25 de abril de 2014

Atracción??

Un hombre entra en una cafetería. En un acto reflejo examina el interior de la misma guardando en su memoria todos los detalles que su mente le permite.  Dado que no es un ejemplar de mente brillante, los detalles que consigue procesar no son demasiados. Eso provoca que, no sólo esté a punto de caerse al no ver un escalón próximo a la puerta que acaba de cruzar, si no que algún metro más adelante, también se lleve por delante unas muletas que estaban apoyadas en una silla en posición diagonal. A pesar de todo, consigue llegar sin más contratiempos hasta el mostrador, donde permanece de pies porque no vio a tiempo la única banqueta libre…, que si vio una mujer que entró por la otra puerta existente del local…

La mujer también ha permanecido unos segundos plantada en la puerta tras cruzarla, y a pesar de tener aún puestas las gafas de sol, tarda apenas cinco segundos en sortear todos los obstáculos que se interponen entre ella y la única banqueta libre al lado del mostrador. Ni siquiera ha necesitado mirar a su espalda para saber a ciencia cierta cuantos clientes han seguido su trasero con la vista…, y sólo vuelve su cabeza para presenciar como aquel torpe se trastabillaba con la muleta apoyada en la silla en posición horizontal. Se sienta en la banqueta y pide un café mientras busca algo en el bolso. Le interrumpe la voz del hombre torpe pidiendo algo sin alcohol, y aunque en un principio no le presta demasiada atención, no puede evitar hacerlo al escuchar al camarero blasfemar por la falta de indecisión del cliente que no sabe qué bebida pedir, al mismo tiempo que le decía que él no era nadie para decidir qué debía beber un cliente…

El hombre está indeciso. Más aún con aquella espléndida mujer a escasos dos metros de su posición.  En tan sólo unos segundos, la mujer había conseguido que su mente no fuera capaz de decidir entre una cerveza sin alcohol o una Coca Cola, así que pensó: “de perdidos al río”… y pidió un Martini… Giró 90 grados y se situó de frente a la mujer que le había descentrado, intentando aparentar seguridad en sí mismo… sin conseguirlo, porque al girarse tropezó el vaso recién llenado, derramando su contenido sobre el mostrador… Más juramentos de boca del camarero y doble gasto para nuestro hombre.

Mientras añadía el azúcar al café, la mujer observa de reojo al hombre de su derecha que por fin se ha decidido por un Martini. Se percata de que se ha girado hacia ella y que ha tirado la bebida llegando a salpicar su rodilla desnuda. Coge una servilleta y la seca cuidadosamente mientras escucha un torpe y balbuceante “lo siento”. Ella levanta la vista y lo mira con una sonrisa indulgente. Se detiene a observarlo concienzudamente. Fija su vista en el entrecejo y la va bajando lentamente hasta llegar allá donde se unen las dos piernas. Vuelve a subir la vista pero a medio camino la vuelve a bajar, para detenerse en ese singular lugar dibujando su cara una expresión de asombro…

A duras penas el hombre intenta reponerse del espantoso ridículo que acaba de soportar al tropezar su copa. Intenta disculparse con la mujer de su izquierda, a quien ha salpicado la rodilla que tiene en medio de su interminable pierna. Comprueba aliviado que la mujer acepta sus disculpas mientras se seca con movimientos que simulan una caricia. El hombre pierde su mirada entre los pliegues de la corta falda, pero entre aquellos macizos muslos no corre el aire y el hermetismo es total. Levanta la mirada y se percata de que la mujer le está mirando su entrepierna. Poco a poco, la observadora va levantando la vista, y nuestro hombre se prepara para un inminente encuentro de sus miradas, pero al llegar los ojos de ella a su pecho, bruscamente vuelven a descender hasta la entrepierna… El ve cómo se dibuja en su cara un gesto de asombro y orgulloso espera a que le mire a los ojos. Tras unos segundos interminables, ella levanta la vista y… él no puede aguantar la mirada. Tímidamente baja su mirada… para descubrir que llevaba la bragueta abierta.


(Moraleja 1: El significado de una mirada es muy relativo… y variable, haciendo que cualquier parecido con la realidad sea pura coincidencia…).


Él intenta recomponerse como puede, en un acto reflejo y, cómo no, torpemente cierra la cremallera de su pantalón asegurándose de dejarlo todo en su sitio… Levantó la vista, tranquilizándose al ver la mirada complaciente que la mujer le dedicaba. Así y todo pensó: “tierra trágame”… Mientras tanto, ella pensaba: “me tragaría todo eso…”.

Siguieron dedicándose miradas, unas más furtivas que otras, mientras apuraban sus correspondientes bebidas, pero ninguno de los dos, cada uno por diferentes motivos, se atrevía a romper el hielo. Él porque pensaba que ya había hecho bastante el ridículo por aquel día. Ella porque no le parecía oportuno, sabe Dios porqué.

Pero poco a poco, dentro de cada uno de ellos iba creciendo una incontrolable ansiedad de hacer algo juntos. Fue ella quien se decidió antes a romper el hielo. Su mente buscaba las palabras idóneas que no pusieran más nervioso aún al torpe que tenía frente a ella. De repente una idea vino a su cabeza y, casi sin darse cuenta, la pronunció con un volumen lo suficientemente alto como para que él la oyera diciendo: “deberíamos echar el resto…”. Él la escuchó estupefacto y respondió: “me conformaría con echar uno…”.

Ni siquiera se dijeron sus nombres, pero una vez roto el hielo, ambos ganaron en confianza, él porque nunca la tuvo y ella porque no se sintió rechazada. Y ambos iniciaron esta conversación:

Ella- Aquí no podemos, esto es un lugar público.

Él- Tienes razón, ¿dónde lo hacemos?

Ella- En la misma calle… No tengo ganas de perder mi precioso tiempo buscando otro lugar más cómodo…
Él- De acuerdo, será un poco molesto, pero de acuerdo… ¡Camarero! Cóbreme las dos consumiciones…

Ella- A lo demás invito yo…

Tras pagar la cuenta, salieron a la calle y buscaron un lugar que les resguardara de la lluvia. Se cobijaron en un portalillo y, tras dedicarle ella una sonrisa, empezó a rebuscar en su bolso mientras decía: “creo que me queda uno”. Él ya no podía aguantar más la ansiedad, así que la ayudó a buscar aquello que necesitaban:

Él- Si no lo encuentras sé dónde podemos comprar más, así podremos echar más de uno.

Ella- Mírale a él qué espabilado… Y eso que te conformabas con uno.

Él- Bueno, si sólo se puede uno, pues uno, pero si hay posibilidad de más… ¿Para qué desaprovechar la ocasión?...

Ella- Tienes razón… Pero ¿porqué me habré comprado yo un bolso tan grande?... ¡Ah!... Aquí está…

Ansiosa ella también, lo tomó en sus manos y dirigiendo su boca hacia él… lo encendió con el mechero que tenía en el bolsillo… Aunque enseguida se dieron cuenta de que con uno no les iba a alcanzar…

(Moraleja 2: Nunca lleves sólo uno…, nunca se sabe con quién lo vas a tener que compartir…).





20 de abril de 2014

Sexo salvaje...

Una visita al Parque de la Naturaleza de Cabárceno da para mucho. Y muchas visitas dan para mucho más…

Si usted se saca el pase anual, tiene la posibilidad de visitarlo 365 días al año, aunque no creo que nadie en su sano juicio lo haga. Ni siquiera los que trabajan allí van los 365 días… ni yo tampoco. Y si usted tiene dicho pase, seguro que tampoco lo hará. Y cualquiera puede pensar que llegará un día en que se aburra de visitar el parque y de ver siempre lo mismo…

Se equivoca. Allí siempre se ve algo nuevo, algo que aprender o situaciones, cuanto menos, curiosas. Y eso es lo que me pasó a mí el otro día. A mí y a todos los que estaban en el mismo lugar y en el mismo instante, no se crea que soy especial y que tengo privilegios sobre lo que allí ocurre. En absoluto.

Porque… ¿Cuántas veces ha tenido la posibilidad de presenciar en directo, la cópula de una pareja de animales? No, asistir a un espectáculo porno de humanos en directo no cuenta. Tampoco cuenta aquella vez que vio a una pareja en las dunas de la playa en actitud “cariñosa”. Me refiero a ese acto de dos animales en pos del noble objetivo de perpetuar la especie. La especie propia por supuesto.

Seguro que no ha tenido demasiadas oportunidades ¿verdad? Yo tampoco. No hasta el otro día, donde no sólo fui testigo de la cópula de una especie animal, si no que fui testigo de la cópula de dos especies animales. En realidad serían tres si cuento lo que pasó después en mi… pero qué digo, eso no le importa.

En primer lugar fui testigo de cómo un tigre y una tigresa, tras hacerse mimos, ronroneos y colocarse en situación, iniciaron una copula. He aquí la prueba fotográfica:



Parece una feliz cópula ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad, ya que la tigresa, como todo el mundo sabe, es del género femenino, y tras un momento de aparente sumisión y consentimiento para que el macho procediera, decidió que ya no quería más, que le dolía la cabeza o que se sentía incómoda ante la mirada de un servidor y otros 50 espectadores más, y, dando un escalofriante rugido, que a mí me sonó a algo así como “déjame en paz so pesado”, le quitó las ganas al tigre de seguir con el mete-saca. Vamos, lo que se viene conociendo como un auténtico “coitus-interruptus”. El pobre se debió de quedar con un calentón del carajo, resultando ser la tigresa una auténtica calienta pollas, y dejándonos a todos con las ganas de presenciar un orgasmo tigresco.

Tan sólo unas horas después, tuve la fortuna de ser testigo del mismo acto en otra parcela del parque. Justo en la parcela en la que habitan unas simpáticas tortugas. Y estas sí que no defraudaron. Como se puede usted figurar, el acto de apareamiento de las tortugas es… lento. Y más cercano, ya que se las podía observar más de cerca. Pero a pesar de la cercanía, un servidor fue incapaz de llegar a ver por dónde entraba lo que tenía que entrar, ni ver lo que tenía que entrar… ni si entró o no entró por donde tenía que entrar… ¡Maldito caparazón!. Lo que sí estoy seguro, es que el acto se consumó. Bastante placenteramente, ya que los bramidos que soltaba el macho sólo podían ser el resultado de un acto sexual satisfactorio, o si lo prefieren, de una corrida salvaje… 

Por desgracia, no tengo prueba sonora y sólo tengo prueba fotográfica, así que tendrán que fiarse de mi palabra…



5 de enero de 2014

Año nuevo...

¿Vida nueva?...


Definitivamente sí. Supongo que para unos más que para otros, pero no podemos negar que cada día sucede algo, que hace que, afortunadamente, nuestra vida sea diferente en mayor o menor medida.

Aunque dichos cambios, en algunos casos, sean apenas perceptibles, y tengamos la sensación de que nada cambia, estamos siempre en continua evolución, así que, aunque sea mínimamente, este año tendremos vida nueva. Usted sabrá si es para mejor o para peor, pero puede estar seguro de que su vida cambiará. También la mía, no se crea que yo soy diferente, pero yo ya lo tengo asumido.

Y aprovechando que hoy es el día en que llegan los Reyes Magos, voy a pedirles que me traigan algo de tiempo. Un tiempo que me permita poder escribir tonterías algo más a menudo, y poder seguir recorriendo la blogosfera en vuestra compañía.

¿Qué si he sido bueno? Lo he intentado y creo que lo he conseguido, pero claro, sólo es mi opinión. Ellos sabrán, que para eso son Magos y, además, qué coño… es su trabajo.


Y vosotros… ¿qué les pedís? 

Feliz 2014 a todos!!!






Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes.

17 de diciembre de 2013

Hacer tiempo.

Hacer tiempo…

Es una expresión que utilizamos con relativa frecuencia en nuestra jerga habitual. Y no sólo eso, si no que además, se nos suele dar bastante bien “hacer tiempo”, sin que sea necesario tener una cierta habilidad para llevarlo a cabo.

Pero… ¿qué hay de cierto en ello? Porque hasta donde mi enorme ignorancia alcanza, a día de hoy, no creo que sea posible fabricar tiempo, y sin embargo, somos capaces de afirmarlo con total conocimiento de causa, como si fuéramos unos auténticos expertos fabricando tiempo y creáramos minutos como el que fríe churros, a ritmo de minuto por minuto…

Y además, tiene gracia que “hacer tiempo”, o lo que sea que nosotros entendamos por “hacer tiempo”, sea una de las pocas cosas, que podemos hacer mientras hacemos… cualquier otra cosa. Es decir, hacer dos cosas a la vez. Si es usted hombre, claro. Si usted es mujer, hacer tiempo será algo que podrá hacer mientras hace otras dos cosas a la vez… por lo menos.

Si nos paramos a pensarlo, normalmente acostumbramos a decir frases como, por poner sólo un ejemplo: “podemos hacer tiempo tomando un café” ó “podemos disfrutar un rato sexualmente mientras… hacemos tiempo”. Y esa es otra característica común que habitualmente rodea al acto de “hacer tiempo”: que es una actividad bastante satisfactoria, independientemente de que se consiga fabricar más o menos minutos. Eso lo dejaremos para la estadística dependiendo del “aguante” que tenga cada uno haciendo tiempo. A algunos les sobrará tiempo y a otros les faltará, pero… qué quiere que le diga, si a usted le falta tiempo… haber hecho más tiempo.

Pero sin embargo, lo más curioso es que, la mayoría de las veces, por no decir todas, hacemos tiempo… perdiendo el tiempo, por lo que no es de extrañar… que nos quedemos sin tiempo. Y por el contrario, paradójicamente, si no hacemos tiempo y nos dedicamos a lo que nos tenemos que dedicar… nos sobrará el tiempo, para después poder perderlo a nuestro antojo, lo hayamos hecho o no.


En definitiva, mejor no pensar en el tiempo… porque acabará lloviendo.





6 de diciembre de 2013

Al amparo de...

Hoy no voy a trabajar.

Me quedo en la cama porque me ampara la Constitución. Y a usted también, no se crea que yo soy especial. Aunque es posible y sólo posible,  que usted no sea como yo, de constitución horizontal, y usted llegue a levantarse de la cama en algún momento del día. Si es así, le deseo suerte.

Pero como ya he dicho, hoy más que nunca, nos ampara la Constitución para pasar el día a nuestro libre albedrío, y como tal, voy a ejercer mis derechos constitucionales permaneciendo en la cama, con alguien que me hace subir la temperatura hasta hacerme sudar, que me hace temblar con su mera presencia, y que nubla mi mente cuando se acuesta conmigo… la gripe.

Porque sí, tener la gripe también está amparado por la Constitución, y no sólo hoy, si no que puede tenerla cuando usted quiera. Es posible que nuestra Constitución cojee por varios sitios, pero en ese sentido, es bastante firme y tener la gripe, está bajo su Amparo, sobre su Consuelo y al lado de sus Remedios…

Y aunque yo no quisiera ejercer mi derecho constitucional a tener la gripe, ésta, la gripe, también tiene sus derechos constitucionales, y está amparada por la Constitución para instalarse en las entrañas de todo aquel que se le ponga entre ceja y ceja, vulnerando con ello, nuestro derecho constitucional de no pasar el día con ella.

Sí, ya lo sé. Ya sé lo que está usted pensando, “una mierda de Constitución”. Pero mientras que, aquellos que pueden, no la cambien, tanto usted como yo, tendremos que seguir sufriendo todo tipo de penurias que, para nuestra desgracia, están amparadas por la Constitución.

La verdadera desgracia, es que, a diferencia de la gripe, otras penurias amparadas por la Constitución, no se pueden remediar, ni con una aspirina, ni con la mejor de las farmacéuticas a nuestra disposición.

Y a nuestra amada Constitución, no la cambian… porque les ampara la Constitución.





Pd.: Nuevo mes, nueva chica del mes… porque me ampara la Constitución. 


21 de noviembre de 2013

Premio

La mundialmente famosa bloguera, además de guapa y maja como ella sola, y conocida por todos bajo el pseudónimo “Doctora”, a quien podéis leer pinchando aquí y aquí, ha tenido a bien concederme el premio, distinción o como quieran llamarlo “Liebster award”, sin ni siquiera haber hecho nada para merecerlo, cuestión por la que le estoy enormemente agradecido. En estos tiempos que corren, es de agradecer que se acuerden de uno. Muchas gracias Doctora.




Y como es de bien nacidos ser agradecidos, no se me ocurre mejor manera de agradecerlo, que respondiendo a las preguntas que tan graciosamente me ha planteado. Ahí va:


  Si tuvieras que cambiarle el nombre a tu blog, ¿cuál le pondrías?  Le titularía “El Mundo de Arsy”, sin ningún género de dudas. Aunque dudaría en el género.

  Conoces a tu pareja ideal, te enamoras y el sentimiento es mutuo, pero de pronto un día te dice que en su opinión, todos los que escriben blogs, son unos gilipollas, ¿qué haces?  Le diría, con toda delicadeza y sentimiento, “Cariño… soy un tremendo gilipollas…”.

 Entre no volver a escribir un blog nunca o no volver a tener sexo oral nunca, ¿qué elegirías?  Cuando sepa a ciencia cierta lo que es el sexo oral… te responderé la pregunta.

  A partir del mes que viene, la única forma de escribir un blog es pagar una mensualidad, ¿cuánto es el máximo que estarías dispuesto a pagar?  Lo que mi maltrecha economía me permita, es decir, nada.

Aparece un nuevo comentarista en tu blog, parece muy majo y educado, pero acaba todos sus comentarios diciendo:  “Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley”. ¿Qué haces?  Le preguntaría que a qué España, a qué Rey y a qué orden y ley se refiere… Porque hay tantas variantes que según cuál de ellas fueran incluso hasta me atrevería a darle la mano.

 Si tu blog empezase a hablarte, ¿irías al psiquiatra o lo aceptarías como a un amigo más?  Mi blog ya es mi mejor amigo, y por supuesto me habla desde hace años. De hecho, la mayoría de las ideas para los post son suyas…

  Se planta en tu casa un inspector de Hacienda y te pregunta si tienes un blog, ¿le dices la verdad o lo niegas para quitarte de líos?  ¿Un inspector de Hacienda? ¿Dónde? ¿Dónde?... Debéis saber que los inspectores de Hacienda son unas bellísimas personas, y además… yo nunca he escrito un blog que me ofrezca rendimientos que declarar, ni declararlos inocentes, ni mucho menos culpables…

 Descubres que tu bloguero favorito es en realidad Ana Botella, ¿qué haces?  Quedo con ella para tomar un “relaxing cup of café con leche” en cualquier sitio, no hace falta que sea la plaza mayor, y si en realidad es Ana Botella… que pague ella.

 Si te pagasen 20.000 Euros ¿te tatuarías el símbolo de Blogger en el cuello? En el cuello y en cualquier otra parte del cuerpo que me exigieran. Con los tiempos que corren no se le puede decir que no al dinero. 

 De pronto un día se te aparece la Virgen María, te mira fijamente, te dice “Tu blog es una mierda, colega” y desaparece sin más. ¿Qué haces?  La sigo hasta alcanzarla y la hago la prueba del pañuelo para tener una exclusiva… No me fío de las habladurías. 

 Crees que en la blogosfera hay demasiados blogs que hablan sobre…   Creo que en la blogosfera hay demasiados blogs y, sobre todo, que la mayoría decimos lo mismo con diferentes palabras. A partir de ahí… a disfrutarlo que es gratis.


Y eso es todo. Como sé de buena tinta que no a todo el mundo le gustan este tipo de juegos, no quiero comprometer a nadie, así que, con su permiso, me salto el último paso y dejo en vuestras manos que, quien quiera, responda a las mismas preguntas y se lleve el premio a su casa.




8 de octubre de 2013

Wiskypedia.

Capítulo 4. El Condón.

A estas alturas y en los tiempos que corren, todo el mundo sabe lo que es un condón.

Y no sólo eso, si no que además, es algo que prácticamente todo el mundo ha usado alguna vez, así que no voy a perder el tiempo en intentar explicar lo que es… ni mucho menos cómo se debe utilizar. Para eso están los prospectos, así que léalo si es que aún no tiene experiencia en el tema. Pero sí puedo abrirle los ojos acerca de la procedencia de su denominación, o lo que es lo mismo, porqué demonios se le llamó Condón a dicho artilugio.

Dicha palabreja, proviene de un pequeño pueblo de Inglaterra  (no me pregunten el nombre porque no tengo ni la más remota idea). Una lugareña de aquel pueblo, fue madre de un hijo como tantas otras madres, no es que fuera una madre especial, pero sí lo fue su hijo, y a medida que éste iba creciendo, su madre se percató de que era un niño un tanto excepcional. Y no por un motivo concreto, si no que en general, era excepcional.

Y ella le decía a todo el mundo, que su hijo tenía un don. No sabía cuál, pero tenía un don. Y los demás lugareños del pueblo, empezaron a llamar a su hijo “el con don”, porque era un niño con don. Y nadie sabía cual era ese don, pero por no llevarle la contraria a su madre, reconocían el don momentáneamente.

Y dicho don, permaneció oculto a la percepción de todo el mundo, incluido el propio niño, hasta que prácticamente llegó a la mayoría de edad. Y su don empezó poco a poco a descubrirse. Más bien quiénes fueron descubriéndolo, fueron las lugareñas del pueblo, que por alguna extraña razón, se trasladaban las unas a las otras, lo bien que se lo pasaban con “el con don”, vamos, que en el arte de follar, efectivamente el chico tenía un don, y éste, empezó a frecuentar con relativa frecuencia un pajar y otro también. Con pajas y sin ellas.

Su padre, que rápidamente se enteró de la fama del hijo y de su don, más que nada, porque algunas lugareñas, le despreciaron y echaron en cara que no tenía nada que hacer en comparación con su hijo “el con don”, decidió apartarlo de circulación, para preservar su reputación. Y también la de su hijo, por supuesto.

El acto de preservar a su hijo, tuvo como consecuencia inmediata, que a él, al padre, le empezaran a llamar “el preservativo”. Las lugareñas, por supuesto. Los lugareños no tenían ni pajolera idea de lo que pasaba en sus pajares, ni primero con “el preservativo”, ni después con “el con don”, ni después otra vez con “el preservativo”.

El caso es que, ninguna de aquellas lugareñas cayó nunca embarazada. Resultó ser, según se supo después, que tanto el hijo como el padre eran estériles, el uno de nacimiento, y el otro por una patada de su yegua en los genitales hacía ya algunos años. Por ese motivo, todas las lugareñas del pueblo, y posteriormente de todo el mundo, sabían que si follaban con “el con don” y/o con “el preservativo”… no corrían el riesgo de caer embarazadas.


Podría contaros más cosas sobre el origen del condón, pero para eso… ya está la Wikipedia.



1 de octubre de 2013

Pesado.

Como todos los años por estas fechas, voy a ponerme pesado.

Lo sé, ponerse pesado es una mala costumbre, y además, es de pesados. Pero voy a hacerlo, voy a ponerme pesado quiero decir, porque tengo derecho a ello y porque me ampara la constitución. Lo dice el artículo… vamos, un artículo, en uno de sus párrafos de manera bastante explícita: “Cualquier ciudadano, sea o no español, mientras resida en suelo español, y siempre que lo crea conveniente, podrá ponerse todo lo pesado que quiera, siempre y cuando el ejercer el derecho a ponerse pesado, no suponga ni acarree daños morales o físicos a todo aquel que sea objeto de la pesadez del pesado”.

Así de clara es la constitución española, y con tales premisas, me reitero y vuelvo a ser pesado en mi intención de ser pesado, como todos los años por estas fechas. ¿Y qué tienen estas fechas de especial, para que yo tenga la mala costumbre de ponerme pesado?...  Mire en la parte superior de la columna de la derecha de este mismo blog, y ahí tendrá la respuesta a tan audaz pregunta.

Sí. Otro año más, vuelven los premios Bitácoras, por si no se había enterado aún, cosa que dudo, porque aunque no se lo crea, hay muchos más blogueros que también tienen la mala costumbre de ponerse pesados. Y si lo hacen, es porque, al igual que a mi, también les ampara la constitución.

Pero claro, los demás les pedirán que les voten a ellos, no les van a pedir que me voten a mí. Eso ya lo hago yo, que para eso soy un pesado. Ahora bien, si les piden que me voten a mi, háganles caso, que, aunque sean pesados, saben muy bien lo que dicen. Así que, si les gusta este blog, vótenme. Y si no les gusta, o les parezco pesado, cosa que no me extrañaría en absoluto, no me voten. Voten a otro que si les guste, aunque les parezca pesado.

¿Qué cómo se vota? Para los nuevos en estas lides, y para aquellos a quienes se les ha olvidado como se votaba el año pasado, sólo tienen que pinchar en el logotipo que ha visto antes en la parte superior de la columna derecha, les aparecerá la página de Bitácoras.com, la cual, les pedirá que se validen en el sistema mediante su cuenta en Bitácoras. Si no tiene cuenta en Bitácoras, no se preocupe, porque también puede hacerlo mediante su cuenta de Facebook o mediante su cuenta de Twitter. Si tiene las tres, podrá votar tres veces, como tres usuarios distintos. Tras validarse en el sistema, les aparecerá una página con las diferentes categorías en las que se puede votar. En la categoría de Humor, verá que aparece ya impresionada la dirección url de éste blog. Usted no tiene que añadir nada si no quiere, pero verá que cada categoría tiene espacio para especificar cinco blogs diferentes. Añada los que quiera y después vaya a la parte inferior de la página y vote, clicando en el botón que pone “Votar”.

Es así de sencillo, y si no vota es porque no le da la gana… o porque le parezco un pesado.



Pd.: Nuevo mes… nueva chica del mes.

Pd.2:   VÓTEME!!!!!  Por caridad… o por pesado, como quiera.




19 de septiembre de 2013

Divagando... o desvariando.

Divagar es una buena costumbre. Sobre todo si se llega a una conclusión, porque así habrá servido para algo.

Pero cuando se divaga sin llegar a una conclusión, se convierte en una mala costumbre. Y yo tengo la mala costumbre de divagar, por eso, porque nunca llego a una conclusión que me aclare un poco el tema en cuestión. Y además soy reincidente, porque hoy, he vuelto a divagar inútilmente.

¿El tema?... La alimentación. El continuo bombardeo mediático, instándonos a adoptar unos hábitos alimenticios sanos, ha congregado en mi mente, una serie de certezas totalmente contradictorias entre sí. Digo “certezas”, porque todas ellas son tan ciertas como que hay día y noche, no se crea que digo “certezas” en un alarde de sapiencia intelectual sublime, seguramente usted también podrá corroborar que lo que llamo “certezas” son ciertamente “certezas”… 

Divaguemos un poco. Ya veremos después, según el resultado, si haber divagado ha sido una buena o mala costumbre.

Siempre nos han aconsejado, comer sano para mantener la línea, haciendo de los vegetales y verduras el estandarte para mantener una buena línea, evitando ingerir demasiada carne y productos grasos. Eso es un consejo. Una certeza, sin embargo más que evidente, es que, todos los animales que conozco, que basan su dieta alimenticia en los vegetales, como por ejemplo, el elefante, el hipopótamo, el rinoceronte, la vaca… son gordos. Y aún diría más: son extremadamente gordos. En cambio, casi todos los carnívoros que conozco, que reniegan de los vegetales tanto como de la muerte, como los leones, guepardos, tigres, hienas, perros… son incluso delgados.

Podríamos pensar, seguramente de forma acertada, que lo importante para mantenerse sano, no es la dieta, si no los hábitos de vida que lleva cada uno, y el dicho ese de que una buena barriga no se hace con acelgas, queda en entredicho. ¿Qué provoca entonces que un elefante, que no come nada más que hierbajos, tenga un volumen tan desmedido? Posiblemente tenga algo que ver, el hecho de que para comer sólo tenga que dar pasitos… por que tanto árboles como arbustos aún no han aprendido a correr. En cambio, los carnívoros para trincar a sus presas, en ocasiones tienen que hacer un gran esfuerzo. Y también tienen que hacer un gran esfuerzo para comérselas, por supuesto. El ejercicio es, por lo tanto, la clave.

¿Se cree que hemos llegado entonces a una conclusión?... Ni por asomo, no se me relaje, porque estamos muy lejos aún de llegar a una conclusión válida.

Porque esta teoría, más o menos válida, podría resolver el enigma dentro del reino animal salvaje (quiero decir, de los animales salvajes, no que usted sea un salvaje, que aunque es posible que lo sea, no me refiero a usted, no me sea susceptible), pero en ningún caso es válida para la especie humana, por mucho que también seamos animales (sí, en algunos casos también unos salvajes). Porque los humanos, en líneas generales, llevamos unos hábitos de vida similares y todos, al cabo del día, hemos hecho más o menos los mismos esfuerzos físicos. Los esfuerzos mentales son poco menos que imposibles de demostrar, así que los dejaremos de lado.

Todos trabajamos, más o menos el mismo número de horas, hacemos las mismas comidas y, sin embargo, la diferente composición en forma de ingredientes de dichas comidas, no guarda ninguna relación con la apariencia física de los comensales. Entre los vegetarianos, hay gente delgada y gente gorda, y lo mismo podemos decir de los fervientes carnívoros, aunque es cierto que hay más gente delgada entre los vegetarianos y a la inversa, más gente gorda entre los carnívoros.

Ahora es cuando nos damos cuenta de que divagar es una mala costumbre, pero… a pesar de todo seguimos divagando, para caer en la cuenta de que, el mismo alimento, por ejemplo una lechuga, es ingerido de diferente manera por un animal salvaje, que por un humano, sea o no salvaje. Mientras que el animal se la come a palo seco, y le engorda, el hombre se la come mezclada con aceite y vinagre… y por lo general adelgaza. Otro ejemplo: el león se come un chuletón de buey, a palo seco y aliñado con sangre… y mantiene la línea, mientras que el hombre se lo come cocinado con aceite y, por lo general, engorda. ¡Maldito aceite!...


Con todas estas certezas dentro de mi mente, continuaré divagando. A veces, divagando podemos llegar a una conclusión definitiva. Esperemos que la próxima vez tenga más éxito…




16 de septiembre de 2013

Animalitos.

Capítulo 12. El Ornitorrinco.


Podría empezar este capítulo de la misma manera que los anteriores, es decir, diciendo “El Ornitorrinco es una especie…, bla bla bla…”. Sí, podría. Pero estaría totalmente equivocado, porque, en realidad, el Ornitorrinco no es una especie animal, si no que es una poli-especie de animal.

Porque hasta donde todos sabemos, y si no para eso está la Wikipedia, el Ornitorrinco está formado con diferentes trozos de diferentes animales. Al menos en su aspecto exterior, podemos ver que tiene pico de pato, cola de castor, manos y pies de nutria, y cuerpo de vaya usted a saber qué animal, porque seguro que tampoco es suyo. Su aspecto interior sigue siendo un misterio para el ciudadano de a pié. Y seguramente, para quien vaya en coche también lo sea…

Yo no quiero ser mal pensado, pero a diferencia de los científicos, que sostienen que el Ornitorrinco es un producto de la evolución, yo sólo puedo imaginarme, que es el producto de una noche de desenfreno, en la que se vieron envueltos un pato, una nutria, un castor y vaya usted a saber que más especies se juntaron esa noche. Posiblemente también participara un pez, ya que el Ornitorrinco es un animal semiacuatico, aunque sinceramente, de ser así, no veo de qué forma pudo llegar el pez a colaborar en la orgía.

Y seguramente, y por una lógica aplastante, la hembra receptora, fuera una pata, o sea, un pato hembra, no que uno de ellos engendrara en una de sus patas, porque el Ornitorrinco, a día de hoy, pone huevos, y eso es algo que ni las nutrias ni los castores pueden hacer. Al menos si se encuentran en perfecto estado de salud. Por lo tanto, el esperma provenía de la nutria, del castor, o de vaya usted a saber qué otro animal que aportó su tronco. Quiero decir, que aportó su cuerpo sin extremidades, no que su tronco fuera obligatoriamente el miembro que obró el milagro penetrando a la hembra, aunque es cierto que podría haberlo sido.

Tal escándalo en forma de orgía, no es de extrañar que sucediera en el lugar más escondido posible, donde dichos animales buscaran para tan obsceno acto una total intimidad, donde nadie pudiera escandalizarse. Sí, allá, precisamente en el culo del mundo, en el sur de Australia se perpetró la bacanal de zoofilia interracial… y allí se quedó el producto, siendo abandonado por sus creadores, sin atreverse a salir al mundo exterior a consecuencia de la vergüenza que su procedencia le producía. Y también, porque el día que finalmente se atrevió a salir de allí, no supo qué responder cuando le preguntaron “y tú… ¿qué animal eres?”…


Podría contaros muchas más cosas sobre el Ornitorrinco, pero eso… que lo hagan los de National Geographic… 



10 de septiembre de 2013

Hombres, Mujeres... y compañía. III

No. No me había olvidado de ello.

Como puede entender, intento espaciar los post sobre el tema, para no aburrir con ello al personal. Aunque quizás no lo consiga. Quiero decir, que quizás no consiga no aburrir al personal, porque espaciar los post estoy seguro de que si lo conseguiré. De hecho ya lo he conseguido. Pero no puedo olvidarme del tema, porque son demasiadas las diferencias de actitud entre hombres,  mujeres  y compañía, y ya dije en el primer post, que el tema iba a dar para mucho.

En el post de hoy, hablaré de la diferente actitud que existe entre hombres, mujeres y compañía, en relación a algo que, no sólo es siempre tema de rigurosa actualidad, sino que además es un claro tema de debate entre hombres, mujeres… y compañía: La limpieza.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la limpieza es uno de los temas que genera un mayor número de discusiones entre hombres y mujeres, o debates acalorados, llámelo como quiera, y sobre todo, por alguna extraña razón, se da con mayor asiduidad entre hombres y mujeres que comparten techo, baño, cama y el resto de la casa. Y a diferencia de lo que creemos, dichos enfrentamientos, no se producen porque una de las partes sea más limpia que otra, o lo que es lo mismo, que una de las partes sea más guarrilla que otra.

No, dicho enfrentamiento, se produce por la diferente actitud  con la que ambas partes afrontan la limpieza, y el diferente concepto que tienen de ella. Mientras que para el hombre la limpieza es una necesidad con la que hay que cumplir, con mayor o menor eficacia y frecuencia según los casos, para la mujer es una prioridad que hay que finiquitar antes de pasar a otras tareas más gratificantes. Por supuesto, y como siempre, hablo en general, porque en ambos géneros, habrá casos… y casos.

Normalmente, una mujer intenta siempre dejar su casa lo más arreglada posible antes de salir de ella a disfrutar de la vida, porque se toma la limpieza como una prioridad y no como una necesidad. Una necesidad hay que hacerla, pero se puede hacer en cualquier momento, cuando sea. Una prioridad hay que hacerla, y hay que hacerla antes del ocio y disfrute.

Y ese es el primer punto en el que empieza la discusión, porque uno quiere irse de fiesta lo más rápido posible… y otra quiere recogerlo todo antes de irse, sin pararse a pensar que puede hacerse en otro momento, porque la casa se va a quedar vacía… y no habrá allí nadie para verlo. Es una cuestión de establecer prioridades, y está claro que hombres, mujeres y compañía priorizan de diferente manera.

También por lo general, las mujeres suelen pensar, que los hombres somos algo guarrillos y descuidados con la limpieza. Piensan que, por ejemplo, somos capaces de ver sucio el suelo de la cocina y dejarlo como está para ir a tumbarnos en el sofá. Y nos llaman cerdos. Lo cual sería cierto si hubiéramos visto suciedad en el suelo de la cocina. Y ahí está el error, porque realmente, nosotros no apreciamos esa suciedad, lo vemos limpio y no consideramos necesario limpiarlo… y nos tumbamos a vaguear.

Ese es el quid de la cuestión: la mujer ve suciedad donde el hombre no es capaz de apreciarla. Es como una mezcla de sexto sentido e intuición femenina, de la que el hombre carece. Es como si la mujer, tuviera una vista microscópica capaz de captar el más mínimo detalle, una vista capaz de captar imágenes de 346 mega píxeles, mientras que el hombre sólo puede captar unos 14…


Por todo ello, si usted es mujer, deje de pensar que los hombres somos guarros y, si quiere, empiece a pensar que somos cortos de vista. Y si es usted hombre, deje de pensar que las mujeres ven visiones en forma de suciedad, y empiece a pensar… que ven más que usted.







4 de septiembre de 2013

Depresión post-vacacional.

Sí señor, sí. Seguramente usted acabe de reincorporarse al trabajo después de las vacaciones y sepa perfectamente de lo que voy a escribir.

Y además da igual que viva usted en Wisconsin o en Helsinki. Volver a trabajar después de un período vacacional, es uno de los motivos más nobles que existen para caer en una depresión, o cualquier otra cosa que se le parezca. Salvo que usted viva en China, y además sea usted chino, en ese caso, seguramente se pase los dos únicos días de sus vacaciones deseando que llegue el momento de volver a trabajar.

El cambio que sufrimos en la transición vaguear-currar, puede llegar a ser traumático si uno no está debidamente mentalizado para llevar a cabo dicha transición. ¿Y cómo hacerlo?, me preguntará con cara de interrogante, pero…  qué quiere que le diga, no tengo ni la más remota idea. ¿Se cree que si lo supiera estaría yo ahora con esta depresión, o como quiera llamarlo? No, si lo supiera estaría tan feliz como un chino (como un chino que estuviera trabajando, no como un chino que estuviera de vacaciones).

Y es que, pasar de estar durante un tiempo determinado haciendo lo que uno realmente quiere, a verse privado de toda esa libertad y enfrentarse de nuevo a la rutina diaria, tiene su miga. Si, está claro que incluso antes de empezar el período vacacional ya sabíamos cuando iba a terminar, porque las vacaciones, como casi todo en la vida, son efímeras, pero… siempre acaban en el momento más inoportuno, cuando uno más lo está disfrutando. A mi cuando alguien me pregunta: “¿Qué tal las vacaciones?”, nunca se me ocurre otra respuesta que no sea: cortas. Porque eso es lo que de verdad duele, que sean tan cortas, si duraran cuatro ó cinco meses seguramente acabaría pidiendo a gritos volver a trabajar (incluso hasta podría pasar por un chino cualquiera).

Pero son tan cortas, que nunca nos da tiempo a hacer todo lo que teníamos pensado. A mí por ejemplo, en estas que acabo de disfrutar, por más intentos que he hecho para encontrar un hueco, no me ha dado tiempo a pintar la casa. Sí, se estará preguntando que porqué no lo hago  cualquier fin de semana, pero entonces… ¿me quiere explicar para qué coño son las vacaciones?  ¿Cómo dice? No, mire usted, perdone que discrepe pero las vacaciones no son para disfrutar, las vacaciones son para intentar convertirnos en unos maestros del bricolaje, aunque no sepamos ni lo que es un alicate… ni seamos chinos. Porque lo que para unos es un pasatiempo tan ameno, que pueden hacer con los ojos cerrados, para otros es un deporte de riesgo.

Pero a parte de ser cortas, las vacaciones también son cansadas. Quien diga lo contrario miente, y en la mayoría de los casos, necesitaríamos de unas vacaciones para recuperarnos de las vacaciones, aunque seguramente, en vez de descansar, acabaríamos pintando la casa. En realidad, el ser conscientes de que en vacaciones hemos hecho de todo menos descansar, es otro motivo más que alimenta la depresión, porque yo, además de no ser chino, tampoco soy como el conejito de Duracelli…





Pd.: No tengo absolutamente nada en contra de los chinos, estoy seguro de que son buena gente y además... muy trabajadores.


Pd.2: Nuevo mes… nueva chica del mes.