3 de octubre de 2010

Elvis al desnudo.


No, no se asusten, no se crean que me verán quitarme la ropa… al menos no de momento. A veces, ser bloguero (por llamarme de alguna forma porque ni siquiera sé si lo soy), tiene estas cosas. Sin comerlo ni beberlo te puedes ver envuelto en algún asunto del que no te puedes desenvolver sin romper el envoltorio. Y ese es el caso que me ocupa, uno de esos cuestionarios al que he sido emplazado a responder por mi amigo Anto, y que he aceptado por una sola razón: me sé todas las respuestas.

Así que en presencia de mi abogado, y siendo completamente consciente de que, posiblemente, todo lo que responda será utilizado en mi contra, ahí van las preguntas con sus correspondientes respuestas (a ver si por primera vez en mi vida saco un diez…).

1. ¿Te llevas bien con tu suegra?
Por supuesto, es imposible no llevarse bien con ella.

2. ¿Cuál es tu reto?
Acertar una quiniela. Por supuesto de 15 aciertos, de diez no tendría gracia…

3. ¿Qué le dirías a tu jefe si te tocara la lotería?
Jefe, me ha tocado la lotería… y me ha gustado. Desde hoy tiene un hueco libre…

4. ¿Qué harías si descubrieras que alguien te está mintiendo?
Me sentiría mentido… yo aún diría más, me sentiría engañado. Dejaría de contarle la verdad...

5. Si se quema la casa y sólo puedes salvar una cosa, ¿qué salvas?
Si sólo pudiera salvar “una cosa” (lo cual excluye personas…), lo tendría claro: mi camiseta del Real Madrid.

6. Entras en un sitio con mucha gente, ¿qué haces?
Posiblemente no ver el fondo (es que soy algo bajito….).

7. ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?
Siempre medio lleno. Sólo suelo preocuparme por lo que está o por lo que tengo… lo que no tengo o no está no me preocupa.

8. Te encuentras con una lámpara mágica, ¿qué tres deseos pides?
1-Ver crecer a mis hijos.
2-Que mi mujer no se aburra de mí (al menos mientras viva).
3-Que no tenga nada que lamentar…

9. ¿Qué te llevó a escribir un blog?
Resolver la incógnita de si podría hacerlo… (…y aún no la he resuelto…).

10. Si fueses un dinosaurio, ¿cómo te llamarías?
Tragondocus.

11. ¿Querrías cambiar algo de tu pasado?
Sí, ¿Y quién no?...

12. ¿Cuál es tu sueño?
Jugar en el Real Madrid… pero creo que ya no podré… salvo que me fichen los veteranos.

13. ¿Qué es lo más vergonzoso que has hecho?
Participar en una carrera de pingüinos, es decir con los calzoncillos en los tobillos… (aunque ahora que lo pienso, a mi no me dio ninguna vergüenza…).

14. Si fueras un animal, ¿cuál sería?
El Caballo… o mejor dicho, el Poni.


Bueno, eso ha sido todo. Siguiendo con la tradición del cuestionario, me veo en la obligación de pasarle el marrón a otros ocho blogueros… (juro que yo no quería). Y quiero aprovechar la ocasión que se me brinda, para continuar estrechando lazos (espero que no nos ahoguen…) con el otro lado del charco y hermanarnos aún más con los blogueros argentinos (geniales, créanme, geniales…). En esa lista están algunos de ellos, no están todos los que son, pero si son todos los que están. No es obligatorio, repito: no es obligatorio, así que cada cual haga lo que quiera y se atenga a las consecuencias. Espero que algún día podáis perdonarme:


Que Dios reparta suerte, saludos cordiales.



1 de octubre de 2010

Personaje a exámen.

Capítulo 8. Don Quijote de la Mancha.



En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, y del que aunque quisiera tampoco me acordaría, más que nada porque nunca llegó a saberse el nombre de tan inhóspito lugar, habitó un singular caballero conocido como “el caballero de la triste figura”. Más conocido como Don Quijote de la Mancha, y menos conocido como Don Alonso Quijano.

Nuestro personaje, fue apodado “el caballero de la triste figura” por razones obvias, ya que su extrema delgadez no pasa desapercibida para nadie. Los más cachondos del lugar también le llamaban “medio Kilo”, aunque este otro apodo no se extendió por no lucir demasiado bien literariamente.

Pero no era su figura lo único triste que tenía nuestro personaje, ya que su vida solitaria al lado de un ama de llaves gruñona y una sobrina de las más solteras que se recuerdan, no era como para tirar cohetes… Corre el rumor de que la vieja gruñona le racionaba tanto la comida, que el pobre Don Quijote, en ocasiones, se iba al establo y le quitaba parte de la comida a su caballo. Este hecho propició que su caballo también pasase hambre, que tampoco le sobrasen kilos y que fuera conocido como “el caballo de la triste figura”… Afortunadamente, su perro era un galgo y consiguió pasar completamente desapercibido dentro del grupo.

Con tales premisas, a nadie puede extrañar que con el paso del tiempo enloqueciera, aunque no se sabe que influyó más en el deterioro de su lucidez, si la desnutrición o el martirio que suponía vivir con tales compañías. Se extendió el infundado rumor de que la causa de su locura fue el exceso de lectura de libros de caballerías, pero dicha teoría se cae por su propio peso… los libros pesaban demasiado como para que los delgados y débiles brazos de Don Quijote los sostuvieran el tiempo suficiente como para leer media página. Apenas se limitaba a colocarlos sobre sus piernas y mirar los dibujos…

Siendo consciente Don Alonso de que si continuaba con aquella vida, esta acabaría en la letrina, decidió pasar a la acción y convertirse en Don Quijote, un caballero en pos de deshacer entuertos, aunque en realidad sólo consiguiera hacerlos, dejando con un palmo de narices a la gruñona. Poco después añadió “de la Mancha” a su nombre, en homenaje a una deposición de pájaro en su vieja armadura que nunca pudo limpiar… Llevó consigo por iniciativa propia al resto del grupo de flacos que moraban a su lado, y por iniciativa ajena al “doblemente pesado” de su vecino Sancho Panza, pesado por su sobrepeso y pesado por su insistencia en acompañarle. Don Quijote, que era “muy paciente”, al final tuvo que acceder a que le acompañara.

Después de abandonar su “hogar” se propuso cumplir dos objetivos. El primero de ellos, conquistar algún reino de por ahí para ofrecérselo a su escudero Sancho (a ver si así por fin se deshacía de él). Y en segundo lugar, encontrar el Toboso, lugar donde, según él, le esperaba la Miss España del momento: Dulcinea del Toboso (aunque en realidad vivía en Badajoz…) Por supuesto, Castilla era tan ancha y tan despoblada, que no sólo no conquistó ningún reino ni llegó al Toboso, si no que se perdió en su intento y acabó en La Rioja tan borracho, que la emprendió a espadazos con pellejos de vino para beber más cómodamente terminando bañado en vino… De sus últimos días no se recuerda mucho, tan sólo que fueron… tristes.

Pasaron muchas más cosas en su vida, pero eso… es otra historia.



28 de septiembre de 2010

Sexo, sexo, sexo....

No vamos a descubrir ahora, que todo lo relacionado con el sexo despierta incluso la atención de un muerto.

Mires para donde mires, te encuentras de bruces con situaciones que son procesadas por tu mente con un marcado tinte sexual. Vamos, dicho de otra manera, que se nos va el santo al muslo con demasiada facilidad. Incluso hay quien piensa, que el sexo es lo más importante... Pues mire usted, no voy a ser yo quien le lleve la contraria, más que nada porque los hechos demuestran, no sólo que sea lo más importante, si no que además es lo único importante (al menos estarán de acuerdo conmigo en que es una de las pocas cosas, por no decir la única que, en mayor o menor medida, le gusta a todos los mortales..., sobre todo practicarlo, y quien diga lo contrario miente).

Podríamos pensar que somos unos cachondos mentales por tener tales pensamientos, pero nada más lejos de la realidad. El sexo está presente en nuestras mentes hasta el punto de que pensamos en ello unas doscientas veces al día de manera inconsciente (conscientemente creo que el doble), y por si eso fuera poco somos bombardeados a todas horas con mensajes subliminales relacionados con ello. Yo he llegado a la conclusión de la tremenda importancia del sexo en nuestras vidas (y sin necesidad de hacer ningún curso para ello...), guiado por la importancia que parece tener tal cuestión en los medios.

Y no nos engañemos, cuando los medios utilizan algo para captar la atención del espectador o consumidor, es porque es lo suficientemente importante como para estar seguros de que con ello van a conseguir su objetivo... A veces sólo son insinuaciones, pero la mayoría de las veces el contenido mostrado es tan explícito que ni siquiera hace falta utilizar la imaginación para trasladarse a un momento placentero en compañía de... llamémosle “X”, ... ó “Y” si lo prefieren, me es indiferente. Los publicistas saben perfectamente del poder sugestivo que produce en el consumidor un cachito de carne bien enseñado, sobre todo si ese cachito de carne es terso y firme sin arrugas. A veces ni siquiera es necesario que se muestre nada de carne y es suficiente con un simple gesto.

¿Cómo atraer la atención de un posible consumidor de cerveza? ¿Mostrando la imagen de una jarra llena del refrescante líquido? No, mostrando a una señorita espectacular, por supuesto con ropa que a todas luces le queda pequeña, acercando lentamente la jarra a su entreabierta boca para, después de beber un trago, quitarse la espuma que se le ha quedado pegada al labio superior, a base de pasar lentamente su lengua por todo el contorno, mientras su mirada parece indicar que ese acto de relamerse no tiene absolutamente nada que ver con la espuma de la cerveza... ¿Cómo inducir a una señora a que le compre a su marido una corbata? Pues muy sencillo, mostrando al George Clooney de turno vestido tan sólo con una corbata, tumbado en un sofá con cara de “mira lo que te estás perdiendo por no comprarle una corbata a tu marido...”. Eso sólo por poner dos ejemplos ilustrativos, vale... de acuerdo, bastante ilustrativos, pero no por ello irreales.

Por lo tanto, no tiene de qué preocuparse, si es que en algún momento le ha llegado a preocupar pensar demasiado en el sexo, porque la culpa no es suya, ni tampoco sufre ningún tipo de obsesión compulsiva... (bueno, es posible que esté obsesionado/a con su vecina/o, pero eso también es superable sin medicación), así que puede usted seguir pensando en el sexo todo lo que quiera... sin duda su pareja se lo agradecerá...







16 de septiembre de 2010

¿Política?

A mí no me gusta la política. De hecho tampoco me gusta hablar de política. Es más, nunca hablo de política. Dicho esto, podría parecer que soy apolítico, pero nada más lejos de la realidad. Siempre he pensado que la política es necesaria, aunque sólo sea para indignarnos… Y hoy ha pasado… El indignarme, quiero decir. Lo suficiente como para que escriba de política. Ya ven, es lo que tiene no desconectar la radio en el momento justo, cuando terminó el boletín de información deportiva. Llegar tarde se paga caro y no tiene disculpa por mucho que uno estuviera sentado cómodamente cenando…

El caso es que uno llega a la conclusión, seguramente acertada, de que en las reuniones de la UGT de Andalucía, se exceden con el consumo de vino, o en su defecto, éste es de mala calidad. De hecho, de seguir con esa costumbre, su secretario general, aunque no creo que tenga aptitudes más que para ser sólo secretario, pasará a engordar la lista de alcohólicos anónimos (que nunca he entendido porqué se llaman así, si lo primero que dicen cuando llegan es: “me llamo Manolo y soy alcohólico…”).

Tales reuniones amenizadas con vino, sólo sirven para hacerle creer que se ha convertido en el mesías que necesita este país, aportando soluciones que ni por asomo se le han ocurrido a nuestro presidente ni a ninguno de sus colaboradores, más que nada porque estos hacen sus reuniones con vino del bueno, que además de ser más sano, al ser más caro es consumido en menor cantidad. Pero en la UGT- Andalucía han visto la luz, y el secretario en cuestión cree haber encontrado una posible solución para disminuir el paro: que los abuelos no cuiden a sus nietos… Se cree así, que muchos parados podrán encontrar un trabajo haciendo de niñeras… Aunque disfraza tan esperpéntica idea convirtiéndolo en un simple llamamiento para que los abuelos se sumen a la huelga general del próximo día 29, posiblemente porque incluso habiendo bebido es consciente de la tontería que se le ha ocurrido.

Porque es lo que tiene el beber demasiado, no deja pensar con claridad y a este señor se le ha escapado hacer dos tipos de valoraciones. En primer lugar la económica, porque ya me dirá con esta medida cuántos padres pueden permitirse contratar a una niñera/o que se haga cargo de su o sus hijos si los abuelos no se hacen cargo de ellos (seguramente la mayoría tendrían que dejar de trabajar para cuidarlos ellos mismos con lo que… ¡aumentaría el paro!). Y en segundo lugar, pero no menos importante, está la valoración sentimental, porque muchos abuelos necesitan la ilusión de cuidar a sus nietos, para rellenar un hueco de una vida en muchos casos monótona y transitoria.

Seguramente este señor no tiene un padre que cuide de sus hijos, o no tiene hijos que encomendar a su padre o… simplemente no tiene hijos en edad de ser cuidados por nadie. La verdad es que no conozco nada de su vida personal ni me interesa, pero por favor, que no le den más vino… o que no le den Don Simón.





Pd.: No tengo nada en contra del vino Don Simón, de hecho su mezcla con Coca Cola produce el Calimocho más rico que se puede probar… al menos se consume en cantidades industriales.


11 de septiembre de 2010

Crónicas Chumbescas. Capítulo 7.

                                                                                                                       (Lea el Capítulo anterior).


El final del verano dio paso a un nuevo año escolar. Y con ello iba a llegar un cambio bastante significativo en las vidas de nuestros protagonistas, porque el nuevo curso sería el primero en el que asistirían al instituto, o a la “High School”, como le llaman allí. Por supuesto, ninguno de ellos tenía la más mínima intención de llegar a cursar estudios universitarios, pero el paso por el instituto era obligatorio (o el High School, como quieran llamarlo…). Ello significó, entre otras cosas, que se terminaron las caminatas diarias hasta la escuela del pueblo, siendo sustituidas por un viaje en autobús hasta el instituto en Madisson (capital del estado). Era casi una hora de ida y casi otra de vuelta, de un viaje que se sabía como empezaba, pero cuyo resultado final siempre era una incógnita…

Aquel “autobús” amarillo chillón (sí, en Wisconsin también eran amarillos…y chillaba) atentaba contra la seguridad vial y convertía cada viaje en una aventura digna del mismísimo Mc Gyver. Su conductor respondía al nombre de Carl, cuando le gritaban porque era un poco duro de oído, y su cavidad estomacal tenía un diámetro que provocaba algunas dificultades en el movimiento de rotación del volante, lo cual tampoco ayudaba demasiado a la conducción del vehículo. Contaba con 24 asientos, el autobús, Carl sólo usaba uno de ellos, de los cuales la mitad iban vacíos por falta de ocupantes. Higor y sus amigos iban siempre sentados en los cuatro asientos traseros, les encantaban los saltos que daba la parte trasera del autobús cada vez que pillaba un bache. El motor amenazaba con saltar en pedazos cada vez que Carl lo arrancaba, y a cada pocos kilómetros sufría ciertas explosiones que ningún mecánico del estado fue capaz de solucionar…, de hecho ninguno de los dos mecánicos llegó nunca a saber de donde procedían, las explosiones quiero decir, los mecánicos… tampoco.

El consumo de gasoil en cantidades ingentes, también era un misterio, pero la parada a mitad de camino en la única gasolinera que había (en el camino porque en el estado había otra), era una parada obligada todos los días. Bueno, en realidad paraba dos veces, una a la ida y otra a la vuelta, lo cual provocó que corrieran ciertos rumores de ciertos intereses de Carl en aquella gasolinera. Los bien pensados sostenían que Carl estaba liado con el dependiente de la gasolinera, los mal pensados creían que eran los bollos que vendía aquel dependiente los que realmente atraían a Carl.


Uno de los primeros viajes que dieron nuestros protagonistas, tras la pertinente parada en la gasolinera, Carl no se percató de que Higor había bajado del autobús con el noble propósito de hacer sus necesidades más necesarias, dejándole allí tirado, bueno más bien dejándole honorablemente inclinado… Tubo que esperar allí todo el día a que volviera el autobús ya por la tarde, matando moscas en compañía del dependiente (cuyo nombre se desconoce porque era un tipo tremendamente reservado, aunque nunca se ha sabido quién le había reservado…). Higor aprendió dos cosas ese día. La primera de ellas y la más importante, que había que procurar hacer las necesidades antes de salir de casa cuando se iba a viajar con Carl, y la segunda, que era cierto que Carl no oía si no se le gritaba…

Cuando nuestros amigos llegaron por primera vez ante el instituto, se dieron cuenta rápidamente que habían tomado la decisión errónea al intentar estudiar allí. No era de extrañar, ya que Carl les dejó delante de la Iglesia que estaba a varias manzanas del instituto por no se qué asunto familiar… Cuando llegaron al verdadero instituto tres horas después, su opinión no sólo no cambió en absoluto, si no que se acrecentó enormemente. Se encontraron con una gran cantidad de chavalería de ambos sexos armando jaleo en los aledaños del instituto. Se quejaban de que… ¡empezaba el curso! Higor y sus amigos no daban crédito ante tan ridícula queja y pensaban: “cómo iban a ir a la escuela si no empezaba el curso”… Sea como fuera, el curso empezó el día que tenía que empezar.

Continuará…


6 de septiembre de 2010

Ideas "geniales"...

Cuando uno tiene una idea, y se hace un planteamiento mental acerca de cómo llevarla a cabo, por norma general todo suele salir bien. Bueno, eso depende de la capacidad de intelecto que tenga uno, pero por lo general, en la teoría creada por nuestra cabeza todo cuadra sin margen de error, pero…

Pongamos un ejemplo:

Usted echa un vistazo panorámico a su salón. Aparentemente no falta de nada, sin embargo aquel espacio de aproximadamente tres metros de anchura, quedaría mejor decorado si en lugar de haber un espacio vacío, hubiera una estantería donde colocar todos esos libros y cd`s que tiene almacenados en varias cajas en el desván, o en el garaje, tampoco le voy a decir dónde tiene que guardar sus trastos… Bien, la idea ya ha surgido y su mente empieza a idear un plan…

Vamos a suponer, aunque sea mucho suponer, que tras consultarlo con la otra persona que también tiene poder de decisión sobre su salón (si es que esta existe…), ha conseguido su beneplácito. Así nos saltaremos una dificultad añadida y haremos esto más corto. Ha medido el hueco con precisión milimétrica, y con las medidas en el bolsillo se dirige a su tienda de muebles habitual (la que sea, tampoco es cuestión de hacer publicidad gratuita). Allí le atiende un dependiente/a con toda la amabilidad del mundo, quien le asegura con total convencimiento, que sus muebles son los mejores muebles del mundo y parte del extranjero. Desafortunadamente tiene en su establecimiento el mueble que usted había dibujado en su mente cuando decidió llenar el hueco vacío de su salón. Y digo desafortunadamente, porque para que pudiera colocarlo en su salón, debería antes vender media casa para poder pagar el mueblecito en cuestión. Resultado: usted sale de la tienda llevándose como toda compra una tremenda decepción.

Con buen criterio, más que nada porque no le queda más remedio, decide acudir a un centro de esos en los que puede encontrar todo lo que pueda necesitar para su casa a precio de ganga. Por supuesto, allí no encuentra un mueble similar al que vio en la otra tienda, pero su bolsillo le susurra que uno de los que ha visto allí también quedaría bien en su salón, y haciéndole caso decide comprarlo. Comprar en este tipo de establecimientos, conlleva el añadido de que el transporte y montaje del mueble corre de su cuenta. Lo primero es posible que no suponga ningún inconveniente si su coche es en realidad una furgoneta. Lo segundo siempre es un inconveniente si no ha hecho un curso de bricolaje o de interpretación de libros de instrucciones de montaje, que para el caso es lo mismo.

Una vez en su casa, y tras haberse duchado para eliminar el sudor que ha propiciado la aventura de subir el paquetito hasta el quinto piso por la escalera porque no entraba en el ascensor, se dispone a realizar la tarea de desembalaje y amontonamiento de piezas. Parece un poco de lío pero no se preocupe, yo le guío en lo que pueda… Tenga cuidado, no deje ahí la bolsita con los tornillos que se la come el perro… Sin más preámbulos usted coge el papelito que se supone son las instrucciones y lee: “Tomar los tableros 1 y 2- Unirlos con los tornillos A sobre el panel 3 que hará las veces de fondo”… “Qué fácil”, pensará usted, pero cambiará de idea cuando vea que, ni las maderas ni los tornillos llevan ninguna indicación para saber a cual de ellos hace referencia. Su disgusto aumenta cuando descubre que los dibujos que figuran en la hojita de instrucciones parecen hechos por un niño de 2 años, y no se parecen en nada a las piezas que componen el mueble…

En ese momento, decide abrir una cerveza para calmarse… y tras un momento de sosiego vuelve a la carga. Decide echarle imaginación y lógica al asunto, y tomando los dos tableros más largos intenta unirlos al ¿panel 3? Como era de suponer, pese a intentarlo no puede unir los dos tableros a la vez, así que dejando uno apoyado en la pared y haciendo malabarismos, sin soltar ambas piezas intenta alcanzar los tornillos A. Tras un enorme esfuerzo, se dispone a introducir el tornillo en el agujero que lleva el tablero 1, apreciando entonces que el tornillo no entra en el agujero. Se da cuenta de que no ha cogido un tornillo A, si no un tornillo B, bastante más ancho que el tornillo A. Es entonces cuando piensa que es mejor identificar bien los tornillos A y guardárselos en el bolsillo de la camiseta para tenerlos más a mano…

Sí, es el momento de darle otro trago a la cerveza, lo necesitará… Al fin ha conseguido introducir un tornillo A y unir el tablero 1 al panel 3. Bien, ya ha hecho lo más difícil. Ahora sólo necesita meter otro tornillo A para terminar de unirlo y… vaya, no le coincide el agujero 2, claro, ¿no ve que ha colocado el panel 3 al revés? Ande, desatornille el tornillo A y dele la vuelta… y esta vez asegúrese de colocarlo bien antes de colocar ningún tornillo A. ¿Ve como no es tan difícil? Ahora haga lo mismo con el tablero 2… ¡No hombre! Ese hay que ponerlo al otro lado… si lo pone pegado al tablero 1 ¿en qué agujeros piensa atornillar los tornillos A? ¿Acaso no ha leído las instrucciones? ¿Eh?... Ah claro, se las comió el perro… ya le dije que no dejara nada a su alcance… Bueno, seguiremos echándole imaginación al asunto.

Ahora coja la tapa 4 y colóquela en posición de techo… pero colóquela bien porque si no, no le encajarán los tornillos B con los agujeros, que son cuatro, los agujeros, los tornillos… también. Si ha comprobado que coinciden los agujeros ya puede empezar a atornillar los tornillos B, ya sabe los que eran más anchos y… ¿Qué dice? ¿Qué no sabe dónde los dejó? Ay madre… a que se los comió también el perro… Haga el favor de mirar en el otro bolsillo… Me lo imaginaba… Ande, atornille y deje de maldecir. Bien, vale, ya tiene el armazón del mueble armado, ahora sólo le queda atornillar las baldas 5, 6 y 7 que van en posición horizontal con una separación de 50 cm entre cada una de ellas… Pero ¿qué hace? No necesita un metro para nada, ¿no ve que la separación se la marcan los agujeros para meter los tornillos B? (En este preciso momento, usted se arrepiente enormemente de cambiar de canal cada vez que empieza un programa de bricolaje en la televisión…) Vale, coloque la balda 5 en su posición y atorníllela con los tornillos B y… ¿Qué no le entra la balda 5 en el hueco? Vaya por Dios hombre… entonces va a tener que desatornillar el tablero 1 ó el 2, el que prefiera y atornillar primero las baldas 5, 6 y 7, y ya de paso atornille también el tablero 8 que hace las veces de suelo del mueble… si es que eso lo tenía que haber pensado primero….Asegúrese de colocar las baldas en la posición correcta, porque si las coloca mal no le encajarán los tornillos B con los agujeros 2… vale, veo que lo ha entendido… Bueno, ahora sólo tiene que colocar las tapas C, que van tapando las cabezas de los tornillos y… bueno, déjelo, mejor no hacer sufrir al perro, ya lo expulsará al exterior un día de estos… Bien, ya ha terminado, ¿Ve cómo no era tan difícil? Venga, colóquelo en el hueco del salón, así muy bien y ahora… Pero… ¿Cómo que el mueble tapa el enchufe de la pared? ¿Pero quién ha puesto ahí ese enchufe…?

Sabe qué le digo… Doy gracias a Dios porque no haya elegido un mueble con cajones…

1 de septiembre de 2010

Animalitos...

Capítulo 6. El Gato.




Hoy toca hablar sobre el gato. ¿Por qué? Pues porque lo digo yo, o mejor dicho, porque lo escribo yo y punto.

A pesar de su aparente fragilidad tiene una gran fortaleza, y aunque no lo usemos demasiado, no debemos obviarlo en ninguna circunstancia, pues podemos arrepentirnos. Casi todos hemos tenido que recurrir a él en alguna ocasión salvándonos la vida. Él aguarda su momento en el compartimiento que tiene destinado en nuestro maletero, para hacer lo único que sabe hacer, levantar el coche para que podamos cambiar la rueda con comodidad y… ¿Qué? ¿Cómo dice?... ¿que ese gato no es un animal?... Si se cree que se puede levantar un coche sin ser un animal va listo… Ah, que me estoy confundiendo de concepto… Vaya, es verdad, perdón, no sé cómo he podido confundirme… En fin hablaré sobre el Gato animal…

Como iba diciendo, a pesar de su aparente fragilidad (¿ve como no iba yo desencaminado?), tiene una gran fortaleza, y presume de ser el único bicho viviente que cuenta en su casillero con siete vidas, como si de un personaje de videojuego se tratase. Personalmente nunca he hecho la prueba de amarrar un gato y atropellarle para comprobarlo, pero hay quien insiste en que es cierto.

Pertenece a la familia de los felinos, familia tan numerosa como la gran familia o incluso más, existen tantas razas que no podría enumerarlas todas en una sola entrada, y se caracteriza por su asombrosa agilidad. Sus cabriolas pueden llegar a dejarnos perplejos y con la boca abierta. Dicha agilidad, se basa en un duro entrenamiento a base de intentar cazar ratones. También suelen ir detrás de los pájaros, pero eso lo tienen bastante complicado porque, al menos a día de hoy, no se conoce ningún caso de gato volador. Hay quien dice que los pájaros aprendieron a volar para escapar de los gatos…

Tiene además la increíble facultad de caer siempre de pies, hecho que sí he comprobado personalmente (agarrando a un gato por la cola y lanzándolo varias veces a una altura considerable, lo más alto que mi brazo me permitió…). Así mismo provoca una sensación de sordera en todo aquel que le rodea debido a lo silencioso que puede llegar a ser. Si alguien es capaz de oír una pisada de gato deberían de darle el premio a la persona con mayor oído del mundo. No de tamaño, de capacidad auditiva…

Otra de las características que distingue a los gatos del resto de especies animales (aunque algunas mujeres pueden llegar a hacer algo parecido…), es la capacidad para ronronear, y dicen que es el gusto lo que se lo produce, pero no se sabe a ciencia cierta a qué se refieren cuando dicen “gusto”. No creo que sea por las papilas gustativas, salvo que las tengan repartidas por todo el cuerpo, vaya usted a saber, como tienen todo el cuerpo cubierto de pelo (los gatos quiero decir, las mujeres está claro que no…).

Lo que aún no se ha podido llegar a probar es porqué le tienen tanta fobia al agua. Con el olfato que tienen deberían de darse cuenta de lo mal que huelen cuando no se lavan. Tal vez sea porque no les enseñan a nadar, o porque algunos les echan al río de recién nacidos para deshacerse de ellos. Al tener siete vidas sobreviven y les queda un mal recuerdo en forma de trauma infantil del que no logran recuperarse. Pero no me hagan caso, sólo es una teoría… Lo que tiene gracia es que su manjar favorito sea el pescado. Me encantaría saber como demonios llegaron a aficionarse a comer peces si son incapaces de meterse en el río…

Os podría contar muchas más cosas sobre los gatos, pero eso, que lo hagan los de National Geographic…


30 de agosto de 2010

¿Inteligencia superior? II

Continúo el hilo de la anterior entrada del mismo título pero sin los dos palitos, porque es un carrete que da para mucho.

La incapacidad para aprender de los errores, o en su defecto, la no utilización de los conocimientos adquiridos, lo cual no sé qué es peor, ya está expuesta en dicha entrada, pero son muchas más las razones que demuestran que la supuesta superioridad intelectual del Hombre sobre el resto de especies animales es sólo eso… supuesta, porque la realidad nos demuestra lo contrario.

En un mundo, donde actuar con racionalidad se me antoja un requisito fundamental para la supervivencia, el Hombre demuestra continuamente darle la espalda a cualquier raciocinio, actuando en muchas ocasiones con un marcado carácter destructivo, e incluso autodestructivo. Acciones que ponen en entredicho nuestra intención por subsistir y alejarnos de la extinción de nuestra especie, de la que sólo nos salvamos por ser una especie muy numerosa. Hablo en general, porque no todos los individuos poseen ese carácter destructivo, pero son demasiados quienes lo llevan en sus genes, como para pensar que carece de importancia.

La única razón que se me ocurre para justificar el despropósito humano en relación con el resto de especies, es la complejidad de su mente en comparación con la simplicidad de la mente animal. Podemos suponer que cuanto más complejo es algo, más posibilidades hay de que falle alguno de sus mecanismos, y más fácil es que el sujeto desvaríe hacia actitudes incontrolables. La sencillez de la mente animal, provoca que sus actos sean bastante más previsibles que los de un humano, cuya mente puede tener en cualquier momento una fuga por cualquiera de sus múltiples resquicios, provocando una manera de actuar tremendamente variable y completamente imprevisible según el sujeto a quien tengamos delante.

Somos una de las pocas especies, que utiliza la violencia para fines banales. Nada que ver con casi todas las demás especies animales, que sólo la utilizan para alcanzar fines tan nobles como la supervivencia ó conseguir una hembra con la que aparearse, lo cual también tiene que ver con la supervivencia. Los animales, sólo se mueven por instinto, o lo que se conoce como instinto animal, son fieles a su naturaleza y no le dan la espalda, pero tienen la suficiente nobleza como para actuar todos de la misma forma, a pecho descubierto y de frente, y sólo ponen en peligro a aquellos miembros de su comunidad, que a su vez, representan un peligro para ellos mismos. Me resulta bastante complicado imaginarme a un animal matando vilmente a otros miembros de su especie por capricho, o porque le dio un ataque de locura transitoria. No, su mente no es tan compleja como para patinar de esa manera. La simplicidad de su mente hace que sea más difícil que ésta falle y provoque comportamientos incontrolados e imprevisibles.

La evolución del Hombre, sin embargo, ha desarrollado su cerebro con una mayor complejidad, y gracias a ello se permite la licencia de “pensar” en cosas que a los animales nunca se les ocurriría. Ello nos ha permitido alcanzar una serie de capacidades que están fuera del alcance del resto de especies. Entre tales capacidades, está quizás la más importante, la capacidad de razonar, muy útil cuando se trata de progresar con un buen fin, pero que puede ser desastrosa cuando no se usa de una manera lógica. Son muchos los ejemplares de nuestra especie, que razonan basándose en vaya usted a saber en qué principios, lo cual provoca que sus actos sean en muchas ocasiones incomprensibles para cualquiera que razone medianamente.

Esas capacidades desarrolladas, han traído consigo una serie de cualidades tales como la avaricia, la ira y en definitiva la maldad. Cualidades estas, que es difícil encontrar en otra especie animal. Lo que es curioso es que si encontremos en otras especies las cualidades contrarias, es decir, la generosidad y la bondad, sin que su mente haya sufrido una evolución significativa. Eso significa que el progreso no siempre va en una buena dirección y todo depende de las manos en las que caiga dicho progreso. Dicen que todos esos actos irracionales son producto de desequilibrios mentales, pero nunca se ha visto a un desequilibrado regalando dinero o repartiendo cariño…

¿Deberíamos pensar que, de haber tenido una mente menos compleja, ahora estaríamos mejor? No, tampoco creo que sea eso, pero es una pena que esa rama de nuestra mente llegue a desvariar de una manera tan dañina.


26 de agosto de 2010

Un lugar diferente.

Existe la remota posibilidad, de que si usted ha visto en la anterior entrada mi foto al lado de Supermán, se haya preguntado en qué recóndito lugar he pasado mis vacaciones. ¿No? Desde luego…, vale que no sea cotilla, pero podría tener algo de inquietud… De todas formas se lo voy a explicar, no vaya a ser que en el fondo si le interese y se quede con una idea errónea sobre el tema.

Aunque lo pueda parecer, el lugar en cuestión no es Kriptón. Y no porque no me habría gustado ir, pero entre nosotros: ¿se ha fijado en el vestuario que usan en ese lugar? Demasiado ajustado para mí, por no hablar del tiempo que necesitaría para ir hasta allí. Dudo mucho que mi modesto vehículo pueda siquiera despegar… Ni tampoco he estado en Metrópolis, más que nada porque no sé dónde está… En fin, cualquier otra hipótesis similar que se le haya ocurrido puede ir desechándola, y no porque no sea posible, pero para qué va a perder el tiempo si se lo puedo decir yo…

Se trata del Parque Warner en Madrid. Un lugar en el que puedes hacer muchas cosas además de pasar calor y gastar dinero. Como por ejemplo, quedarte sin bocadillo y demás viandas que iban a ser tu comida, tras pasar el pertinente control antes de entrar al parque. Es ahí donde te das cuenta de que además de pasar calor vas a gastar más dinero de lo que pensabas… y no tiene remedio, porque o pagas, o te haces unos kilómetros de ida y vuelta al lugar más cercano para… terminar pagando una comida más gasolina. Claro, usted me dirá “haber dejado los bocadillos en el coche…”, y tiene razón, pero… ¿quién se come un bocadillo en un coche que lleva cinco horas al sol sin una sombra en tres kilómetros a la redonda? Así que me comí un plato de albóndigas con patatas al módico precio de 7 euros, lo que comió el resto de la familia prefiero no recordarlo porque me pongo de muy mal humor (otro de los manjares fue un “exquisito” plato de macarrones…, si, también a 7 euros…), eso sí, todo ello al cobijo de una buena sombra.

Pero no sólo en comida te gastas el dinero, porque con la cantidad de tiendas de recuerdos de todos los personajes Warner que hay, a ver quién es el guapo que le dice un niño encaprichado con el muñeco de Batman que no se lo compra, sobre todo cuando está viendo que otros niños son tan felices con él en la mano. También hay un montón de puestos de bebidas, tan oportunos cuando hace tanto calor. He llegado a pensar que no plantan árboles para que no haya sombras y tengas más calor, lo que produce más sed y por consiguiente te gastes el dinero en bebidas a razón de una cada media hora…

Pero no todo es tan negativo, hay cosas buenas, como por ejemplo que todas las atracciones son gratis, más que nada porque ya has pagado la entrada, y al menos no tienes que llevar siempre la cartera a mano…, y claro, como todo aquello que es gratis, había una cola enorme para llegar hasta ello. Había cola hasta para subirse en el tiovivo… Acabé por pensar que la gente no proviene del mono, si no del parque Warner, porque había más gente que donde la fabrican…

Y además de gente, había montañas rusas, un montón para ser más exactos. Pero no sé porqué las llaman así, porque ni son montañas, ni son rusas, vamos, que no son los Urales precisamente, pero si quiere saber qué se experimenta al subirse a una de ellas, será mejor que haga la prueba porque yo hice pleno, es decir, no me subí en ninguna de ellas. Raro ¿verdad?, qué se esperaba, yo soy raro, raro… y me gusta estar cerquita del suelo y si es en posición vertical mejor. Bueno, en posición horizontal también. Pero me subí en el tiovivo encima del correcaminos, el único lugar donde el coyote va a la misma velocidad que el extraño bípedo en el que yo iba montado, y la verdad, a mi no me parece que éste corra tanto…

Lo mejor del parque, es una atracción en la que vas subido en una barca provista de pistolas de agua para mojar al resto de la gente, y en la que pasas bajo chorros de agua mojándote hasta la ropa interior. Nada extraordinario me dirá… Todo lo contrario, lo bueno de esa atracción no es subirse en ella, si no esperar a la salida y ver un auténtico desfile de camisetas mojadas… No, no piense mal, yo estaba allí porque alguien tenía que cuidar las mochilas y la silla de los niños, en realidad hice un gran sacrificio quedándome allí solito el tiempo que duró la participación de mi gente en dicha atracción, nada que ver con el disfrute propio… También puedes ver a unos cuantos ninjas corriendo detrás de Batman para apalearle con un éxito desastroso, en un espectáculo de acrobacias y explosiones digno de Spielberg. Eso me gustó, sobre todo porque en la grada había un aparato que pulverizaba agua refrescando al personal.

En fin, toda una experiencia de dos días. Porque no sé si lo saben, pero ahora te regalan la entrada para el segundo día…, no me extraña, con la cantidad de dinero que dejas allí les compensa regalarte hasta la entrada del tercer día… Pero en contra de lo que pueda parecer por todo lo que he escrito, si lo visitan se lo pasarán bien, sólo hay que tomárselo con humor, llevar la cartera (a poder ser llena y rebosante), y ser consciente de que un parque temático… siempre es un parque temático.


24 de agosto de 2010

Depresión post-vacacional

Sí señor, sí.


Da igual que viva usted en Wisconsin o en Helsinki. Volver a trabajar después de un período vacacional, es uno de los motivos más nobles que existen para caer en una depresión, o cualquier otra cosa que se le parezca (salvo que sea usted chino, en ese caso, seguramente se pase los dos únicos días de sus vacaciones deseando que llegue el momento de volver a trabajar…).

El cambio que sufrimos en la transición vaguear-currar, puede llegar a ser traumático si uno no está debidamente mentalizado para llevar a cabo dicha transición. ¿Y cómo hacerlo?, me preguntará con cara de interrogante, pero… qué quiere que le diga, no tengo ni la más remota idea. ¿Se cree que si lo supiera estaría yo ahora con esta depresión, o como quiera llamarlo? No, si lo supiera estaría tan feliz como un chino (como un chino que estuviera trabajando, no como un chino que estuviera de vacaciones).

Y es que, pasar de estar durante un tiempo determinado haciendo lo que uno realmente quiere, a verse privado de toda esa libertad y enfrentarse de nuevo a la rutina diaria, tiene su miga. Si, está claro que incluso antes de empezar el período vacacional ya sabíamos cuando iba a terminar, porque las vacaciones, como casi todo en la vida, son efímeras, pero… siempre acaban en el momento más inoportuno, cuando uno más lo está disfrutando. A mi cuando alguien me pregunta: “¿Qué tal las vacaciones?”, nunca se me ocurre otra respuesta que no sea: cortas. Porque eso es lo que de verdad duele, que sean tan cortas, si duraran cuatro ó cinco meses seguramente acabaría pidiendo a gritos volver a trabajar (incluso hasta podría pasar por un chino cualquiera).

Pero son tan cortas, que nunca nos da tiempo a hacer todo lo que teníamos pensado. A mí por ejemplo, en estas que acabo de disfrutar, por más intentos que he hecho para encontrar un hueco, no me ha dado tiempo a pintar la casa. Tampoco a instalar un par de lámparas, las pobres llevan esperando incómodamente en su caja un par de años a que mis vacaciones sean un poco más largas y tenga tiempo para ellas. Sí, se estará preguntando que porqué no lo hago cualquier fin de semana, pero entonces… ¿me quiere explicar para qué coño son las vacaciones? ¿Cómo dice? No, mire usted, perdone que discrepe pero las vacaciones no son para disfrutar, las vacaciones son para intentar hacer todo lo que se le ocurre a nuestra santa esposa, empeñada en que seamos unos maestros del bricolaje aunque no sepamos ni lo que es un alicate ni seamos chinos… porque lo que para unos es un pasatiempo tan ameno que pueden hacer con los ojos cerrados, para otros es un deporte de riesgo.

Pero a parte de ser cortas, las vacaciones también son cansadas. Quien diga lo contrario miente. En realidad necesitaríamos de unas vacaciones para recuperarnos de las vacaciones, aunque seguramente, en vez de descansar, acabaríamos pintando la casa. En realidad, el ser conscientes de que en vacaciones hemos hecho de todo menos descansar, es otro motivo más que alimenta la depresión, porque yo, además de no ser chino, tampoco soy Supermán. 


No es que Supermán sea muy alto, es que yo soy bajito...

Al menos tras estas vacaciones, me queda el consuelo de poder decir que estuve cerca de él…



Pd.: No tengo absolutamente nada en contra de los chinos, estoy seguro de que son buena gente y además muy trabajadores…

6 de agosto de 2010

¿Inteligencia superior?

El Hombre, y me refiero al Hombre como especie, englobando en ello tanto al género masculino, como al género femenino, es un ser sorprendente. No lo voy a descubrir ahora, líbreme Dios, todo el mundo lo sabe. Cientos de científicos en todo el mundo, llevan qué se yo cuántos años investigando, todas las sorprendentes acciones, que nuestras ilimitadas posibilidades son capaces de generar. Es algo demasiado complejo como para que alguien como yo, que hasta hace poco, pensaba que la Penicilina era ese líquido blanco que sale del pene, sea capaz de comprenderlo de buenas a primeras…

Pero mi incapacidad para entenderlo no me impide de vez en cuando reflexionar sobre ello, más o menos profundamente, lo cual, normalmente me suele dejar igual que estaba antes de empezar a reflexionar. Se podría pensar que reflexionar por reflexionar es tontería, y que además cansa. Pero yo no pienso así, creo que es una absoluta pérdida de tiempo. Pero lo seguimos haciendo, una y otra vez porque… no tenemos nada mejor que hacer, y puestos a perder el tiempo, ¿porqué no hacerlo reflexionando?

Mi última reflexión, fue una vez que flexioné dos veces, y me quedé completamente reflexionado… (lo siento, todos hacemos de vez en cuando algún chiste fácil). Bueno, como iba diciendo reflexioné… y no fue sobre cualquier cosa, no. Me dio por reflexionar sobre la supuesta y pregonada supremacía de la inteligencia humana, por encima de la inteligencia del resto de especies animales que pueblan este planeta. Compararnos con la inteligencia de otros planetas no nos atrevemos, más que nada, porque aún está por demostrar que haya inteligencia fuera de nuestro planeta, pero en el caso de haberla, seguro que algún lumbreras se empeñaría en demostrar que sería inferior a la nuestra.

La inteligencia la podemos definir como “la capacidad para entender y comprender” ó “la capacidad para resolver problemas”… Pues bien, según esas definiciones, me parece un poco, o mejor dicho, demasiado prepotente por parte del Hombre, afirmar que es la especie animal más inteligente. Es más, yo diría que en ese sentido estamos a la cola, y son un montón de especies las que nos superan a la hora de aprender. El caso es que, nos empeñamos una y otra vez en negar la evidencia. Una evidencia que, como su propio nombre indica, resulta evidente para cualquiera que reflexione un poco.

Un individuo de cualquier especie animal aprende, sobre todo y en teoría, de las experiencias vividas por él mismo, o por las vividas por alguien cercano, y que han sido observadas por ese mismo individuo. Y se ha demostrado que, tras vivir una determinada experiencia traumática, aprende de ella y ante una nueva situación similar, pone en práctica lo que aprendió anteriormente para salir airoso de dicha situación. Pero el Hombre, aunque sufra una mala experiencia, vuelve a hacer lo mismo en situaciones similares a la ya vivida una y otra vez, como si le fuera la vida en ello, lo cual indica que, o bien no aprendió absolutamente nada, o lo que aprendió… lo olvidó rápidamente.

Cuando yo tenía perro en casa, me preguntaba qué pensaría de mi al verme en situaciones parecidas cometiendo siempre los mismos errores, errores que seguramente el no cometería por haberlo aprendido ya la primera vez. Posiblemente me mirara con cara de estupefacción mientras pensaba: “Guau guau”, al mismo tiempo que movería la cabeza en un movimiento de negación… Lógico, yo también pensaría de otro “pero qué tonto, otra vez lo mismo…”.

Sólo unas pocas especies reaccionarían como el Hombre. Pero están en clara desventaja con nosotros porque son especies desmemoriadas, vamos que no tienen memoria ni nada que se le parezca. Nosotros, al menos en teoría si la tenemos, pero por lo que se ve, no debemos tener los suficientes megas, así que… ¿cual es la especie más inteligente? No sabría decirlo, pero si sabría decir cual no lo es.

El que creó la frase “El Hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, sabía lo que decía, y además, pensaba como yo…

5 de agosto de 2010

Crónicas Chumbescas. Capítulo 6

Bueno, como hace bastante que escribí el anterior capítulo, aconsejo más que nunca leerlo si no quieren sufrir un síndrome de confusionismo agudo… o algo peor.



Higor no se atrevía a levantar la cabeza y mantuvo su cara pegada al suelo. La chica se acercó y temerosa apartó las ramas hacia un lado, descubriendo la curiosa imagen de Higor arrodillado como si estuviera rezando en dirección a la Meca. Entonces, intuyendo que el pobre chaval no debía de ser muy normal, inició el siguiente diálogo:

Chica- Hola, ¿qué haces ahí?

Higor - Cazar ranas… (sin levantar la cabeza).

Chica- ¿Y siempre las cazas mirando para el suelo o es que se ha metido en un agujero?

Higor- No, es que me he tropezado…

Chica- Ah… ¿Y te has quedado con la cabeza bajo tierra?

Higor- ……….

Chica- Si sigues así no voy a poder verte la cara…

Higor- ……….

Chica- Vaya, por lo que veo eres muy poco hablador. Voy a alejarme un poco para no incomodarte y cuando quieras sales y hablamos.

Poco a poco, la chica fue retrocediendo sobre sus pasos hasta llegar a la orilla, donde se sentó nuevamente de espaldas a Higor, quien poco a poco, y al escuchar sus pisadas alejándose fue levantando la cabeza. Tras unos instantes de duda, y tras escupir un poco de tierra y unos gusanos que se le habían metido en la boca, se aventuró a salir de su escondrijo. Se quedó parado al lado del arbusto por si acaso tenía que volver a esconderse… Ella volvió su cara para mirarle y sonriendo le dijo “me llamo Virginia, pero todos me llaman Micaela…”. Higor se la quedó mirando mientras jugueteaba nerviosamente con la costura del borde inferior de su pantalón corto (las había sobado tantas veces que ya casi no tenía costura) y agachando la cabeza dijo “yo me llamo Higor, pero todos me llaman Higor…”.
Ella sonrió y le miró dulcemente, como quien mira a su hermano pequeño a quien están a punto de regañar por cualquier cosa y le dijo extendiéndole la mano “ven… acércate sin miedo…”. Entonces Higor, con una lentitud desesperante, echó un pie hacia delante, después el otro… y a la velocidad del rayo dio media vuelta y echó a correr en dirección opuesta, cayendo al suelo al quinto paso, otra vez al decimo segundo, otra vez al vigésimo tercero, y finalmente al trigésimo primero rodó por una pendiente colindante quedando fuera de la vista de Virginia… o de Micaela, como ustedes quieran…

Jason, que le estaba buscando desde hacía rato, lo vio correr alocadamente, y por supuesto, también le vio tropezar y caerse, así que acudió en su ayuda. Con la respiración entrecortada, Higor le relató con todo detalle en encuentro con Micaela… o con Virginia, como prefieran. Jason, que ya había tenido algún que otro contacto con alguna chica (cuando vivió en la ciudad tenía una vecina con la que se cruzaba de vez en cuando en la escalera…), decidió ir para conocer a la musa de Higor, pero ésta ya se había ido. No volvieron a verla, posiblemente porque debió de pensar que en aquel pueblo pasaba algo extraño que había afectado a sus habitantes, así que emigró a otro estado más lejano lo más rápido que pudo…

Higor se quedó un poco triste, había sido la única persona del sexo opuesto que le había dirigido la palabra (aunque Higor ignoraba hasta ese momento que hubiera otro sexo diferente al suyo), y durante unos días nadie consiguió animarle, ni siquiera su amigo Micky cuando consiguió capturar un escarabajo del tamaño de un ratón que fue añadido a su pequeño zoo.

Sin embargo, el episodio vivido con aquella chica abrió los ojos de nuestros amigos, que descubrieron con entusiasmo que, además de tirarlas piedras, también se podía hablar con las chicas, incluso aunque fueran guapas…

Continuará…