
Dicen los lugareños más viejos del lugar, que el Festival de Eurovisión, siempre fue el festival de la canción por excelencia. Un festival serio y digno, donde cada país votaba a la canción que más les había gustado… Sabe Dios lo que pasaría en el pasado para que dejara de ser así.
Vaya por delante, que no estoy en desacuerdo con el resultado final, y que los primeros clasificados son completamente merecedores de tal puesto. De hecho, tres de mis favoritas terminaron entre los cuatro primeros, lo cual demuestra, entre otras cosas, que tengo buen gusto para la música. No es que esté pecando de pedante, no, es que es una de las pocas cosas para las que tengo buen gusto. Quizás sea porque mis pabellones auditivos, por tamaño, tienen una acústica semejante a las bóvedas del mejor teatro de ópera. La realidad es que, la mayoría de los países, puntuaron en los primeros lugares a las mejores canciones, lo cual demuestra que es un festival justo.
De las diez puntuaciones de las que dispone cada país, 8 10 y 12, suelen ser para las mejores canciones. Hasta ahí la justicia…, lo dicho, un festival justo. Pero para el resto de puntuaciones, el festival se convierte en una película cómica, pero de las malas, de esas que sabes de antemano como va a acabar la escena, sin necesidad de realizar un curso de adivino. Cierto que no todos tenemos el talento necesario para hacer un pleno como el Sr. Uribarri, pero el día que Andorra o Portugal no nos voten, o que por el contrario, nos vote un país del Este, me dejo crecer el pelo. Es el festival de la diplomacia, en el que cada uno vota a su vecino, o al país con el que tiene mejores relaciones…., y ahí es donde me pierdo. Sí, ya sé que todo el mundo lo sabe, y que no estoy descubriendo nada paranormal, pero reflexionando un poco, sólo un poco, pienso: “¿Tan mal caemos en Europa los españoles, para que sólo nos voten 4 países de 42?”.
Increíble ¿verdad?, yo tampoco sabía que había tantos países en Europa. Ni tampoco sabía que en Andorra tenían tan mal el oído, como para darnos 12 puntos. Empiezo a pensar que son unos fanáticos de todo aquel que cante en español. Bromas aparte, la canción española, no era ni buena, ni mala, simplemente se mantenía en la línea de las otras 18 canciones que no eran favoritas para nadie. Si quedó la penúltima, fue porque los españoles, de diplomacia, andamos más justos que de dinero. Esa fue realmente la diferencia entre el quinto puesto y el 23. Yo propondría a los responsables españoles de Eurovisión, que no fueran al festival hasta haber aprobado, al menos, el tercer curso de diplomacia. Seguiríamos sin ganar el festival, pero al menos tendríamos más amigos, porque en contra de lo que creemos los españoles, los amigos no se ganan llevándolos a un tablao a tomar cañas y tragarse unas tapas…, ni regalándole un piso ó un trabajo al primer inmigrante que lo pida, porque en cuanto se les pasa la resaca, ni se acuerdan de con quién estuvieron. No, por desgracia, los “amigos”, se ganan lamiendo unos cuantos traseros en los lugares donde hay que lamerlos, es decir, politiqueo puro y duro, que los españoles, por lo que se ve, aún estamos a años luz del resto de Europa…
Mecachis !!!, con la de años que nos ha costado ganar una Eurocopa, que ya parecía que éramos como el resto de Europa, y ahora resulta que cantando no pasamos ni de la primera fase…