoca rechazo, porque se trata de una de las partes más hermosas del cuerpo femenino.
Evidentemente no se puede obligar a nadie a que lo luzca contra su voluntad. Siempre he pensado que “lo que se van a comer los gusanos, que lo disfruten los humanos”, pero no todas las mujeres se sienten cómodas enseñando canalillo. El pudor, bien sea por exceso o por defecto de pecho, es la causa más común que le pone freno al escote. Error número uno. Un escote nunca es defectuoso (que quede claro que hablo de “Escote”, no de enseñarlo todo…) Así que cualquier mujer lo puede lucir con orgullo.
Otra razón que le pone freno al escote, son las miradas de la gente, más concretamente las miradas masculinas… Error número dos. Es lógico que a cualquier hombre se le vayan los ojos al santo lugar, y quien diga lo contrario, sencillamente, es un hipócrita. Y es un acto reflejo que no significa nada más allá de lo que realmente significa: sólo es mirar un escote, admirar algo bello que para eso está (claro que no es aconsejable mirarlo más de cinco veces, sobre todo si estás en presencia de tu señora).
Y en realidad, quien lleva escote, es para que la gente lo admire y además… lo mire. Por lo tanto, también me parece hipócrita quejarse de que la miren a una al escote en lugar de mantener la vista fija a la altura del horizonte. Vale, es cierto que algunos además de mirarlo lo babean, pero hablamos de gente normal, que echa una miradita, o dos, o tres de reojo, que más que molestar, lo único que hace es halagar la constitución de la señora o señorita en cuestión. Lo de llevar escote por que hace calor me parece una excusa bastante tonta, porque yo llevo camisetas de verano sin necesidad de enseñar escote, y me consta que también hay ropa para mujeres del mismo tipo, pero… nos mola lo de lucir busto y sobre todo… que lo miren.
¿Que tales miradas pueden crear incomodidad? Bueno, a mí nadie me mira el escote, ni ninguna otra parte de mi anatomía si soy sincero, así que no puedo saber qué se siente en dicha situación, pero echando a volar un poco la imaginación, sólo un poco, seguramente me sentiría halagado y no despertaría en mi ningún sentimiento de indignación ni rechazo. Simplemente me sentiría halagado. Ahora bien, si me babearan me sentiría… babeado, y seguramente me daría la vuelta, o mejor dicho, me taparía, no vaya a ser que por darme la vuelta terminara…
Total, en la playa se enseña mucho más y no pasa nada. Estar en la playa es como ir por la calle en sujetador, pero peor, porque los bikinis son más frágiles y sujetan menos… bastante menos…, por lo tanto, que nadie se corte de enseñar escote, seguro que alguien lo agradece…