27 de abril de 2011

100


Tengo 100 seguidores…



¡Bien! Qué quiere que le diga, ni siquiera sé cómo pasó. Yo no hice nada para llegar hasta ahí. Y yo soy el primer sorprendido. De repente la gente empezó a apuntarse en ese cuadradito en el que pone “seguir”, como si se apuntaran a la cola del paro. Y me siguen… aún sin saber hacia dónde voy. Pero yo no voy a darles subsidio…

Claro, el tema en cuestión no le da la risa a usted porque acaba de llegar, pero lo habría hecho si hubiera estado aquí hace cuatro años cuando levanté el telón, y le hubieran dicho que algún día llegaría a ver en ese recuadrito el número 100, o sea, diez decenas de unidad, o diez unidades multiplicadas por otras diez unidades, o lo que es lo mismo: la unidad seguida de ceros. Total… ya puestos a seguir, que me sigan también los ceros, pero a la derecha, que a la izquierda no suman. Y lo digo sin tinte político.

Bueno, a mi no me da la risa porque soy muy serio. Pero si fuera graciosillo me habría partido el pecho con semejante pronóstico. Vamos, como si alguien me dijera hoy, que la Gimnástica de Torrelavega (equipo de mi pueblo), ganará la Champions League en 2018, o en 2039 que es igual de ilusorio… O si me dicen hoy que algún día llegaré a los 200 seguidores… Pero el caso es que yo me siento como si efectivamente hubiera ganado tan prestigioso trofeo, qué quiere que le diga.

Por eso no le voy a decir que me dé igual no tener seguidores, no voy a ser hipócrita. Si hace un año, o año y medio, hubiera tenido cero seguidores seguramente habría dejado de escribir, me habría aburrido de hacerlo sólo para mí, porque eso rozaría el onanismo. Y creo que cualquiera haría lo mismo. Dejar de escribir, quiero decir, el onanismo es libre y es difícil que se deje.

Por mucho que uno empiece a escribir por diversión, satisfacción personal, o como quiera llamarlo, siempre se tiene la ilusión de que alguien lo lea, aunque sólo sea para corregirte y decirte lo mal que lo haces. Sin seguidores, un blog no tiene sentido, y trae más cuenta escribir un diario y guardarlo debajo de la almohada. O en el cajón, tampoco voy a decirle dónde lo tiene que guardar. Depende de lo cotilla que sea su parienta y el afecto que le tenga. Al diario, quiero decir.

En fin, supongo que me siguen porque es gratis, y en tiempo de crisis ya se sabe, se agarra con fuerza todo lo que no tiene precio…, pero lo que de verdad no tiene precio, es que magníficos blogueros se añadan a tu aventura y te lean una vez, y otra vez, y otra vez… La pena es que, por mucho que uno lo intente, resulte físicamente imposible responder a todos como se merecen…, aunque bueno, supongo que es algo que nos pasa a todos…

A todos, a los 100 más 1, gracias por alentar mis escritos… y por aguantarlos.



25 de abril de 2011

Mensaje.


En estos últimos días………..(pausa)…………., he estado algo despistado………….(pausa)……………, de la vida social bloguera…………..(pausa)…………..(toma de aire)……………… Pero ha sido por una causa……………… (pausa)…………………………. más o menos justificable …………… (pausa) …………….. …….……………… que me ha dejado agotado……………(nueva pausa)……………. y sin aire.(punto).

Prometo………………… (sí, pausa)………………….ahora que ya he terminado……………….(lo dicho)…… …… lo que tenía entre manos…………………(ya casi termino)……………………… o sea, ESTO……… (otra pausa)………………volver a mi ritmo bloguero habitual……………….(pausa más larga)……… …………..

Eso sí……………………(pausa)…………………… cuando zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz……………….zzzzzzz zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz……………………… Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (este mensaje se autodestruirá en 5…….4……..3………2……..1……….ceBOOOOMMMM!!!!



Pd.: Que Dios nos pille confesados, pero no depilados…


15 de abril de 2011

Semos sociables...

Uno piensa que socializar es recomendable. Se puede sociabilizar de un modo más o menos sociable, y ser socialmente aceptado. Pero si usted es un sociópata, los sociólogos dirán que es completamente antisociable. Y además tener algún socio le resultará bastante complicado. Así somos los humanos.

Recurrir a “vista de compatibilidad” es una posible solución, aunque pocas veces vista, y es cuestión de tener vista e ingenio. Pero a pesar de todo, se vista como se vista, puede hacer daño a la vista…, salvo que hagan la vista gorda o le pierdan de vista… En ese caso, mejor póngase gafas y escóndase para ver sin ser visto.


Si se encuentra en esa situación, sitúese donde no se sienta sitiado, o cambie de sitio si la situación se lo permite. Camine por otro camino, y si es caminando deprisa mejor que mejor. Caminar ligero le vendrá bien para voltear la situación, así que dese una vuelta y después, vuelva por donde vuelva, camine despacio para que el camino quede grabado en su memoria, así una vez memorizado, podrá volver a caminarlo vuelva o no vuelva…

Aunque si vuelve demasiado pronto, es posible que no tenga tiempo de asimilar el tiempo que hace, haga demasiado calor y le dé una calentura de esas que le calientan a uno cuando uno no está caliente, y necesite aislarse en un lugar aislado con aislante y todo, donde no le moleste ningún otro ejemplar de la especie humana…

Porque la especie humana, es por encima de todo, exactamente eso, una especie que se encuentra espaciada en un espacio natural, porque necesita espaciarse, y que a veces para ello también se traslada al espacio exterior, porque la falta de espacio va a provocar que termine sintiéndose… espachurrada y con ganas de acudir a un spá natural de esos…

Esto… ¿de qué estaba hablando?... ¡Ah! Si,… ¿Han tocado alguna vez un piano en movimiento?... no me miren así, yo tampoco… ¿Qué se creen que soy?...




12 de abril de 2011

Animalitos.

Capítulo 8. El Perro.



El perro desciende del lobo. Bueno, dicha afirmación no creo que incluya a alguna de sus razas, como los Pekineses o los Chiguagua, de quienes aún no se sabe nada de sus antepasados. Las malas lenguas dicen que estos provienen de alguna especie de gato subdesarrollado, o súper desarrollada de roedor…, vaya usted a saber.

Dicen que es el mejor amigo del hombre, lo cual de ser cierto, no dice demasiado en su favor a la hora de elegir sus amistades. Y paradójicamente sus mayores enemigos son… los carteros. Se dice que dicha enemistad existe desde que un cartero le trajo malas noticias al Sr. Baskerville, y desde entonces, todos sus descendientes tratan de seguir la tradición… incluso aunque las noticias sean buenas.

Su carácter sumiso choca enormemente con su agresividad cuando la situación lo requiere. Algunas veces, incluso aunque la situación no lo requiera, son capaces de llegar a los dientes rompiendo pantalones y todo lo que se ponga a tiro de colmillo. Aunque en su favor hay que decir, que dicha agresividad, seguramente la hayan adquirido por pasar demasiado tiempo al lado del hombre, y es que todo se pega menos la hermosura…

En el arte del apareamiento, el Perro no tiene ningún prejuicio racial, y se trata de una especie que practica con devoción el “aquí te pillo, aquí te mato”, causando verdaderos dolores de cabeza a sus “mejores amigos” los dueños que, ante tal promiscuidad, termina optando por medidas drásticas, dándole un golpe bajo a la intención de procrear de su mascota. Sí, es verdaderamente injusto privar a tu “mejor amigo” de un placer del que nosotros mismos abusamos tanto… Bueno, el que puede.


Y es precisamente esa falta de prejuicios raciales, lo que ha provocado que existan tantas razas caninas y tan diferentes de Perros por todo el mundo, siendo una de las pocas especies, junto con las cucarachas y las moscas, que habitan en los cuatro continentes…, quiero decir en los cinco continentes. O en los seis. Es que ando mal en Astronomía. Quiero decir en matemáticas… A pesar de vivir en tantos países diferentes, todos ladran el mismo idioma: El Guau guau… Suelen empezar sus frases con un “guau” y las terminan con… otro “guau”. Sí, es un idioma bastante complejo…

Junto con el hombre, es la única especie que cuenta con psicópatas entre sus miembros, quiero decir entre sus componentes. Si a uno de ellos se le cruzan los cables, ya puedes echar a correr como si fueras un cartero y a ser posible en la dirección del viento, porque el perro, además de mover la cola a su antojo, goza del privilegio de un sentido del olfato prodigioso, y tanto es así, que cuando ven alguno de sus congéneres cerca, intentan reconocerlo minuciosamente oliendo su trasero… ¿Será que piensan con el culo?

Podría contaros muchas más cosas sobre los Perros, pero eso… que lo hagan los de National Geographic.



8 de abril de 2011

Elvis al Desnudo II.




Lo que son las cosas…

Hoy entrego un premio y de rebote me llegan dos. Bueno, en realidad son dos distinciones, porque yo no he hecho nada para lograrlo aparte de abrir un blog y “escribir” en él para que nadie me entienda, obsequio de Ana. Gracias Ana.

Y como condición para recibir tales distinciones (siempre hay letra pequeña…), debo responder a uno de esos memes que a nadie gusta pero que todo el mundo contesta. Ya respondí uno similar aquí, pero a diferencia de aquel, que había que responder una serie de preguntas concretas, éste consiste en escribir siete manías de libre elección… (siete, tenían que ser siete… con seis habría podido, pero siete…). Pero como yo soy tan abierto como un libro por la página 69, no tengo problemas en desnudarme (metafóricamente hablando… De lo otro tampoco…).

En fin, vamos allá y que sea lo que Dios quiera…

Primera. Tengo la manía de decir siempre que no tengo manías, así que me va a costar encontrar alguna más…

Segunda. Soy incapaz de ponerme los pantalones empezando por la pierna derecha… Soy capaz hasta de caerme si lo intento.

Tercera. Siempre duermo sin calzoncillos. Aunque con pijama, eso sí, pero nada debajo, me molesta un huevo. Quiero decir que me molesta mucho.

Cuarta. Soy incapaz de dormirme en la misma posición en la que me acuesto. Hasta que no cambio de posición no me duermo.

Quinta. Le tengo manía al viento. Prefiero que llueva a que haga viento. Siempre me molestó mucho despeinarme. Incluso ahora que no tengo pelo que se despeine me molesta muchísimo.

Sexta. Me limpio, allá donde la espalda pierde su casto nombre, siempre dos veces. Y las dos veces con la misma mano. Quiero decir que las dos veces paso el papel por allí con la misma mano, que nadie piense que no uso papel…

Séptima. Soy incapaz, pero incapaz del verbo incapaz, de comer un plato de alubias sin pan… Antes prefiero no comer.


Bueno, al final no ha sido tan difícil…

Ahora viene la segunda condición de la distinción (más letra pequeña). Que consiste… Sí, eso, lo habéis adivinado: le paso el marrón a otros siete blogueros. Lo siento chicos.

Estos son mis siete damnificados: Fer, Julio, Kamikaze, Meg, Novicia, El Guardian del Faro y Caarsa.












Las distinciones son vuestras.


Jugando a las películas. Solución.

En primer lugar, muchas gracias a todos los que han participado.

En segundo lugar, a ver si vemos más cine, o a ver si nos quedamos con lo que escuchamos en las películas, que no sirve para nada, lo sé, pero siempre queda bonito acordarse de alguna frase.

En fin, ahí van los resultados:

Película nº 1:  La guerra de los Rose.

Película nº 2:  El fuera de la ley.

Película nº 3:  Sueños de seductor.

Película nº 4:  El último Boy Scout.

Película nº 5:  Forrest Gump.

Bueno, salvo la número 5, que parece que todo el mundo la recuerda, en ello incluyo a los que comentaron en el primer post, lo demás ha dado para mucho... y no Brujotinto, ninguna era porno.

Los tres primeros clasificados y en orden de aparición han sido:

1º Clasificado con tres aciertos:  Ana. (Hoy mismo me pongo con lo que tengo pendiente...)

2º Clasificado con tres aciertos:  La pequeña Meg (Claro, con ese nick...)

3º Clasificado con dos aciertos:  S. (Lo siento mucho, te faltó una...)


Así que como las reglas las hago yo, me paso por el forro el desempate, y proclamo dos ganadoras. Meg y Ana, podéis recoger el distintivo y lucirlo como galardón en vuestro espacio. Mis felicitaciones a ambas.







Los demás, tendréis que esperar a una nueva edición.

Muchas gracias a todos por participar.


6 de abril de 2011

Jugando a las películas II

Quiero agradeceros el alto índice de participación en el juego de las películas, pero…dado que el gran número de participantes ha sido inversamente proporcional al número de aciertos (lo cual demuestra que, o bien no almacenáis datos inservibles en vuestro cerebro, o bien no veis las mismas películas que yo…), he decidido daros una pequeña ayudita en forma de pista. Al lado de cada frase colocaré el nombre del actor/actriz que la pronunció… Espero que eso sea suficiente. Eliminaré los comentarios del anterior post, así que podéis volver a dar vuestras respuestas en los comentarios de esta entrada. Suerte.



Número 1.
Conversación entre hombre y mujer:

Mujer: ¿Has follado alguna vez salvajemente? Katheleen Turner.
Hombre: ¿Acaso hay alguna otra manera de hacerlo? Danny de Vito.

Número 2.
Tipo duro: ¿Es usted cazador de recompensas? Clint Eastwood.
Tipo duro (pero menos): De alguna manera hay que vivir. Desconocido (de los que mueren al poco de decir su única frase en la película).
Tipo duro: Morir no es manera de vivir. Clint Eastwood. (éste no muere y puede seguir hablando).

Número 3.
Mujer: Escuchad lo que pone en el periódico: “Han violado a una mujer en Oakland”… Diane Keaton.
Hombre 2: ¡Yo nunca he estado en Oakland!... Woody Allen.

Número 4.
Hombre: Ya… Claro… Pasabas por aquí, te tropezaste y se la metiste a mi mujer… Bruce Willis.

Número 5.
Hombre: Puede que sea tonto, pero sé lo que es el amor… Tom Hanks (ésta la habéis acertado casi todos…).

A ver si así aumenta el número de aciertos, lo cual no es nada difícil…



Pd.: En caso de empate ganará quien antes haya enviado el comentario. Puede que sea injusto, pero… ¿quién ha dicho que la vida sea justa?.

Pd2.: Brujotinto, no, ninguna de esas películas es porno. ¿De verdad piensas que voy a recordar un diálogo de una película porno?...

Pd3.: Disculpen las molestias de tener que volver a comentar… Lo hago más que nada para que todos los comentarios estén en el mismo post.





4 de abril de 2011

Jugando a las películas.

Lo de los concursos está de moda. Aquí en internet digo. En cualquier blog se monta un concurso que amenice el tiempo a los lectores, y que al mismo tiempo, despierte su agudeza mental. Pues yo no voy a ser menos. Ni tampoco más.

Así que me invento un concurso popular muy facilito: Jugar a las películas. Les diré cinco frases pertenecientes a otras tantas películas y, como ya habrán adivinado, tendrán que decir a qué película pertenece. No son frases que hayan pasado a la historia del cine, tipo “tócala otra vez, Sam” (que además de en Casablanca, la pronuncian en “Las des apetencias sexuales de dos ninfómanas y su caballo percherón”…), pero sí son lo suficientemente buenas como para que se grabaran en mi mente (esa máquina de almacenar datos inservibles).

El ganador/a, se llevará el primer premio “Graceland”. Un premio honorífico, no se piensen que voy a regalar dinero así como así… Ante el riesgo de que nadie haga pleno, un riesgo más que real, ganará quien más acierte, porque no me gusta dejar premios desiertos, y menos siendo el primero. Por primera vez además, en este blog se moderarán los comentarios, más que nada para que nadie vea las respuestas de nadie y no haya opción de copiar, que todos somos muy cucos… El Viernes a estas horas, publicaré las respuestas. Ahí van las frases.

Número 1.

Conversación entre hombre y mujer:
Mujer: ¿Has follado alguna vez salvajemente?
Hombre: ¿Acaso hay alguna otra manera de hacerlo?

Número 2.

Tipo duro: ¿Es usted cazador de recompensas?
Tipo duro (pero menos): De alguna manera hay que vivir.
Tipo duro: Morir no es manera de vivir.

Número 3.

Hombre 1: Escuchad lo que pone en el periódico: “Han violado a una mujer en Oakland”…
Hombre 2: ¡Yo nunca he estado en Oakland!...

Número 4.

Hombre: Ya… Claro… Pasabas por aquí, te tropezaste y se la metiste a mi mujer…

Número 5.

Hombre: Puede que sea tonto, pero sé lo que es el amor…



Aclaro que todas las frases son reales, no me he inventado ninguna. Suerte.



1 de abril de 2011

¿Qué apostamos?...

Siguiendo el hilo del post anterior, donde hablaba de la conveniencia o no, de correr riesgos innecesarios, llego a la conclusión de que arriesgarse es una cuestión de costumbres. O de hábitos si quiere. Y aunque el hábito no hace al monje, hasta los monjes tienen malos hábitos. O costumbres, como quiera.

Pero se pueden correr muchos riesgos sin que ello represente un daño físico tal como salir volando por los aires. Apostar por ejemplo. Hay quien dice que las apuestas son una mala costumbre, o un mal hábito si lo prefiere, pero sólo si se pierde. Si se gana es tan buena costumbre como desayunar acelgas. Para quien le gusten las acelgas, claro, para mí eso es tan malo como clavarme chinchetas en el escroto. Que no quiere decir que lo haya hecho, ni lo uno ni lo otro. Pero haciendo un pequeño ejercicio de imaginación, puedo llegar a adivinar lo repulsivo que me resultaría lo primero, y lo doloroso, y porqué no decirlo, incómodo que me resultaría lo segundo. Si alguien ha vivido tales experiencias, me gustaría que me lo contara con pelos y señales para corroborar que tengo razón…

¿Qué estaba diciendo?... Ah, sí, las apuestas. A mí personalmente, me parecen una mala costumbre, porque siempre pierdo. Al menos no recuerdo cuándo fue la última vez que gané una apuesta. Y eso sí que es un mal hábito: perder. Porque se pueden perder muchas cosas: las llaves de casa, el mechero, la virginidad, un paraguas, el autobús, las acelgas, otra vez la virginidad…, pero una apuesta…

Perder una apuesta supone tener que pagar, y lo que es peor, tener que pagar a alguien que se está riendo en tu cara porque te ha ganado. Y lo peor de todo es que siempre te gana el mismo, algún amigo con quien sales a menudo, para quien apostar es una buena costumbre porque siempre gana, y más concretamente siempre “te” gana. Y además recibe el dinero con una sonrisa, lo cual demuestra que apostar puede ser una costumbre saludable (se salude o no), porque dicen que reír es sano. Aunque lo que de verdad es sano es ganar la apuesta, y que además te la paguen.

Afortunadamente para mí, no suelo apostar cantidades superiores a lo que estaría dispuesto a pagar por una cena (lo cual vuelve a demostrar que mi cerebro está estrechamente ligado a mi estómago), y eso me ha permitido no tener que mendigar para amortizar la mala costumbre que tenía de apostar. Porque ya no la tengo. La mala costumbre de apostar quiero decir…

Desde hace años sólo apuesto a la quiniela, pero estoy empezando a desesperarme, porque yo hago mil combinaciones y quedo como un idiota, y ella le da sus millones al que no tiene nociones de lo que es una pelota. Eso me da que pensar, que igual es conveniente tener la costumbre de apostar en todo aquello en lo que uno no tiene nociones, porque en ese caso las opciones de apuesta pueden ser infinitas… Pues anda que no hay cosas de las que no tengo ni la más mínima noción, y eso sin tener la necesidad de recurrir a la astrofísica…

En fin, que llevo escritas 536 palabras y… ¿Qué no?... ¿Cuánto se apuesta?...





Pd.: Nuevo més..., nueva chica del més.


26 de marzo de 2011

Montañas Rusas.

Según se plantee uno su vida, ésta se puede convertir en un carrusel de emociones, con continuas descargas de adrenalina, o por el contrario, puede sumergirse en un remanso cargado de placidez que nos proporcione paz y tranquilidad.

En el primer caso, la vida será como una montaña rusa en la que uno se agarrará a lo primero que pueda para no salir volando por los aires, y claro, lo mismo te toca agarrarte a un buen par de tetas, o tener sólo para agarrarte una tranca a mano… (o al revés…, según el género del sujeto, será más traumático en un caso o en otro). Y a mi no me gusta correr riesgos innecesarios. Llámeme raro si quiere, pero no me quiero arriesgar a que me toque agarrarme a una tranca… Lo más atrevido que he hecho en mi vida voluntariamente, aparte de casarme, ha sido escribir un blog…, y también cruzar la calle con el semáforo en rojo (el de los peatones, no el de los coches…).

Bueno, cocinar puede considerarse como un deporte de riesgo, pero no se puede considerar como un acto voluntario, ya que uno se ve obligado a hacerlo si no quiere morirse de hambre, o dejarse el sueldo en restaurantes, en cuyo caso también acabará muriéndose de hambre… Conducir también representa un riesgo, pero eso no es optativo, salvo que sea usted político y tenga chófer. Y del transporte público ni le hablo, posiblemente sea tan arriesgado como hacer parapente sin paracaídas. Salvo que vuele, en ese caso… ¡oiga!, usted es un pájaro…

No es imprescindible arriesgarse para sacarle todo el jugo a la vida. Se puede conseguir de muchas maneras inofensivas para la salud, y en contra de lo que muchos piensan, uno se puede divertir mucho sin la necesidad de salir volando por los aires. Que también puede ser divertido, no lo dudo, sobre todo para el que está en el suelo mirando, pero también puede ser doloroso, de hecho la mayoría de las veces resulta sumamente doloroso…

Tener los pies en el suelo es más que recomendable, en todos los sentidos, y es una manera tan válida como otra cualquiera de llegar sano y salvo a casa. Me dirá que también le puede caer una maceta en la cabeza, o un microondas lanzado desde el quinto piso por algún vecino desquiciado. En ese caso no le salvaría ni llevar casco, ni siquiera tener la cabeza muy dura…, son cosas que pasan.

Vale, lo admito, estar a salvo es algo muy relativo, pero no me negará que es una mera cuestión de probabilidades, y ya se sabe, quien juega con fuego acaba llamando a los bomberos. O utilizando un extintor. Si es que sabe utilizarlo, que no todo el mundo sabe utilizarlos, no nos lo enseñan en el colegio y no es algo que se utilice todos los días, ni siquiera sólo los fines de semana…, salvo que esté acostumbrado a jugar con fuego, entonces… ¡vaya!, ¿de qué estaba hablando?... ¡Ah sí!, cuando se suba a una montaña rusa, tenga cuidado a ver a dónde se agarra…




20 de marzo de 2011

Una mañana en la peluquería.

Hacía mucho tiempo que no visitaba una peluquería.

Y no porque tenga alguna razón especial para no visitarlas, sino porque tengo la mala costumbre de no tener pelo. Al menos no el suficiente como para requerir tales servicios de un profesional, y me basta con un par de pasadas con la máquina eléctrica a manos de mi señora, quien con su habilidad particular para desarrollar tal función, me proporciona un servicio gratuito completamente satisfactorio (me refiero al corte de pelo, que todo hay que aclararlo…).

Pero el pelo de mi hijo es otra historia. Como es natural, a los seis años aún se tiene el suficiente pelo como para necesitar un corte de pelo adecuado a su edad, y que no lleve a la conclusión errónea de que sus padres le odian. Esa fue la razón de que, precisamente el día del Padre, demostré ser un buen padre, o al menos lo intenté, y le llevé a un peluquero profesional.

Aunque la peluquería en cuestión, no era lo que se conoce hoy en día como una peluquería, sino que se asemejaba más a una barbería de las de antaño, de las que huelen a loción de afeitado Floyd, y regentadas por un peluquero/barbero de avanzada edad, con su chaquetilla blanca impoluta y sus gafas de antes de la guerra, de los que seguirán cortando el pelo hasta que dejen de respirar, y para quien la jubilación sólo es una palabra más de las que adornan nuestro diccionario. Porque es un peluquero vocacional y seguramente lleve cortando el pelo desde que hizo la comunión. Seguramente porque ese mismo día algún otro pseudo peluquero le hizo un escarnio al cortarle el pelo y se dijo para sí mismo: “Nunca más…”.

Y ayer recordé una lección que ya tenía olvidada por todo lo expuesto en el primer párrafo: Madruga si no quieres pasarte media mañana en la peluquería por un corte de pelo. Y es que yo pensaba que ya sólo las mujeres iban a la peluquería…, qué incauto. Hasta seis caballeros esperaban pacientemente cuando llegué a la peluquería de la mano de mi hijo. Pensé en darme la vuelta, pero cualquiera se lo explica al pequeño que ya se veía con un peinado de lo más moderno.

Porque los niños de hoy en día ya no son como los de antes… Con seis años a mi me llevaban a cortarme el pelo y hacían de mi lo que querían. Ahora no. Ahora son ellos los que dicen cómo se lo quieren cortar. Contradecirlos sólo supone perder el tiempo, y mientras no quieran ponerse una cresta es mejor complacerles. Total, el pelo es suyo.

Lo que no hay que hacer es perderlos de vista ni un segundo. Bastó que me llamaran al móvil y tuviera que salir de la peluquería (tampoco es caso que todo el mundo dentro del local se enterara lo que tenía que hablar), para que al volver a entrar descubriera a mi hijo, con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos como platos, ojeando un ejemplar de la revista Interviú, justo en la página en que una señora nada fea mostrara todo aquello que normalmente no se suele mostrar a todo el mundo. Sí, en la mesita aquella también había tebeos y cómics, pero… ya he dicho que los niños de hoy en día están muy espabilados.

Por fin nos llegó el turno. Con atención observé todos los movimientos del experto peluquero en la cabeza de mi hijo, quien me miraba a través del espejo con cara de circunstancias al mismo tiempo que obedecía las indicaciones que éste le daba con el objetivo de no cargarse ninguna de las dos orejas. Y me preguntaba cuántos cortes de pelo habría llevado a cabo, con quejas o sin ellas, con éxito o sin él… Seguramente ni él mismo lo sabrá y simplemente se limita a cumplir con la rutina y es que para él todas las cabezas son iguales…

Como no podía ser de otra forma, la espera mereció la pena y el corte de pelo fue un rotundo éxito. La próxima vez… madrugaré.



15 de marzo de 2011

En busca de la comodidad.

El hombre es vago por naturaleza.

Sí, no me mire así, con esa cara de incredulidad. Ya sé que usted trabaja, pero… ¿lo haría si tuviera dinero suficiente para tener todas las comodidades sin necesidad de trabajar? Lo suponía. Usted trabaja por necesidad, pero no por vocación. Igual que yo, no se crea que yo soy diferente a usted o a su vecino. A los que tenemos la mala costumbre de no tener dinero de sobra, no nos queda otra que trabajar para tener sólo algunas comodidades.

Pero los que son lo suficientemente afortunados de tener todas esas comodidades sin necesidad de trabajar… ¿Se cree usted que tendrán algún día la tentación de hacerlo? (el trabajar me refiero…). Ni por asomo, se lo aseguro. Es más, yo en su lugar haría lo mismo, y seguramente, aunque no se lo crea, lo conseguiría sin ningún tipo de esfuerzo. Al menos no supondría ningún esfuerzo sobrehumano.

Pues bien, esa vagancia natural que nos acompaña de nacimiento, y por consiguiente, la búsqueda de la comodidad, es lo que nos ha llevado a nuestra especie a evolucionar de la manera en que lo ha hecho. La comodidad es la madre de la evolución, y el único motor que mueve el progreso alimentado por… la vagancia.

Si existe la rueda, es porque alguien se hartó de llevar arrastrando pesadas mercancías, dejándose medio cuerpo en el intento y el hígado por el camino. Si alguien inventó el mando a distancia, es porque era tan vago que no quería levantarse del sofá para cambiar de canal. Pero no sólo él era vago, porque todos le aplaudimos y le secundamos en el uso del mando salvador, convirtiéndonos así en cómplices de vagancia.

El automóvil se inventó, más que nada, porque sus asientos eran más cómodos que el lomo de un caballo, porque en los inicios del automóvil los caballos aún eran más rápidos que estos, pero claro, no me compare la comodidad y, sobre todo, la disminución de aquejados de almorranas que experimentó la humanidad a raíz del nacimiento del automóvil… El transporte público es otro síntoma de la búsqueda de comodidad, hacemos el mismo recorrido que en nuestro propio vehículo, pero tranquilamente espatarrados en el asiento mirando por la ventanilla, o a la maciza de turno que va de pies agarrada a una barra, y además no tenemos que aparcar…, salvo que sea usted el autobusero, en ese caso… haber sido millonario, qué quiere que le diga.

¿Y la ropa? ¿No se creerá, que la evolución en nuestra vestimenta ha sido propiciada por algún fin ecológico? Fíjese en la incomodidad de las vestimentas de épocas pasadas. Imagínese el tiempo que le llevaría a alguna de las Meninas quitarse toda la ropa en medio de un apretón. En cambio ahora, uno puede desnudarse en menos de lo que se tarda en estornudar, y sin romper ningún botón. Es más, en la mayoría de los casos, ni siquiera hace falta quitarse la ropa, porque esta es tan pequeña que no estorba para nada.

Con ello, no estoy insinuando que de no haber sido tan vagos, ahora seguiríamos clavando los nudillos de las manos al andar, no. Pero sí es posible que aún tuviéramos que levantarnos del sofá a cambiar de canal la televisión…