25 de agosto de 2013

Las vacaciones.

Las vacaciones, además de para vaguear, que para eso se inventaron, sirven para muchas otras cosas.

Las mías, de momento, me están sirviendo para mucho, y hasta ahora, he pasado calor, he hecho colas, he metido horas conduciendo, y… he ingerido comida basura en exceso. Como ven, nada de especial, y que, además, me dirá usted que todo eso puede suceder sin estar de vacaciones. Cierto, pero da la casualidad, de que a mí me ha pasado en vacaciones, así que, todo ello se lo “agradezco” a las vacaciones.

Sin embargo, aparte de todo eso, me ha sucedido una pequeña anécdota, que ha provocado en mí una pequeña duda que, hasta el momento, no he sabido resolver. Quizás con su ayuda, me aclare un poco las ideas, y deje de debatirme, y así, poder decidirme entre recuperar la fe en la raza humana… o mandarla definitivamente al carajo.

El suceso en sí, que no tiene nada de paranormal, no se me asuste, consistió en perder, extraviar tontamente, sustracción involuntaria… o sustracción deliberadamente voluntaria, de una riñonera en el Parque Warner, más concretamente, mi riñonera. Pongo los cuatro casos, porque realmente no sé cual fue la razón de que mi riñonera, no se encontrara en el mismo lugar en el que la dejé colocada, instantes antes de que me sumara a la cola de una de las atracciones acuáticas. Y puedo asegurar que no la dejé posada en una papelera, en un banco o… en el suelo, no, la dejé posada en la silla de paseo de mi sobrino de 8 meses.

El caso es que, cuando salí de la atracción unos tres cuartos de hora después, y fui a coger la riñonera, ésta, voluntaria o involuntariamente, había tomado las de Villadiego hacia cualquier destino desconocido, sabe Dios en compañía de quién…

¿Qué contenía la riñonera? Que yo recuerde portaba en ella: Un paquete de pañuelos de papel, un pañuelo de papel usado (guardado allí hasta encontrar una papelera, no piensen mal), un monedero con calderilla, tabaco, un mechero… Eso es lo que yo recordé en un principio cuando me puse a hacer balance de las existencias guardadas en la riñonera. Y en principio me angustié, porque a ver dónde coño compraba yo tabaco. Después, algo después, caí en la cuenta de que también llevaba en la riñonera, en un bolsillito interior, un billete de 50 euros… y las llaves del coche. Y me angustié aún más…

Porque podría subsistir sin los 50 euros, y también sin fumar. Pero sin las llaves del coche y a 400 Km de mi casa… son demasiados como para ir andando a buscar otro juego de llaves. Durante el camino hasta la oficina de objetos perdidos, iba mascullando soluciones en la cabeza, pero todas pasaban por tener que esperar al menos 24 horas para mover el coche, y eso en el mejor de los casos. Claro que podría haber sido peor, pero afortunadamente, la cartera con documentación y tarjetas y el móvil, los llevaba en la mochila de la cámara de fotos que sí había dejado a buen recaudo colgada en la espalda de mi cuñada…

Con cara de cordero degollado, pregunté en la ventanilla de objetos perdidos si alguien había entregado una riñonera negra. La empleada que me atendió, me preguntó si llevaba algún objeto de valor. Le dije que las llaves y me preguntó la marca de mi coche. Un Renault, le dije, y dándome la espalda, sacó algo de un pequeño armario y, así de espaldas a mí, vi cómo investigaba en el interior de aquello que había cogido y que pude percibir que era negro, durante unos interminables 30 segundos… Finalmente, se dio la vuelta y preguntando “¿son estas llaves?” me enseñó las llaves de mi coche… Como toda respuesta, me santigüé mirando al cielo, gesto que la empleada interpretó como afirmativo, dándome mi riñonera y diciéndome “la ha traído una señora hace 15 minutos”… Felizmente había recuperado la riñonera y todo su contenido… excepto los 50 euros.



Y es aquí, amigo lector, cuando me asaltó esa duda existencial. Recuperar la fe en la raza humana o mandarla definitivamente al carajo.

La recuperaría, si supiera que, quien me sustrajo voluntariamente la riñonera, quizás alguien necesitado, tomó para sí los 50 euros y devolvió el resto con el propósito de no hacerme una grandísima putada, ya que se lo podría haber llevado todo o… haberlo tirado en cualquier cubo de basura. Es el único supuesto en el que recuperaría la fe en la raza humana.

Sin embargo, también es posible, que quien sustrajo la riñonera y se apropió del dinero, la dejara por ahí tirada y fuera otra persona quien la entregó en objetos perdidos. En este supuesto habría empate.

O también sería posible, que quién sustrajo la riñonera, no encontrara el dinero, se deshiciera de ella como pudo, otra persona la encontrara, la entregara en objetos perdidos sin mirar lo que había dentro… y que fuera la empleada quien, al revisar el contenido de espaldas a mi… se quedara con los 50 euros. En ese caso, sí que mandaría la fe en la raza humana al carajo. O más lejos si se puede.

A ver si alguien puede arrojar algo de luz a mis dudas…


16 de agosto de 2013

Efemérides.

Hoy es un día para recordar.

Hoy se cumplen años. Sí, aparte de ser hoy el cumpleaños de Madonna, el destino quiso que, también un día como hoy, casi como por casualidad, hace 36 años, otro icono musical nos abandonara. El 16 de Agosto de 1977, el Rey fue encontrado sin vida en Graceland.

Así que, tras guardar un respetuoso minuto de silencio, armemos ruido con una de sus mejores interpretaciones en aquel grandioso concierto que ofreció vía satélite a todo el mundo desde Hawaii.

!!! Dios salve al Rey!!!....



 



Pd.: Aprovecho para anunciar, si es que a alguien le importa, que me iré de vacaciones unos días. Los justos para visitar por enésima vez el Parque Warner. Que Dios me pille confesado...


8 de agosto de 2013

Hombres, Mujeres... y compañía. II

Hombres, mujeres y compañía. O mejor dicho, hoy, hombres en compañía y mujeres en compañía. O lo que es lo mismo, reunión de hombres y reunión de mujeres.

Es otra de las diferentes formas de actuar, de ambos géneros, en una misma situación. Aunque en este caso sólo puedo hablar, con cierta propiedad, de cómo actuamos los hombres en una reunión de hombres.  A día de hoy, nunca he estado en una reunión de mujeres para saber qué es exactamente lo que se cuece en su interior. Quizás algún día me inviten a una de ellas, pero, en ese caso, seguramente dicha reunión quedaría totalmente desvirtuada, por mucho que las asistentes quisieran comportarse con total naturalidad, por lo cual dicha experiencia, no me serviría para conocer más, acerca de esas reuniones de lo que ya conozco. O sea, nada.

Posiblemente, sea éste otro ejemplo, tanto de la simplicidad masculina, como de la complejidad femenina. Sobre todo de la primera, ya que de la segunda, como ya he dicho anteriormente, no puedo hablar con propiedad…

En dichas reuniones de hombres, los temas de conversación pueden ser infinitamente variados. Pero no lo son. Por alguna extraña razón, e independientemente de la clase social e intelectual a la que pertenezca el grupo, siempre se termina hablando del mismo tema. Si usted es hombre, seguramente sepa de lo que hablo. Si es usted mujer, puede que llegue a hacerse una idea, pero nunca llegará a conocerlo en la misma proporción y profundidad que si fuera hombre, ni mucho menos entenderlo.




Puede usted estar hablando, por ejemplo, de toros, recordando los pitones de aquel Miura que daba cagalera sólo imaginárselo, cuando sin previo aviso, uno de sus amigos le interrumpe con un “a aquella de la esquina si que la empitonaba yo…”. O si están en medio de una conversación de finanzas, hablando de las fluctuaciones de la bolsa y especulando con el precio de las bananas en Sudamérica, es interrumpido con un “mira aquella rubia, seguro que sabe más que tú de “plátanos”…” y otro contesta con un ”Y la morena de al lado es catedrática en “melones”…”.

Existen otros temas aleatorios, que también se tratan en esas reuniones, como por ejemplo el coche. El propio de cada uno, no se crea que nadie habla del coche del vecino, casi con toda seguridad, peor que el suyo propio. O de deportes, donde todos descubrimos atónitos, como el más inútil de la pandilla, no jugó nunca en el Madrid porque le tenían manía… todos los entrenadores que tuvo.

Pero finalmente, aunque se hable de diversos temas, a cual más trascendente, todos derivarán en el mismo tema, el más importante. O como lo definen por ahí… el único importante. Somos así de simples.
Ahora bien, con el objeto de poder hacer comparaciones, por mucho que sean odiosas, invitaría cortésmente, y además lo agradecería eternamente, que alguna fémina se prestara a detallarnos lo que se cuece, en ese coto privado que son las reuniones femeninas.


Por favor, absténganse de detallar lo que se cuece en esas reuniones femeninas también llamadas “tupper-sex”…




1 de agosto de 2013

Hombres, mujeres... y compañía.

En este post, y en otros posteriores, trataré un asunto que viene siendo catalogado algo así como “un gran misterio de la naturaleza”, y que desde hace siglos, y lo que nos queda, viene siendo motivo de discusión allá dónde surja cualquier tipo de debate: “Hombres y mujeres somos totalmente diferentes”.



Ya, ya lo sé. El tema tiene tela que cortar y, seguramente, una vez que me haya hartado de escribir sobre ello, estaré peor de lo que estaba y seguiré sin entender nada. Y seguramente usted también, sea hombre o mujer. Sobre todo si es mujer, porque como ya sabrá… usted y yo somos diferentes.

No me estoy refiriendo al físico, eso es algo que hasta un ciego puede ver. Basta un simple vistazo a un miembro de cada género, y también a sus “miembros”, para darse cuenta de que físicamente no tienen nada que ver el uno con el otro. Por mucho que ambos puedan llegar a encajar perfectamente y unirse como piezas de un puzle, está claro que su fisonomía es completamente diferente. Y podemos asegurar, que ese es el motivo, por el que pueden encajar perfectamente, por lo diferentes que son sus miembros… y sus “miembros”.

Pero estará de acuerdo conmigo en que, realmente, tener un colgajo más arriba o más abajo, o el tener uno o dos, o tres colgajos, no es lo que nos hace diferentes a hombres de mujeres. De ser así, ambos podríamos tener las mismas aficiones, los mismos pensamientos, y lo que es más importante, tener un comportamiento similar ante una situación determinada.

Pero el comportamiento está controlado por la mente. Eso que no se ve a simple vista, la manera de pensar, es diferente, independientemente del número de colgajos y su posición, y nos hace comportarnos de manera totalmente diferente a unos y otras al afrontar una misma situación. Por supuesto, está claro que siempre hay casos “especiales” en ambos géneros, casos que suponen la excepción que confirma la regla, pero yo hablo siempre con carácter general.

Sólo por poner un ejemplo, iniciando de este modo la serie de posts acerca de este tema, entre hombres y mujeres existe una gran diferencia en la manera de afrontar la necesidad de comprar ropa.

Si un hombre necesita comprarse ropa, ya sabe, incluso antes de salir de casa, qué establecimiento visitar, y se dirige hacia él con paso firme y total determinación, sin dejar que otros establecimientos le hagan dudar. Una vez en dicho establecimiento, un hombre puede comprar la suficiente ropa como para vestirse de pies a cabeza, incluyendo ropa interior, en apenas veinte minutos de reloj, y le sobra tiempo para hacer una radiografía y memorizar cara y cuerpo de todas las dependientas de la tienda.

Una mujer, sin embargo, sale de compras y lo único que tiene claro, es a qué calle acudir: aquella que tiene el mayor número de tiendas. Una vez allí, empieza a mirar escaparate tras escaparate, del primero al último, y tras estudiárselos todos… vuelve a la primera tienda y empieza a mirar todo el género. Con suerte se probará un par de prendas, pero seguramente las volverá a dejar en su sitio… porque no le terminarán de convencer. Repetirá la misma acción en, al menos, cinco o seis establecimientos más. Seguramente, visite aquellos cuyos escaparates, tengan expuesta alguna prenda que nunca se probaría, y ni mucho menos se compraría. Al salir del último establecimiento, por supuesto aún con las manos vacías, llegará nuevamente hasta el último escaparate, y se decidirá a volver a entrar en la primera tienda, aquella en la que sí se probó un par de prendas… para comprar una de ellas. Después, volverá a la última tienda en la que entró, porque allí había visto otra prenda que combinaba con la que se acaba de comprar…, pero esta vez se la prueba para comprobar que, según ella, no le sienta nada bien. Desesperada, volverá a entrar a todas las tiendas, buscando esa prenda que le combine con lo que se compró, incluyendo también el resto de tiendas en las que aún no había entrado. Por arte de magia, en una de ellas encontrará un conjunto de cuerpo entero que le sienta de maravilla y, además, más económico que lo que ya se había comprado, por lo cual, decide comprárselo y volver a la primera tienda a devolver la prenda solitaria para la cual no encontraba acompañante. Saldrá de la tienda enormemente feliz por la compra realizada. Sin embargo, esa felicidad durará poco. Exactamente el tiempo que tarda en darse cuenta… de que no tiene calzado que combine con ese conjunto que acaba de adquirir…


Esto es sólo un ejemplo de la diferencia de comportamiento. En próximos posts, analizaremos otras diferencias, en otras tantas situaciones diferentes.


Pd: Nuevo mes... nueva chica del mes.




29 de julio de 2013

Día de playa II.

Lea esto antes, si no lo ha hecho ya.


Una vez se hubo quitado la ropa, aquel hombre pensó, y de una manera de lo más espontánea, que lo más sensato sería darse un baño.

Hacía calor. El suficiente como para que el refrescarse se convirtiera en una cuestión de vital importancia. Sobre  todo para sus acalorados pies. Y también para deshacerse de la ya gruesa capa de sudor que le cubría. Ni siquiera el hecho de que sus pies volvieran a sufrir al pisar la arena, y le hicieran dar saltitos de puntillas, hizo que desistiera de su intención de refrescarse.

Tras hacer algún que otro alto en el camino, descansado sus pies en varias toallas de algún ajeno/a, con o sin permiso, llegó al pequeño tramo de arena mojada que antecede a la orilla. La sensación que captaron sus pies le llenó de alivio, pero… enseguida sintió desasosiego. El típico desasosiego que se siente cuando a uno le entran ganas de orinar, seguramente por sentir la humedad bajo los pies.

Dicha circunstancia normalmente no representa ningún problema, basta con meterse al agua hasta que nos cubra el pecho y, apartando un poco el bañador, dejar que todo fluya… Y lo intentó. Llegó a la orilla e introdujo los pies en el agua. Inmediatamente, sintió como dos relámpagos de hielo, circulaban a velocidad extrema desde la punta del dedo gordo de cada pié, hasta la punta de los pelos de su cabeza, los cuales se erizaron instantáneamente. Sí, otras partes de su cuerpo también se erizaron. Otras… se encogieron compulsivamente.

El agua estaba helada. Lo suficiente como para que sólo estuvieran metidos en él, dos surfistas con traje de neopreno incluido. Lo suficiente como para plantearse, si la capacidad acumulativa de su vejiga, le permitiría evitarse morir congelado en el agua. Durante un par de minutos se quedó allí, de pies con el agua hasta los tobillos, inmóvil. Hasta que empezó a entrelazar las piernas, en un gesto que delataba que, evidentemente, su vejiga no tenía una gran capacidad acumulativa…

Haciendo de tripas corazón, se adentró en el agua, sólo lo justo y necesario. Más exactamente hasta las rodillas, de modo que arrodillándose, el agua le llegó hasta el bajo vientre. Deslizó cuidadosamente el bañador, liberando su pene dejando que todo fluyera… justo en el momento que una gran ola le hizo perder el equilibrio, arrastrándolo hasta la misma orilla. Cuando abrió los ojos, se descubrió a si mismo totalmente descubierto, al lado de dos señoras de avanzada edad, que murmuraban escandalizadas…  mientras que todo seguía fluyendo de manera totalmente natural.

Tuvo suerte. Al estar tumbado boca arriba, la orina, calentita como ella sola, le calentó el estómago y la mayor parte del pecho. De no ser así, seguramente habría sufrido una hipotermia… Tras la copiosa micción, se subió el bañador y se levantó. Estaba lleno de arena, pero prefirió quedarse como estaba, en lugar de meterse al agua y volver a congelarse.

Se dirigió a su ubicación en la arena, justo donde las tres lozanas mozas, se untaban copiosamente protección solar las unas a las otras. Aquella visión, hizo que desapareciera de su cuerpo cualquier resquicio de frialdad. Ante la mirada de una de ellas, cogió su bote de crema e intentó imitarlas, haciéndola un claro gesto de que no llegaba a su espalda.

La chica entendió la indirecta tan directa, y se prestó a ayudarle. Echó un gran chorro de crema en sus hombros y empezó a extendérselo por su espalda. A los pocos segundos, la mezcla de sudor, arena, protección solar… y algunos resquicios de aquello que la chica no tenía ni pajolera idea que aquel hombre se había rociado a si mismo involuntariamente tumbado en la orilla, se había adherido irremediablemente a su mano.


Instintivamente, la chica acercó su mano a la nariz… y salió corriendo hacia la orilla a lavársela como pudo.






24 de julio de 2013

Día de playa.

Hacía calor.

El suficiente como para incitar a plantearse, a todo hijo de vecino, el dejarse caer por cualquier playa cercana. El suficiente como para que aquel hombre buscara un espacio para refrescarse en el agua, un espacio abierto en el que su abundante sudor, no delatara que su desodorante le había abandonado hacía ya unas horas.

Y el calor le incitó a buscar una playa cercana…, pero no la había. Así que tuvo que conformarse con buscar una playa lejana. Podría haberse sentido incitado a sumergirse en su bañera, y de hecho lo pensó, pero eso no era divertido. La playa lejana más cercana, estaba a 48 kilómetros de donde él se encontraba, así que se metió en el coche, donde a pesar de llevar las ventanillas bajadas aumentó su tasa de sudor, y puso rumbo a la playa. No, por desgracia, su coche no tenía aire acondicionado. Más bien, lo que tenía era aire condicionado.

Llegó a la playa. Llegó como pudo, casi deshidratado tras aguantar media hora de trayecto y casi otra hora para encontrar aparcamiento. Porque aquella playa lejana, al igual que cualquier playa esté donde esté, en determinados días suele estar bastante concurrida, sobre todo si hace calor. El suficiente calor como para incitar a todo hijo de vecino a visitarla. El hecho de que la playa estuviera tan concurrida, y sobre todo, lo concurrido que estaba su aparcamiento, obligó a aquel hombre a caminar casi tres kilómetros para llegar a atisbar la arena. Y otro más para llegar a pisarla.

Tras descalzarse, puso ambos pies en la arena y se adentró en la playa, constatando instantáneamente dos hechos. Primero, que descalzarse había sido una completa osadía, y que no se debía haber descalzado, al menos hasta haber llegado a su punto de destino en la playa y haber extendido la toalla encima de la ardiente arena. Segundo, que era más que probable que todos los presentes en aquella playa, estarían mirándole atentamente…, como consecuencia de los improperios que estaba vociferando y los saltitos que daba de puntillas, por culpa de la elevada temperatura de la arena… Sí, podría haber vuelto sobre sus pasos y haberse calzado, pero… ya he dicho que estaba casi deshidratado, y a estas alturas su cerebro se asemejaba más a un trozo de membrillo que a materia gris…

Cuando encontró un lugar para instalarse, curiosamente justo al alado de tres lozanas mozas que tomaban el sol en top-less, extendió su toalla en la arena, hecho este bastante laborioso y dificultoso debido a que casi no podía agacharse porque seguía dando saltitos de puntillas sobre la arena… y porque el perrito de un vecino había trincado con su mandíbula una esquina de la toalla intentando quedársela. Al perrito también le quemaba la arena, pero se comportaba con hombría y no daba saltitos. Finalmente consiguió ahuyentarle tirándole arena con un pié. Al perrito… y al vecino, quien no se levantó para darle un guantazo porque hacía calor. El suficiente para quitarle a uno las ganas de hacer un esfuerzo y abandonar la posición horizontal.


Se quitó la camiseta. No fácilmente, ya que, debido a lo empapada en sudor que estaba, hubo de hacer varios movimientos improvisados de contorsionista profesional. Movimientos estos que, al no ser un contorsionista profesional, le hicieron perder el equilibrio y caerse de morros encima de una de las lozanas mozas que estaban a sus pies. No, no es que estuvieran rendidas a sus pies, no me malinterprete, si no que estaban situadas a sus pies. Si él estuviera tumbado o sentado, claro está. Si bien la lozana moza no se lo tomó a mal, al menos aparentemente, lo cierto es que aquel hombre volvía a ser el centro de atención en 50 metros a la redonda, y para evitar males mayores, la lozana moza le ayudó a quitarse la camiseta para después… limpiarse las manos como pudo.

Continuará... 




21 de julio de 2013

De película...

“Forrest Gump” y “Rain Man” eran “Dos tontos muy tontos” que se conocieron en “El orfanato”, regentado por “Mary Popins” situado en “Mulholland Drive” "Al Este del Oeste".

Aquel era “Un mundo perfecto” y “Un lugar para soñar”, pero las “Noches de tormenta” les enseñó “Lo que la verdad esconde” y “Un día de furia” pensaron:  ¡¡“Mamma Mía” “Esta casa es una ruina”!!, iniciando “La gran evasión” rumbo a “Un horizonte muy lejano” dando “La vuelta al mundo en 80 dias”, que resultó ser un  “Camino a la perdición” “Sin retorno”.

Conocieron a “El Padrino”, más conocido como “El coleccionista de amantes”, cerca de “Los puentes de Madison” en una “Cena de amigos” y pensaron: es “Uno de los nuestros”. 

“13 Días” después, en “El Guateque” que organizó “El padrino” en “El bar coyote” que estaba “Abierto hasta el amanecer”, con motivo de la “Despedida de soltero” de “Hannibal”,  coincidieron “Cara a cara” con “Thelma y Louise” y fué “La noche de su vida”. Les bastaron “60 segundos” para “Enamorarse”.

“Solo los tontos se enamoran” y “Forrest Gump” y “Rain Man” no eran precisamente “Un par de seductores”.  Sin embargo no les hizo falta, porque “Thelma y Louise” eran “Las seductoras”, expertas en “Seducir a un extraño”, por lo que “Forrest Gump” y “Rain Man” fueron “Presa fácil”… Ellas eran “Las mujeres perfectas” y tras las “50 primeras citas” ellos seguían sin saber “En qué piensan las mujeres”. Ellas eran “Bandidas” con “Un plan perfecto”…

“Los cuatro fantásticos” cogieron “La camioneta” para ir a “La playa” y después de “Nueve semanas y media” fueron “A cualquier otro lugar” a pasar las “Vacaciones de verano”.  Recibieron unas “Cartas desde Iwo Jima” de su amigo “So Young” invitándoles a pasar “55 días en Pekín” “Con faldas y a lo loco”. Aquella era “Una ciudad sin ley” que se prestaba a las “Crueles intenciones” de “Thelma y Louise”.

Ellas intentaron convencerles para tomar “El tren de las 3.10” y dar “El golpe de su vida”. Eran unas “Bandidas” que tenían “Una mente maravillosa”, y pensaron que si trincaban el “Botin de 500.000 dólares” “El asalto al tren del dinero” era “El golpe” que decían les daría un “Hogar, dulce hogar”. Eran “La tapadera” que “Thelma y Louise” necesitaban…

“La sombra del poder” hizo que “La proposición” tomara cuerpo y cayeran en “La trampa”. “La última noche” antes de dar “El golpe” “La vecina de al lado”, más conocida como “La vendedora de rosas” intentó avisarles de que “La vida es bella” con o “Sin dinero” y que tener “Amigos con dinero” son “Amistades engañosas”. Pero estaban “Locos de remate” y les gustaba “Amar peligrosamente”. Aquello era “Una cuestión de pelotas” así que se despidieron con un “Buenas noches y buena suerte”. “El día después” se convirtió en “El día más largo”…

“A la hora señalada”  y equipados como si fueran “Agentes secretos” “A prueba de balas”, y en un “Acto de valor” fueron “A todo gas” a dar “El golpe”. Pero “La Búsqueda” de “La caja 507” se convirtió en una “Misión Imposible” porque se encontraba en una “Cámara sellada”. Tuvieron una “Corazonada”. “El sexto sentido” les hizo abandonar “La misión” antes de quedar “Atrapados sin salida”. “La muerte tenía un precio” y no querían terminar “Por un puñado de dólares” en la “Celda 211” de “Alcatraz” cumpliendo “Cadena perpetua” “Sin perdón”… y “Condenados a fugarse”.

“La cruda realidad” les demostró que estaban “Durmiendo con su enemigo”. “El amor apesta” y ellos debían ser “Corazones solitarios” “Eternamente comprometidos” “En busca de la felicidad”. Así que pusieron en marcha “El plan B”, recogieron sus “Efectos personales” tomaron “El ascensor” y abandonaron a “Thelma y Louise”.
   

“En honor a la verdad” “Como en casa en ningún sitio”… Pero cuando regresaron, “Mary Popins” y “El orfanato” habían desaparecido “Sin rastro”, por lo que se quedaron en “El lago azul” y compraron “La casa del Lago”, donde vivieron felices y comieron perdices…


                                                                       "The End"





8 de julio de 2013

¿Reincidencia criminal?

Soy un criminal.

Y usted también. Y su vecino. Y además reincidente. Y usted también. Y su vecino también.

Y lo peor de todo, es que, hasta hace unos días no tenía la más mínima pajolera idea de ello. Y seguramente usted tampoco. Ni tampoco su vecino… Toda la vida pensando que era una persona decente, para un buen día descubrir que mi vida es una realidad totalmente diferente a la que yo percibo. Y la suya también, no mire para otro lado. Y también la de su vecino.

Y es que, según la presidenta (a ver si lo digo bien) de la Federación de Asociaciones Provida de España, y cito textualmente:   la masturbación es una práctica criminal, ya que constituye "una forma de aborto".

Ante tal afirmación, uno no puede más que darse por aludido, porque, entre nosotros, seré un criminal, pero no un insincero. Ya, me imaginaba que usted también se daría por aludido. Y seguramente su vecino también… No, esto no supone que lo haya hecho recientemente, ni que usted lo haya hecho recientemente tampoco, pero un crimen de tal magnitud no prescribe en el tiempo, así que da igual que hayan pasado treinta años… o dos meses, el delito está ahí, y mucho me temo que somos proscritos y, seguramente, buscados por la justicia… vivos o muertos.

Pero eso no es lo peor de la noticia. Lo peor de todo es que, aún no hemos tocado fondo y es más que probable que nuestra vida, o lo que quiera que sea lo que estemos viviendo, se descontrole hasta límites insospechados y nos hagamos dignos del mismísimo infierno, ya que, bajo la “sabia opinión” de tan distinguido personaje, y vuelvo a citar textualmente: "la masturbación es criminal porque inicia al sujeto en un espiral de perdición: sabemos que de la masturbación es fácil pasar a la soledad compulsiva, a la actividad criminal, a las violaciones, a la corrupción, a la drogadicción y finalmente al ateísmo". (Lo único que no me ha quedado claro de esta afirmación, es que el ateísmo también se considere delito penal…). 

Si yo fuera usted, que está claro que más o menos hemos cometido el mismo delito (y que su vecino también), buscaría un lugar desierto en el que aislarme del mundo, más que nada para no representar un peligro para la sociedad y, porqué no, también para que no me encuentre la justicia. Claro que, tal empresa, sería un poco difícil de llevar a cabo, ya que como puede suponer, si todos los que hemos cometido dicho “crimen” hiciéramos lo mismo, el desierto dejaría de ser desierto y se convertiría en una ciudad/país demasiado cosmopolita. Sería como Carabanchel a lo bestia y Alcatraz elevado a la milésima potencia todo junto…

Así y todo, emigremos al desierto o no, sólo tengo palabras de agradecimiento para esta señora que, gracias a su frigidez y además de ser una de las pocas personas puras que no han cometido el “crimen” de masturbarse, ha sido la única que ha tenido a bien hacer algo al respecto, denunciarlo y abrirnos los ojos a quienes hemos vivido tantos años con, además del puño, los ojos cerrados…(Fuente aquí).



Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes…, la de la columna lateral, no la de abajo, que seguramente, y a pesar de su rostro angelical, también sea una “criminal”.







19 de junio de 2013

Juventud, perdido tesoro.

Con taytantos años a las espaldas, uno puede incluso llegar a creer, que en el arte de hacer el cafre, está todo inventado.

No se crea,…ni por asomo. Parece ser que las nuevas generaciones de jóvenes, vienen equipadas con una creatividad que les hace superarse día a día con nuevas maneras de parecer retrasados.
   
Hace poco, a los carrozas se nos ponía el vello de punta, como consecuencia de la “invención” del “Tampodka” (práctica según la cual, se humedece un tampón en bebida alcohólica, para después introducírselo en cualquier orificio extraño para que el alcohol entre en contacto directamente con la sangre, y así acelerar y aumentar considerablemente su efecto), práctica que lleva fácilmente a quien lo practica a un coma etílico.

Y ahora, se pone de moda, más concretamente entre la juventud colombiana, “la ruleta sexual”. Dicha práctica, es nada más y nada menos, que un plagio del popular juego de la silla, aquel en el que los participantes daban vueltas a un número de sillas, inferior al número de participantes, dispuestas en círculo hasta que se detuviera la música, momento en el que todos se sentaban en una silla, quedando uno compuesto y sin silla, siendo eliminado del juego.

La ruleta sexual es similar, sólo que se cambian las sillas por vaginas debidamente lubricadas para, en el momento en que se detiene la música, introducir en ellas aquello que se introduce normalmente en una vagina. Hasta aquí todo parece divertido. La parte oscura, viene dada porque hay el mismo número de vaginas que de aquello que se introduce normalmente en una vagina… con lo cual nadie se queda compuesto y sin vagina. ¿Quién queda eliminado entonces?

Esa es la verdadera parte oscura. Queda eliminado, aquel que eyacule antes. Vamos, que será mejor que no se apunte si es usted un eyaculador precoz, porque no tendrá ninguna posibilidad de éxito. Sí, bueno, seguramente terminará usted con una sonrisa de oreja a oreja, pero no cuente con que gane nada. De acuerdo, vale, es posible que llegue a disfrutar enormemente participando en este juego, pero seguro que no llegará a las rondas finales…

Me dirá que, a diferencia del Tampodka, el juego no resulta peligroso…. Error. Para complicarlo todo un poco, más bien para complicarse todos la vida bastante diría yo, las normas del juego prohíben usar preservativo. Y tampoco contemplan la posibilidad de “la marcha atrás” legendaria de los 80…, con lo cual, el número de embarazos juveniles, se ha triplicado en apenas unos meses…

Ya hay a quien se le ha ocurrido construir un Ruletódromo, con gradas para espectadores que dejen una buena pasta en concepto de entradas, palomitas, cervezas y demás chuminadas. Chuminadas para consumir mientras ven unos cuantos chuminos… y unos cuantos de aquello que se introduce en los chuminos votando de arriba abajo, como consecuencia del trote del eyaculador precoz, o no precoz vaya usted a saber, girando alrededor de ese montón de chuminos… 

Si tuviera que elegir entre ambas prácticas, desde luego que me quedaría con la segunda...


“Tampodka”… “Ruleta sexual”…. Empiezo a pensar que la perestroika está detrás de todo ello…





10 de junio de 2013

Calentamiento global.

No sé usted, pero yo empiezo a pensar, que la historia esta del “calentamiento global”, no es más que otra mentira del gobierno… Y además de las gordas. Porque a día de hoy, lo único que se calienta en exceso, es la mente del personal, además de otras zonas del cuerpo.

Aunque tiene un punto de verídico, que me resulta completamente contradictorio, hasta el punto de crearme una paradoja mental de considerables dimensiones. Dicen que el calentamiento global produce el efecto invernadero. Y ciertamente, en ello estamos, encerrados en el invernadero y sin llave para salir… Al menos en este punto de la península, en otras partes quizás no sea así.


Porque, en contra de lo que uno pueda entender por “calentamiento global”, este año, yo cada vez tengo que abrigarme más para ir a trabajar, hasta el punto de que rezo para que llegue pronto el Otoño.

Un triste ejemplo: Ayer Domingo, 9 de Junio, se suspendió el torneo de fútbol en el que participaba el equipo de mi hijo. Motivos: el campo estaba inundado. De agua, por supuesto. Tanto, que ni siquiera se veía el barro que había debajo del agua, producto de haber jugado en ese mismo campo unos 30 partidos el día anterior. El día anterior también llovía y había pozas en el campo. Lo cual me hace pensar, que el verdadero motivo de suspender el torneo, no fue el agua, si no el fuerte viento que soplaba Dios sabe de dónde, y que amenazaba con llevarse a algún crío volando…

Tal y como se presenta el “verano”, vamos a ver poca carne en bikini este año, pero vamos a salir ganando, porque el ahorro, con respecto a otros años, va a ser considerable. Seguramente me ahorraré el pase familiar para la piscina del pueblo, ahorraré porque gastaré menos en gasolina al evitarme desplazamientos a la playa, ahorraré porque no gastaré en crema bronceadora, ahorraré porque tendré menos sed y gastaré menos en bebidas, y porque las que beba, sin sed, las beberé en casa bajo techo en lugar de bebérmelas en una terracita…


Sí, seguramente ahorraré… Pero me sentiré como un rico desdichado, y me daré cuenta, por si no me la había dado ya, de que el dinero no da la felicidad. El sol tampoco… pero la vida se ve de otra manera y con menos ropa encima…





5 de junio de 2013

El globo se elevaba.

El globo se elevaba…




Había alcanzado ya la altura de un tercer piso, donde un hombre, asomado a la ventana, lo observaba con atención. Pensó en cuál sería la razón por la que aquel globo se elevaba hacia el cielo.

Mejor dicho, pensaba en cuál sería la otra razón por la que el globo se elevaba. Sabía que el globo se elevaba porque estaba lleno de Hidrógeno o Helio, pero esa no era la razón, ya que, aparte de eso, para que el globo se eleve tiene que estar suelto. Si estuviera sujeto a algo, no se elevaría. Y eso es lo que se preguntaba, porqué estaba suelto y se elevaba…

Miró hacia abajo. En tierra firme, en la acera, descubrió a un niño que, con cara bastante más disgustada que él, también observaba como el globo se elevaba. Era evidente que se le había escapado de sus manos, y el hombre de la ventana se preguntó porqué se le había escapado. Pregunta a la que lógicamente no encontró respuesta.

El niño lo sabía. Se lo había ofrecido a su padre, quien, con el brazo estirado en dirección a su hijo, miraba hacia otro lado, perdiendo de vista la cuerda que sujetaba el globo y que el niño, pensando que su padre lo tenía sujeto, había soltado antes de que su padre lo sujetara firmemente. Se preguntó porqué su padre había mirado para otro lado, sin encontrar una razón coherente. Lógico, era un niño…

El padre lo sabía. Había captado poderosamente su atención, una señora, o señorita vaya usted a saber, con una minifalda algo más corta de lo que la prudencia aconseja. A escasos cinco metros de la posición de nuestro embobado padre, la fémina se inclinaba hacia delante mostrando una total ausencia de ropa interior. Se preguntó porqué se agachaba tanto. Bueno, también se preguntó porqué no llevaba ropa interior, aunque la razón no le importó en absoluto. La razón de que no llevara ropa interior, quiero decir… Por supuesto, no encontró respuesta, y por supuesto… tampoco se lo preguntó.

La mujer sí que lo sabía. Me refiero a que sí sabía porqué se inclinaba hacia adelante, porque, seguramente, también sabía porqué no llevaba ropa interior. Pero eso no importa. Importa, pero no es relevante en esta historia. El caso es que la mujer sabía porqué se inclinaba. Hacía mucho tiempo que no veía un billete de cien euros, uno como el que acababa de ver tirado en el suelo delante de ella. Agenciarse con un billete de cien euros, es un noble motivo para olvidarse de las consecuencias de mostrar la total ausencia de ropa interior, y pensó, mirando a su alrededor, quien habría sido el mal afortunado que lo había extraviado.

Nadie, de los que se encontraban a su alrededor, parecía buscar nada. Solamente un niño que, al lado de un padre que la miraba atentamente, quizás demasiado atentamente, miraba hacia el cielo con cara de disgusto. Se preguntó porqué el niño miraba al cielo. Y también se preguntó porqué aquel hombre la miraba sin pestañear… sin llegar nunca a saberlo.

Pero el niño si lo sabía. Y el padre también lo sabía…



Moraleja: Todo en la vida, tiene un “porqué” razonable. Aunque, a veces, no sepamos porqué.




2 de junio de 2013

El Vídeo del Domingo.

El vídeo que os traigo hoy, es una clara muestra de que, a veces, los adolescentes también son capaces de hacer música de la buena, de la que le gusta a todo el mundo... o a casi todo el mundo.

Aunque, a decir verdad, seguramente nunca les habría escuchado de no tener sobrinas. Quiero decir, que si yo no tuviera sobrinas, usted no sé si las tiene o no. Es lo bueno de tener sobrinas, que de vez en cuando te descubren cosas como esta:







Pd.:  Una lástima que siempre halla publicidad en los vídeos...

Pd2.: Nuevo mes... nueva chica del mes.